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Las lenguas regionales durante el franquismo: entre la restricción política y la continuidad cultural

En España existen dos relatos políticos opuestos: el de la prohibición absoluta y el de la plena normalidad de las lenguas regionales españolas durante el franquismo. Como todo relato político, los dos son mentira. Veámoslo.

El franquismo desarrolló una política de primacía exclusiva del español en la administración, la enseñanza general y la vida política, pero al mismo tiempo toleró —y en algunos casos incluso impulsó— determinados espacios de cultivo, estudio y difusión de las lenguas regionales, especialmente a partir de los años cincuenta. La existencia de editoriales monolingües, revistas culturales, cátedras universitarias, ferias del libro y del disco, premios literarios y determinadas manifestaciones públicas constituye una evidencia empírica de que dichas lenguas nunca desaparecieron de la esfera pública legal, aunque permanecieran privadas de reconocimiento oficial.

La política lingüística del primer franquismo fue indudablemente restrictiva. La desaparición de la autonomía catalana y vasca, la eliminación de la oficialidad de las lenguas regionales y la imposición del español como lengua oficial de la administración respondían a la concepción unitaria del Estado propia del nuevo régimen. Sin embargo, la práctica administrativa fue más compleja de lo que a menudo se supone. Ya durante la década de 1940 comenzaron a autorizarse determinadas publicaciones literarias y religiosas en catalán, gallego y vasco. El criterio de las autoridades tendió progresivamente a distinguir entre el empleo político de estas lenguas, considerado potencialmente separatista, y su utilización cultural, histórica, literaria o folclórica, que podía ser aceptada bajo supervisión censora. Este proceso se intensificó a medida que España abandonaba el aislamiento internacional y avanzaba hacia una mayor institucionalización del régimen.

Uno de los indicadores más reveladores de esta evolución fue la existencia de un sistema editorial estable en lenguas regionales. El caso gallego resulta especialmente significativo. En julio de 1950 se constituyó legalmente la Editorial Galaxia, un proyecto concebido explícitamente para asegurar la continuidad de la lengua y la cultura gallegas en las condiciones de la posguerra. Entre sus promotores figuraban Ramón Otero Pedrayo, Ramón Piñeiro y Francisco Fernández del Riego, figuras centrales del galleguismo cultural. Lo relevante para el historiador no es únicamente la existencia de la editorial, sino el hecho de que operara legalmente durante el franquismo, publicando centenares de títulos en gallego y logrando consolidar una red intelectual que atravesó toda la dictadura. Diversos estudios académicos han mostrado que Galaxia actuó como núcleo vertebrador de un auténtico sistema cultural gallego, desarrollando colecciones de ensayo, narrativa, poesía y pensamiento que fueron autorizadas por los mecanismos oficiales de censura. Recordemos que esta censura era obligatoria para cualquier libro, independientemente del idioma utilizado.

La actividad de Galaxia no constituyó un fenómeno aislado. La aparición de Grial, inicialmente como Cadernos Grial, muestra que existía margen para la publicación periódica en gallego. Aunque la revista sufrió prohibiciones temporales, acabó obteniendo autorización para su publicación regular a partir de los años sesenta, convirtiéndose en uno de los principales órganos de reflexión cultural en lengua gallega. El hecho mismo de que una revista de pensamiento y crítica literaria escrita íntegramente en gallego pudiera circular legalmente constituye un dato difícilmente compatible con la idea de una erradicación total de la lengua en la esfera pública.

Cataluña presentó un desarrollo aún más amplio. Durante los años cincuenta y sesenta operaron diversas editoriales dedicadas parcial o totalmente a la publicación en catalán. Se reeditaron clásicos medievales y modernos, aparecieron nuevas colecciones literarias y se consolidó un mercado cultural catalanohablante que permitió la publicación de autores como Josep Pla, Salvador Espriu o Mercè Rodoreda. Igualmente relevante fue la continuidad de revistas culturales en catalán. La más influyente de todas, Serra d'Or, vinculada al monasterio de Montserrat, llegó a convertirse en una referencia intelectual de primer orden dentro de la cultura catalana contemporánea. La existencia de estas publicaciones demuestra que la lengua catalana mantuvo una presencia visible y constante en el ámbito editorial durante buena parte del franquismo. De nuevo, los mitos del nacionalismo catalán y su victimismo típico no coinciden con la realidad de los hechos.

También el vasco encontró espacios legales de supervivencia. Aunque su situación sociolingüística era más frágil debido a la menor extensión de la alfabetización en lengua vasca, continuaron apareciendo publicaciones, reediciones de clásicos y materiales promovidos por instituciones culturales y religiosas. Particular importancia tuvo la continuidad de la labor de la Academia de la Lengua Vasca, Euskaltzaindia, cuya actividad permitió mantener la investigación filológica y preparar el proceso de unificación lingüística que culminaría en la creación del vasco batua. No olvidemos que todo proceso de unificación lingüística supone un proceso de empobrecimiento, ya que la diversidad de variantes se pierde bajo las estrictas normas "lingüísticas". Es decir, toda forma de nacionalismo idiomático tiende a unificar y a "reprimir" la diversidad de hablas de un territorio.

La permanencia de las lenguas regionales en el ámbito académico constituye otro aspecto frecuentemente olvidado. Diversos estudios y testimonios documentan que durante los años cincuenta fueron estableciéndose enseñanzas universitarias relacionadas con el catalán, el gallego y el vasco, incluso en instituciones radicadas en Madrid. Filólogos de prestigio internacional como Antonio Tovar promovieron investigaciones sobre las lenguas peninsulares desde universidades públicas y centros oficiales. La creación de cátedras y cursos especializados revela que el estudio científico de estas lenguas no sólo era posible, sino que en determinados ámbitos recibió respaldo institucional. Este fenómeno resulta especialmente significativo porque muestra una diferencia sustancial entre la exclusión administrativa de las lenguas regionales y su reconocimiento como objeto legítimo de investigación académica.

La vida cultural proporcionó igualmente numerosos espacios de visibilidad. Los premios literarios en catalán recuperaron protagonismo durante los años cincuenta y sesenta. La denominada Nit de Santa Llúcia acabó consolidándose como el principal acontecimiento anual de las letras catalanas. En Galicia proliferaron concursos literarios y actividades culturales vinculadas a la recuperación de la lengua propia. En el País Vasco continuaron celebrándose certámenes de bertsolarismo, actividades corales y encuentros culturales en los que el vasco desempeñaba un papel central. Todo ello configuró una esfera pública cultural diferenciada que coexistía con las limitaciones políticas impuestas por el régimen.

Entre los ejemplos más elocuentes destaca la creación de la Feria del Libro y Disco Vasco de Durango en 1965. Organizada por la asociación Gerediaga, nació expresamente con el propósito de dar a conocer la producción editorial y musical vasca y de servir como punto de encuentro para los vascohablantes. La primera edición reunió a numerosas editoriales y contó con actividades culturales desarrolladas públicamente. Su mera existencia resulta significativa, ya que en pleno franquismo funcionó un evento centrado específicamente en la producción cultural en vasco y en la promoción de la cultura vasca. Con el tiempo se convertiría en el principal escaparate cultural vasco, pero su origen se sitúa inequívocamente dentro del periodo franquista. Seguro que a los partidos identitarios, como al PNV, se le olvida mencionar estos pequeños detalles.

La Iglesia católica desempeñó asimismo una función decisiva. Si durante los años cuarenta predominó el español en la liturgia pública, la evolución posterior, especialmente tras el Concilio Vaticano II, favoreció una creciente utilización de las lenguas vernáculas. Parroquias catalanas, gallegas y vascas comenzaron a celebrar misas, catequesis y actividades pastorales en las lenguas regionales. Dado el enorme peso social de la Iglesia en la España franquista, este fenómeno tuvo una importancia vital para el mantenimiento de estas lenguas. Millones de personas escucharon y utilizaron regularmente sus lenguas regionales en un ámbito institucional plenamente legal.

Otro aspecto poco estudiado es la presencia de estas lenguas en la rotulación y en determinados actos públicos. Aunque la señalización administrativa permaneció esencialmente en español, abundan los programas de fiestas, carteles culturales, publicaciones parroquiales, anuncios de actividades tradicionales y materiales impresos en catalán, gallego o vasco. Existen asimismo testimonios gráficos de visitas oficiales y celebraciones públicas en las que aparecían lemas, inscripciones o elementos decorativos en las lenguas regionales, particularmente cuando se pretendía resaltar el carácter tradicional o histórico de una determinada región. Estos usos no equivalían a una normalización lingüística, pero evidencian que la presencia pública de las lenguas regionales no era inexistente.

Todo ello obliga a matizar profundamente las interpretaciones simplificadoras. El franquismo no reconoció la cooficialidad de las lenguas regionales ni permitió su utilización normal en la administración, la justicia o la enseñanza general. Desde ese punto de vista, la política lingüística del régimen fue claramente centralizadora. Sin embargo, la documentación histórica muestra igualmente que desde finales de los años cuarenta y especialmente durante las décadas de 1950 y 1960 se desarrolló una red de instituciones culturales, editoriales, universitarias y religiosas que permitió la continuidad pública de estas lenguas. Editoriales como Galaxia, revistas como Grial o Serra d'Or, las cátedras universitarias de filología regional, la Feria de Durango, las actividades de Euskaltzaindia y la expansión de la liturgia vernácula constituyen pruebas documentales de que el catalán, el gallego y el vasco mantuvieron una presencia legal y visible en la vida cultural española. La realidad histórica, por tanto, fue la coexistencia de una exclusión política y administrativa con una supervivencia cultural cada vez más sólida, una paradoja que ayuda a explicar por qué estas lenguas llegaron a la Transición con una vitalidad mucho mayor de la que cabría esperar tras casi cuarenta años de dictadura.

La situación de las lenguas catalana, gallega y vasca durante el franquismo fue contradictoria. Existió una política oficial de castellanización del Estado, especialmente intensa en la inmediata posguerra, pero esa política coexistió con espacios crecientes de tolerancia cultural, académica y editorial. El resultado fue un sistema que negó a estas lenguas cualquier reconocimiento político y administrativo, pero que, especialmente desde los años cincuenta, permitió una actividad cultural sorprendentemente amplia para quien sólo conozca la imagen de una prohibición absoluta. La cuestión histórica es que bajo ese régimen -supuestamente represor de estas lenguas- florecieran editoriales monolingües en gallego o catalán, revistas literarias, certámenes, ferias culturales, cátedras universitarias y publicaciones periódicas que utilizaron precisamente las lenguas cuya presencia pública se pretendía limitar. Para terminar, hay que recordar que en el año 1975, último del franquismo, el 30 de mayo de 1975, mediante el Decreto 1433/1975, publicado en el BOE el 1 de julio de ese año, el gobierno franquista autorizó la incorporación de las «lenguas nativas españolas» a los programas de Educación Preescolar y Educación General Básica (EGB). La medida entró en vigor para el curso 1975-1976. Es decir, fue el primero en "imponer" las lenguas regionales a los alumnos de educación primaria.

Todo lo anterior pone de manifiesto el gran nivel de manipulación y simpleza intelectual al que nos someten nuestros políticos. Muchos de ellos personas mal intencionadas (los que saben la verdad de los hechos y los ocultan o los tergiversan) y otros muchos, que son profundos ignorantes incapaces de un debate civilizado y basado en hechos y no en sentimientos u opiniones sesgadas. Toda lengua es una riqueza cultural, y por tanto debe ser conservada, pero si se utiliza como arma política para excluir y discriminar, su valor cultural se transforma en valor político, y es aquí donde se genera el problema.

Bibliografía

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Bibliografía complementaria altamente recomendable

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  • Núñez Seixas, X. M. (1994). Galeguismo e cultura durante o primeiro franquismo (1939-1960). A Trabe de Ouro.
  • Granja, J. L. de la. (2002). El siglo de Euskadi. Tecnos.
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  • Payne, S. G. (2011). El régimen de Franco, 1936-1975. Alianza Editorial.
  • Riquer, B. de. (2010). La dictadura de Franco. Crítica.    

Los gatos en semilibertad son una grave amenaza para la biodiversidad

El gato doméstico (Felis catus) es, sin duda, uno de los carnívoros más abundantes del planeta, con estimaciones que alcanzan los cientos de millones de individuos. Su presencia se manifiesta en diversas formas, desde mascotas hasta poblaciones semi-domésticas y colonias de gatos ferales (es decir no domésticos), especialmente comunes en entornos urbanos donde algunos ciudadanos los alimentan y cuidan regularmente. Esta relación entre humanos y gatos, que se remonta a miles de años, ha llevado a su introducción en casi todos los rincones del mundo.

El gato es un depredador generalista y muy adaptable. Aunque la domesticación ha modificado algunos de sus comportamientos, su instinto de caza permanece intacto, incluso en individuos bien alimentados. Son cazadores oportunistas, capaces de depredar una amplia gama de animales, incluyendo aves, mamíferos, reptiles, anfibios, peces e invertebrados. Esta versatilidad, combinada con su capacidad para alcanzar densidades poblacionales elevadas, convierte a los gatos asilvestrados y a las colonias felinas en un factor de impacto ecológico significativo, especialmente en los ecosistemas urbanos y periurbanos donde pueden alcanzar un elevado número. Si bien algunas personas consideran que la presencia de gatos puede tener efectos positivos, como el control de roedores, la creciente evidencia científica señala graves impactos sobre la biodiversidad. Además, también pueden afectar directa o indirectamente a la salud, directamente por trasmitir algunas enfermedades, e indirectamente, ya que los restos de comida proporcionada por el hombre y que no consumen pueden ser alimento para otros animales que también son plagas y fuente de enfermedad, como las ratas.

El manejo de las poblaciones de gatos urbanos se basa comúnmente en la esterilización de adultos y campañas de educación para prevenir el abandono de mascotas. Sin embargo, la magnitud de los impactos negativos que causan estos gatos, particularmente en la biodiversidad, exige una comprensión más profunda y estrategias de gestión más efectivas no basadas en el sentimentalismo o en visiones metafísicas de los animales.

Un riesgo para la salud pública y la fauna

Más allá de su rol como depredadores, los gatos, incluyendo aquellos en colonias felinas, actúan como vectores y reservorios de enfermedades que pueden poner en peligro la vida silvestre y la salud pública. Una de las zoonosis más conocidas asociada a los gatos es la toxoplasmosis, causada por el parásito Toxoplasma gondii. Este parásito puede transmitirse a humanos y a otros animales, causando problemas de salud, que pueden ir desde síntomas leves similares a una gripe, hasta abortos y encefalitis que pueden llevar a la persona afectada a la muerte.

Un estudio realizado en Hawái, identificó colonias de gatos ferales en aproximadamente el 78% de los sitios públicos evaluados cerca de áreas importantes para aves nativas. Además, se detectó ADN de T. gondii en las heces de gatos en al menos el 75% de los sitios donde se recolectaron muestras. La presencia de T. gondii cerca de áreas de conservación de aves nativas, muchas de las cuales son especies raras y en peligro de extinción en Hawái, subraya el riesgo significativo que representan los gatos ferales para la fauna local.

Es importante destacar que los sitios donde se detecta T. gondii son a menudo áreas de alto uso público, como parques y playas, lo que aumenta el riesgo de exposición para las personas y sus mascotas. La transmisión puede ocurrir a través del contacto con heces de gato contaminadas en la tierra o el agua, o por el consumo de alimentos crudos contaminados. Además de la toxoplasmosis, los gatos pueden portar y transmitir otras enfermedades como la rabia y la leucemia felina, que pueden afectar tanto a la fauna silvestre, incluyendo especies amenazadas, como a otros animales domésticos. El impacto económico de las enfermedades transmitidas por gatos también es significativo.

La alta densidad de individuos en las colonias de gatos ferales y sus interacciones intensas dentro de las colonias y con otros gatos (domésticos y ferales) pueden jugar un papel particularmente importante en la dinámica de las enfermedades. Por lo tanto, la gestión de las colonias felinas no solo es crucial para la conservación de la biodiversidad, sino también para la protección de la salud pública.

Un ataque silencioso a la fauna: aves, micromamíferos y más

El impacto más directo y ampliamente documentado de los gatos asilvestrados y las colonias felinas sobre la biodiversidad es la depredación. Debido a sus altas densidades y a su instinto de caza persistente, los gatos pueden ejercer una presión depredadora considerable sobre las poblaciones de fauna silvestre, a menudo superando la de los depredadores nativos de tamaño similar. Además, estos animales depredan aunque estén bien alimentados, lo que desmonta el argumento tan popular "de si han comido no cazan".

Impacto en Aves: las aves son una de las presas más vulnerables a la depredación por gatos, especialmente en entornos urbanos y periurbanos donde las colonias felinas son comunes. Un estudio realizado en Madrid (España) encontró que la presencia de colonias de gatos ferales se asociaba con distancias de escape más largas en las aves urbanas. Esto sugiere que las aves en áreas con colonias de gatos exhiben una mayor percepción del riesgo y, presumiblemente, experimentan un impacto negativo en sus tendencias poblacionales. Además, en ese mismo estudio, los investigadores observaron que las aves tendían a situarse a mayor altura. A nivel global, los gatos domésticos están implicados en la disminución de numerosas poblaciones de aves e incluso en extinciones. Se estima que los gatos domésticos matan millones de aves cada año solo en Canadá. Los efectos indirectos, como el aumento del riesgo de depredación de nidos por otros depredadores debido al miedo inducido por los gatos, también son significativos.

Impacto en micromamíferos y otros grupos animales: los micromamíferos, como ratones, musarañas y conejos, también son presas frecuentes de los gatos. La depredación por gatos puede ser una causa importante de mortalidad para estos animales, afectando a sus poblaciones e incluso llevando a algunas de ellas a extinciones locales. Además de aves y mamíferos, los gatos depredan reptiles, anfibios, peces e invertebrados, contribuyendo a una reducción general de la biodiversidad. El impacto es particularmente grave en ecosistemas insulares, donde la fauna nativa a menudo carece de defensas evolutivas contra depredadores mamíferos introducidos. Los gatos son una de las peores especies invasoras a nivel mundial y están directamente relacionados con la disminución y extinción de especies animales en numerosas islas. En estos entornos frágiles, la pérdida de especies debido a la depredación por gatos puede desencadenar la alteración de procesos ecológicos clave, como la dispersión de semillas y la polinización.

Efectos Indirectos: más allá de la depredación directa, la mera presencia de gatos puede generar efectos de miedo o intimidación en la fauna silvestre. Estos efectos pueden alterar los comportamientos de forrajeo y defensa, aumentar los niveles de estrés, afectar el estado físico y la inversión reproductiva de las presas, e incluso aumentar su vulnerabilidad a otros depredadores. La competencia por recursos (alimento, espacio, refugio) entre los gatos y las especies nativas también puede tener impactos negativos en la biodiversidad. Por ejemplo, cada ratón consumido por un gato no está disponible para un depredador nativo como un ave rapaz. Finalmente, la hibridación con especies silvestres, como el gato montés europeo, representa otra amenaza para la conservación de la fauna nativa.

Recomendaciones para una coexistencia responsable: lo que no debemos hacer

Si nuestro objetivo es conservar la biodiversidad y la salud de nuestros ecosistemas urbanos y periurbanos, es crucial reconsiderar algunas prácticas relacionadas con la gestión y la tenencia de gatos. A la luz de la evidencia científica, existen varias acciones que NO debemos realizar:

Fomentar o mantener colonias de gatos ferales sin una gestión adecuada: Si bien la intención de alimentar y cuidar a los gatos puede ser noble, la proliferación de colonias sin un control poblacional efectivo y medidas para mitigar su impacto (como la reubicación en santuarios o la creación de zonas libres de colonias) puede tener consecuencias negativas significativas para la fauna local. El simple suministro de alimento no evita el comportamiento depredador de los gatos. Situar una colonia felina cerca de parques, riberas fluviales o zonas forestadas puede suponer una destrucción grave de la biodiversidad urbana.

Abandonar mascotas: El abandono de gatos domésticos es una de las principales fuentes de gatos asilvestrados que se integran a las colonias o forman nuevas poblaciones ferales, aumentando la presión sobre la vida silvestre.

Ignorar los impactos de los gatos con acceso al exterior: Incluso los gatos domésticos que son alimentados regularmente pueden tener un impacto depredador acumulativo significativo en la fauna silvestre, especialmente en áreas con alta densidad de gatos. Permitir que los gatos deambulen libremente, especialmente durante las horas de mayor actividad de la fauna local (como el amanecer y el atardecer), aumenta significativamente el riesgo de depredación.

Oponerse a medidas de control éticas y efectivas: En áreas sensibles para la conservación de la biodiversidad, puede ser necesario implementar medidas de control poblacional de gatos ferales, como la eutanasia. Oponerse sistemáticamente a estas medidas sin ofrecer alternativas viables puede perpetuar los impactos negativos y contribuir a la destrucción de la naturaleza. Es decir, para evitar una eutanasia de un felino condenamos a la "eutanasia" a cientos de individuos de otras especies.

Subestimar el riesgo de enfermedades: La presencia de colonias de gatos ferales, especialmente en áreas de alto uso público o cerca de hábitats de fauna sensible, conlleva un riesgo de transmisión de enfermedades tanto para la vida silvestre como para la salud humana. Ignorar o minimizar este riesgo es irresponsable, ya que la salud, e incluso la vida, de las personas puede estar en juego.

Favorecer el bienestar individual de unos pocos gatos sobre la conservación de la biodiversidad: La legislación emergente que prioriza la protección de los gatos asilvestrados, y que algunos países se han lanzado a promulgar sin ninguna bases científica, prioriza la protección de los gatos sin considerar los impactos que estos causan en la biodiversidad. Esto es contraproducente y perjudica los esfuerzos de conservación a largo plazo en los ambientes urbanos y periurbanos. Es necesario llegar a un equilibrio que considere tanto el bienestar animal como la protección de los ecosistemas.

No tomar medidas preventivas como la esterilización y la identificación: La esterilización temprana de las mascotas y el uso de métodos de identificación (microchip, collar con identificación) son fundamentales para prevenir la reproducción descontrolada y facilitar la identificación de los propietarios en caso de pérdida, reduciendo así el número de gatos abandonados y asilvestrados.

En última instancia, la protección de nuestros ecosistemas y la conservación de su valiosa biodiversidad requieren un cambio en nuestra percepción y gestión de los gatos, reconociendo su impacto negativo y adoptando enfoques más responsables y basados en la evidencia científica, huyendo de visiones sensibleras y metafísicas de la gestión de la naturaleza.

Referencias Bibliográficas

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El Mito de la Cultura (1996) de Gustavo Bueno: la cultura no debe ser usada como martillo ideológico

En El mito de la cultura (1996), Gustavo Bueno desarrolla una crítica radical del concepto contemporáneo de “Cultura”, entendida no simplemente como conjunto de prácticas artísticas o saberes, sino como una categoría transversal al lenguaje político, educativo y académico moderno (en la actualidad posmoderno). Su tesis central es que la “Cultura” —especialmente cuando se escribe con mayúscula y se presenta como un valor absoluto— no constituye una realidad homogénea ni un objeto filosófico bien definido, sino un constructo ideológico que desempeña funciones de control social. Desde su planteamiento basado en el materialismo filosófico, Bueno rechaza toda concepción sustancialista o espiritualista (es decir, metafísica) de la cultura, así como la idea de que exista una esencia cultural común que unifique a la humanidad o a los distintos pueblos. En su lugar, propone entender la cultura como un conjunto heterogéneo de procesos materiales, técnicos, lingüísticos e institucionales, cuya unidad es siempre construida. El “mito” no quiere decir que sea falso, significa algo aparentemente neutral y universal.

El análisis de Bueno parte de la constatación de que el término “cultura” ha experimentado una expansión semántica en las últimas décadas de la modernidad, hasta el punto de convertirse en una palabra comodín que puede abarcar prácticamente cualquier dimensión de la vida humana. Se aplica la palabra cultura desde el arte hasta la política, desde la educación hasta la identidad colectiva, desde las tradiciones populares hasta la ciencia. Esta ampliación, lejos de aclarar el concepto, lo vacía de contenido preciso, transformándolo en una noción difusa que funciona más como etiqueta valorativa que como categoría explicativa. En este sentido, la “Cultura” actúa como una forma de legitimidad moral, de tal manera que aquello que es cultural aparece automáticamente como valioso, digno de preservación o respeto. Aquel que ose criticarla tendrá una tropa de fanáticos intentando su cancelación. Bueno interpreta este fenómeno como una forma de sacralización laica, en la que la Cultura ocupa el lugar que antes tenían entidades teológicas o metafísicas, como Dios, la Naturaleza o el Espíritu. De este modo, el concepto deja de ser descriptivo para convertirse en normativo, funcionando como un dispositivo ideológico. En realidad, esta acepción de cultura tiene un importante componente metafísico.

Desde su materialismo filosófico, Bueno critica especialmente la tradición idealista que concibe la cultura como expresión del “espíritu” de un pueblo o como una esencia orgánica que explica la historia. Esta perspectiva, asociada a autores como Herder o Hegel, presupone una unidad sustancial de la cultura que permite hablar de culturas nacionales, civilizatorias o incluso universales como si fueran sujetos coherentes. Para Bueno, esta forma de pensamiento es problemática porque tiende a convertir construcciones conceptuales en entidades metafísicas. Frente a ello, propone una visión materialista en la que la realidad cultural está siempre fragmentada en múltiples planos de diversa índole, el tecnológico, el biológico, el económico, el político y el lingüístico, entre otros. Estos planos no forman una totalidad armónica, sino sistemas parcialmente independientes que interactúan de manera conflictiva. En consecuencia, la idea de una “cultura” como unidad orgánica resulta, para Bueno, una simplificación ideológica que borra las tensiones internas y las discontinuidades históricas reales. La cultura no es un sujeto ni una esencia, sino el resultado inestable de procesos materiales que solo retrospectivamente pueden ser agrupados bajo una misma denominación.

El núcleo más polémico del libro reside en su interpretación política del concepto de cultura. Bueno sostiene que la “Cultura” desempeña una función estructural en las sociedades contemporáneas comparable a la que en otras épocas desempeñaron conceptos como “Raza”, “Naturaleza humana” o “Gracia divina”. Es decir la "cultura" es utilizada como principio de ordenación simbólica y de legitimación de diferencias. En el contexto contemporáneo, la apelación a la cultura permite justificar tanto identidades colectivas como políticas públicas, discursos nacionalistas o proyectos multiculturalistas, sin necesidad de recurrir a fundamentos explícitamente biológicos o religiosos. Sin embargo, esta aparente neutralidad oculta una operación ideológica profundamente intolerante y dictatorial, ya que la cultura se convierte en un criterio de inclusión y exclusión, de superioridad o inferioridad simbólica, y en un lenguaje que enmascara conflictos materiales y políticos bajo la apariencia de diferencias “culturales”. Así, el multiculturalismo, lejos de resolver las tensiones entre grupos, puede reinterpretarlas como coexistencia armónica de culturas equivalentes, cuando en realidad dichas relaciones están atravesadas por asimetrías económicas, geopolíticas e históricas. Para Bueno, este uso del término contribuye a una especie de “oscurantismo culturalista” que sustituye el análisis material de las sociedades por una retórica de respeto abstracto a la diversidad.

En última instancia, El mito de la cultura propone una desmitificación del concepto mismo de cultura, no para eliminarlo del lenguaje, sino para delimitar su alcance y evitar su idealización. La crítica de Bueno es estructural ya que no niega que existan fenómenos culturales, sino que rechaza su elevación a una categoría capaz de explicar la totalidad de lo humano. Frente a la idea de Cultura como esfera autónoma y superior, su materialismo filosófico insiste en la pluralidad de los procesos históricos y sociales. Esto implica una reconfiguración profunda de la manera en que entendemos la educación, la identidad colectiva y la historia, ya que obliga a abandonar explicaciones esencialistas en favor de análisis concretos de estructuras materiales y relaciones de poder. En este sentido, el libro no solo es una crítica conceptual, sino también una intervención en el debate contemporáneo sobre el papel de la cultura en las sociedades modernas, cuestionando su uso como fundamento moral y político. La consecuencia última de su planteamiento es que la cultura no puede ser considerada un horizonte de sentido unitario, sino un campo fragmentado de prácticas y discursos que solo adquieren coherencia dentro de sistemas teóricos específicos, y nunca como totalidad autosuficiente.

El Vampiro de John William Polidori: imprescindible para entender al vampiro moderno

El vampiro ocupa un lugar fundamental en la historia de la literatura fantástica y de terror. Aunque hoy pueda parecer una narración breve y sencilla frente a las grandes novelas vampíricas posteriores, su importancia es inmensa. Fue la obra que transformó al vampiro tradicional del folclore europeo en la figura elegante, aristocrática y seductora que dominaría la imaginación occidental durante los siglos siguientes. Sin John William Polidori no existirían el Drácula de Bram Stoker ni buena parte de la mitología moderna del vampiro.

Publicada en 1819 y nacida en el célebre encuentro literario de Villa Diodati —el mismo del que surgiría Frankenstein—, la obra es un magnífico ejemplo del Romanticismo oscuro. Polidori abandona la imagen grotesca y casi campesina del vampiro procedente de las leyendas rurales del este y centro de Europa, donde estas criaturas eran concebidas como cadáveres hinchados, monstruosos y cercanos a la superstición popular. En su lugar aparece Lord Ruthven, que representa un aristócrata refinado, magnético y ambiguo, capaz de fascinar socialmente mientras oculta una naturaleza profundamente corrupta. Ahí nace realmente el vampiro moderno. La gran fuerza de la novela reside precisamente en ese personaje. Ruthven representa la perversión moral disfrazada de sofisticación. Polidori construye un ser frío, manipulador y depravado, alguien que parece moverse por el mundo sin ninguna clase de límite ético. En ese sentido es profundamente moderna, vemos hoy en día multitud de personajes, algunos empresarios y políticos, que actúan de forma muy similar. La sangre no es únicamente alimento, es el símbolo de dominación, de corrupción y de deseo destructivo. El vampiro seduce antes de destruir, y esa mezcla de atracción y amenaza dota al relato de una inquietud psicológica muy moderna para su época.

También resulta admirable la atmósfera que logra crear Polidori. La narración posee ese tono melancólico y sombrío tan característico del Romanticismo, incluyendo todos los tópicos, los viajes nocturnos, los paisajes decadentes, la fatalidad y los personajes arrastrados hacia un destino inevitable. Hay en la novela una sensación constante de amenaza silenciosa, como si el mal avanzara lentamente bajo la apariencia de elegancia y normalidad.

Es cierto que, leída hoy, El vampiro puede mostrar ciertas limitaciones narrativas propias de una obra pionera. Algunos pasajes resultan abruptos y el desarrollo psicológico no alcanza la profundidad de autores posteriores. Sin embargo, esas pequeñas irregularidades quedan eclipsadas por su enorme poder simbólico y por la influencia gigantesca que ejerció sobre todo el género fantástico. Más de dos siglos después, la obra conserva intacta buena parte de su capacidad de fascinación. No solo inauguró una nueva forma de entender al vampiro, sino que introdujo una idea esencial en la literatura de terror moderna, ya que el monstruo ya no es únicamente una criatura horrenda escondida en la oscuridad, sino también un ser seductor, inteligente y perfectamente integrado en la sociedad. Por todo ello, El vampiro sigue siendo una lectura imprescindible para cualquier amante del terror, del Romanticismo y de la literatura fantástica.

Los últimos días de nuestros padres de Joël Dicker: prescindible

Los últimos días de nuestros padres es una novela que deja una sensación contradictoria, ya que apunta maneras, insinúa talento, pero termina siendo una obra irregular y, en muchos momentos, decepcionante. Resulta comprensible que despertara interés tras el éxito posterior de Joël Dicker, pero leída hoy evidencia con claridad las limitaciones de una ópera prima todavía inmadura.

La novela se sitúa en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y sigue a un grupo de jóvenes reclutas entrenados por el SOE británico (un servicio creado por Churchill para infiltrar agentes en la zona ocupada por Hitler). Sobre el papel, el planteamiento promete tensión, espionaje y conflicto moral. Sin embargo, durante aproximadamente el primer tercio del libro apenas sucede nada relevante. Dicker dedica demasiadas páginas a describir la formación de los jóvenes, sus pequeñas rivalidades y sus inseguridades personales, en una especie de relato juvenil de academia militar que carece de verdadera intensidad dramática. El lector avanza con dificultad entre episodios rutinarios y diálogos poco inspirados, preguntándose cuándo comenzará realmente la historia. Además, una recua de personajes innecesarios hace aún más insoportable la primera parte.

La novela mejora cuando adopta, por fin, un tono más cercano al thriller. Las operaciones clandestinas, los desplazamientos y el peligro introducen algo de ritmo y suspense. Pero esa mejoría resulta breve y superficial. El principal problema es la escasa credibilidad de muchas situaciones. Los personajes parecen moverse entre Londres y la Francia ocupada con una facilidad casi absurda, como si atravesar fronteras en tiempos de guerra fuera algo sencillo. Falta sensación de riesgo, de vigilancia, de miedo real. Todo aparece simplificado hasta el punto de restar verosimilitud a la trama. A ello se suma la debilidad de las relaciones entre personajes. Los vínculos afectivos están tratados con una sensibilidad excesivamente ingenua y sentimental. Muchas conversaciones amorosas y amistades poseen un tono casi adolescente, impropio de jóvenes inmersos en una guerra brutal, jóvenes de principios de los años 40 del S.XX, no estamos hablando de jóvenes posmodernos acostumbrados al llanto fácil y a la sensiblería. Hay situaciones inverosímiles, que ni un niño de 10 años podría creerse. Dicker busca emocionar constantemente, pero termina cayendo en un sentimentalismo ñoño que revela una evidente falta de madurez literaria.

Es cierto que la novela deja entrever algunas virtudes. La prosa es fluida y se lee con facilidad; incluso puede apreciarse ya cierta habilidad para mantener el interés esporádico. Pero una buena escritura no basta para sostener una narración caótica, desequilibrada y emocionalmente poco profunda. Los últimos días de nuestros padres es, en definitiva, una novela prescindible. Interesante únicamente como curiosidad para comprender los comienzos de un autor que todavía estaba lejos de encontrar su verdadera voz narrativa.

La Taberna Ilustrada: ¿Para qué sirve la lectura?

El programa "La Taberna Ilustrada" aborda la lectura no solo como un hábito cultural, sino como una praxis fundamental de la condición humana y un puente metafísico hacia la memoria colectiva. La conversación se inicia rescatando la convicción socrática de que el diálogo entre amigos es el camino hacia verdades valiosas, planteando de inmediato el dilema platónico sobre si la palabra escrita es, en esencia, "palabra muerta". Frente a esta objeción, los invitados argumentan que, aunque el texto sea estático, actúa como un receptáculo de la memoria, la cual es definida como el "Dios Padre" de la permanencia en el ser y la identidad. En este sentido, la lectura se presenta como el milagro de "escuchar con los ojos a los muertos", permitiendo entablar un diálogo íntimo con la mejor parte de los grandes pensadores —aquella que decidieron fijar por escrito—, lo cual resulta superior incluso a una conversación presencial con autores que podrían ser insoportables en la vida real. Así, leer se convierte en un acto de humanización; es el ejercicio de la potencia racional que define al animal humano y una defensa contra el "adanismo", esa soberbia de creer que somos los primeros en experimentar sentimientos como el desgarro o el amor, cuando estos ya han sido universalmente cartografiados por los clásicos. En última instancia, la lectura no es solo un medio para adquirir datos, sino una herramienta para vivir con mayor conciencia e intensidad, permitiendo que el lector habite una realidad más ancha y profunda que la de su propia circunstancia inmediata.

En un segundo bloque de análisis, el debate se traslada hacia la pedagogía de la lectura y la vigencia de los clásicos en el siglo XXI, contrastando la obligatoriedad escolar con la naturaleza vocacional del acto de leer. Se discute la tensión entre la postura de que la lectura debe ser un placer libre y la necesidad de imponerla como disciplina en una era de sobreestimulación tecnológica donde el libro compite en desventaja contra la inmediatez de las tabletas y el ocio digital. Los invitados coinciden en que la obligatoriedad es a menudo necesaria como "puerta de acceso", pero critican duramente la selección de obras inadecuadas para la madurez del alumno y el uso de "lecturas degradadas" o adaptaciones con dibujos que eliminan el estilo, el cual es indisociable del mensaje. Se define al clásico no como un texto antiguo y polvoriento, sino como aquel que es "siempre nuevo", inagotable y capaz de relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo. Un clásico es aquel libro que, al abrirse, regala una intimidad tal que el lector siente que la obra habla de él mientras habla del mundo. Para que este encuentro ocurra, se subraya la importancia de la mímesis: el niño no empieza a leer por decreto, sino por el deseo de imitar a un padre o a un maestro que ama los libros, sugiriendo que la guía de una persona viva es esencial para navegar la ingente cantidad de literatura disponible.

Finalmente, el programa culmina con una reflexión provocadora sobre la calidad de la lectura y su papel como acto de resistencia en la modernidad, planteando si es preferible no leer en absoluto antes que leer mal. Algunos ponentes defienden una postura dogmática al respecto, advirtiendo que existen palabras que "oscurecen la realidad" y libros que pueden envenenar la intelectualidad o la sensibilidad del lector si no se tiene la capacidad de discernir. Esta crisis se manifiesta en una juventud que, al carecer de lecturas profundas, posee un "mundo pequeño" porque no tiene palabras para nombrar lo que le sucede, dejando su mundo interior a merced del caos. Por ello, se propone que el mayor acto de disidencia en un mundo frenético y consumista es, precisamente, quedarse quieto y en silencio con un libro. La lectura requiere la conquista de la atención y el cultivo del silencio, virtudes que permiten que la creatividad y la vida interior florezcan frente al vacío de la sobreestimulación. En conclusión, los tertulianos sugieren que no existe falta de tiempo para leer, sino falta de amor por la lectura, pues quien ama los libros siempre encuentra el espacio para ese diálogo íntimo que permite vivir no solo más, sino mejor.



¿Dónde se pagan más impuestos en Alemania o en España? ChatGPT nos da una respuesta

Le he preguntado a ChatGPT en qué país se pagan más impuestos, si en España (sexta economía europea por PIB) o en Alemania (primera economía europea). La respuesta está bastante bien encaminada:

Depende de qué métrica uses. La respuesta corta es:

  • Alemania suele tener una carga fiscal total más alta que España para trabajadores medios y altos, especialmente por cotizaciones sociales y “cuña fiscal”.

  • España tiene menor presión fiscal agregada, pero para muchos salarios el esfuerzo fiscal (lo que cuesta pagar impuestos respecto a la renta disponible) puede sentirse igual o incluso más duro.

Te lo separo por conceptos:

1. Presión fiscal total (impuestos/PIB)

Aquí gana Alemania.

  • Alemania: alrededor del 38% del PIB

  • España: alrededor del 36-37% del PIB (EFE Noticias)

Eso significa que, como economía, Alemania recauda más impuestos y cotizaciones que España.


2. IRPF (impuesto sobre la renta)

Aquí depende muchísimo del sueldo y situación familiar.

Rentas medias-altas

Alemania suele cobrar más:

  • El tipo marginal máximo alemán ronda el 45% (+ recargo solidaridad e iglesia si aplica).

  • En España el marginal máximo puede superar el 50% en varias CCAA. (Reddit)

Pero ojo:

  • En Alemania los tipos altos empiezan antes y las cotizaciones sociales son muy elevadas.

  • En España los tipos máximos son más altos “sobre el papel”, pero afectan a menos contribuyentes.

Salarios medios

Muchos estudios OCDE muestran que:

  • La cuña fiscal (IRPF + cotizaciones trabajador + empresa) es bastante mayor en Alemania.

Por ejemplo:

  • Alemania: cerca del 49%

  • España: alrededor del 41% para trabajador soltero medio (ElHuffPost)

Aquí Alemania claramente gana en carga total sobre el trabajo.


3. IVA

Muy parecido.

  • Alemania: IVA general 19%

  • España: IVA general 21%

En consumo, España grava algo más.


4. Cotizaciones sociales

Este es el gran punto.

Alemania tiene:

  • cotizaciones muy altas,

  • seguro médico obligatorio caro,

  • pensiones y desempleo más financiados vía nómina.

España también tiene cotizaciones elevadas, pero Alemania suele estar por encima para salarios medios.


5. Esfuerzo fiscal (lo importante para muchos)

Aquí España sale peor parada.

El “esfuerzo fiscal” intenta medir:

cuánto duelen los impuestos según el nivel de renta.

Porque no es lo mismo pagar:

  • un 40% ganando 70.000 €
    que

  • un 40% ganando 30.000 €.

España tiene:

  • salarios más bajos,

  • menor renta disponible,

  • vivienda relativamente cara respecto al sueldo.

Por eso muchos economistas sostienen que el esfuerzo fiscal español es alto aunque la presión fiscal total sea menor. (Reddit)


Resumen rápido

ConceptoAlemaniaEspaña
Presión fiscal totalMás altaMás baja
IRPF rentas mediasMás alto normalmenteMás bajo
IRPF rentas muy altasSimilar o España algo másMuy alto en algunas CCAA
IVA19%21%
Cotizaciones socialesMucho más altasAltas
Cuña fiscal trabajoMás altaMás baja
Esfuerzo fiscal percibidoMenor por salarios altosMayor por salarios bajos

Conclusión práctica

  • Si miras cuánto recauda el Estado y cuánto sale de la nómina, Alemania suele cobrar más.

  • Si miras cómo de duro resulta pagar impuestos respecto al sueldo medio, España puede sentirse más pesada fiscalmente por tener salarios bastante menores.

La Carretera de Cormac McCarthy: una patada en el alma

La carretera es una de las grandes novelas distópicas del siglo XXI, una obra devastadora que convierte el viaje de un padre y un hijo en una reflexión profunda sobre la supervivencia, la moral y el sentido mismo de seguir viviendo cuando el mundo ha dejado de tener esperanza. Publicada en 2006, la novela confirmó el talento excepcional de Cormac McCarthy, uno de los escritores norteamericanos más importantes de las últimas décadas. McCarthy construyó una obra literaria marcada por la violencia, el fatalismo y la exploración de los límites del ser humano. Autor de novelas fundamentales como las violentas Meridiano de sangre o No es país para viejos, desarrolló un estilo inconfundible. La austeridad, el tono bíblico y profundamente físico de su obra, capaz de mostrar la brutalidad del mundo sin artificios ni sentimentalismos.

En La carretera, ese estilo alcanza quizá su expresión más extrema. La novela dibuja una distopía absolutamente desesperanzadora. No hay aquí grandes explicaciones sobre el origen de la catástrofe ni reconstrucciones épicas de la civilización. El mundo ya está muerto. Todo es ceniza, frío, árboles carbonizados y ciudades vacías. No quedan animales, apenas comida, apenas luz. La vida ha sido reducida a una lenta agonía. McCarthy no describe simplemente un paisaje postapocalíptico; describe el final de toda posibilidad humana. Esa ausencia radical de esperanza convierte la lectura en una experiencia física, opresiva, y muy asfixiante. Y, sin embargo, en medio de esa destrucción absoluta aparece la carretera. La carretera es, probablemente, el gran símbolo de la novela. Representa la vida misma; avanzar aunque no exista una meta clara, seguir caminando incluso cuando todo parece perdido. El padre continúa porque el hijo existe. Vive para protegerlo, alimentarlo y mantener encendida una mínima llama moral en un universo donde la moral ha sido aniqulidada. El niño simboliza la última esperanza de humanidad. No es casual que el padre repita constantemente que ellos son “los buenos” y que “llevan el fuego”, es decir, la esperanza. Frente a ellos se alza el mal absoluto, les rodean bandas de caníbales, hombres degradados hasta la animalidad, seres para quienes la supervivencia ya no tiene ninguna dimensión ética.

El conflicto de la novela no es solo físico, sino profundamente filosófico. McCarthy plantea una pregunta esencial: ¿qué significa seguir siendo humano cuando todas las estructuras de la civilización han colapsado? El padre oscila continuamente entre la necesidad de sobrevivir y el miedo a perder su humanidad. El niño, en cambio, representa una compasión casi pura, una inocencia que resiste incluso en el infierno. El niño es la esperanza moral y el padre el baluarte que la protege.

La prosa de McCarthy es seca, dura, cortante. La violencia aparece de golpe, sin preparación, sin dramatización previa. No hay capítulos que permitan descansar; la narración avanza como un flujo continuo y agotador, reproduciendo la misma agonía interminable de los protagonistas. El lector queda atrapado en la corriente de un río, es una marcha constante, con la certeza de que algo terrible ocurrirá, aunque nunca sabe cuándo ni dónde. Esa tensión permanente convierte La carretera en una novela absorbente y perturbadora, una obra que no ofrece consuelo, pero sí una reflexión sobre el amor de un padre por su hijo, el miedo al final y la resistencia moral para conservar la humanidad en el fin del mundo.

Novela de ajedrez: el ajedrez como salvaguarda de la esperanza

Novela de ajedrez es una de esas obras breves que desmienten el prejuicio de que las novelas deben tener una extensión grande. Lo breve si bueno, dos veces bueno, que diría Baltasar Gracián. En apenas unas decenas de páginas, Stefan Zweig logra construir un relato absorbente, elegante y profundamente inquietante sobre la inteligencia, la obsesión y la fragilidad del ser humano frente a la violencia política. Publicada de manera póstuma en 1942, poco antes del suicidio del autor y de su esposa en Brasil, la novela funciona también como un testamento moral y espiritual de una Europa que se desmoronaba bajo el avance aparentemente imparable del nazismo.

Zweig nació en Viena en 1881, en el seno de una acomodada familia judía. Fue uno de los escritores más leídos y prestigiosos de la Europa de entreguerras. Cosmopolita, humanista y defensor de una cultura europea basada en el diálogo y la razón, cultivó con igual maestría el ensayo, la biografía y la narrativa breve. Obras como Carta de una desconocida o Momentos estelares de la humanidad consolidaron una reputación internacional extraordinaria. Sin embargo, la llegada del nazismo destruyó el mundo en el que había creído. Perseguido por su origen judío y desesperanzado ante la barbarie que se extendía por Europa, Zweig se exilió primero en Inglaterra y después en Brasil. Allí, en Petrópolis, él y su esposa se suicidaron en febrero de 1942. Su muerte simbolizó, para muchos intelectuales europeos, el hundimiento de una idea de civilización.

Esa herida histórica atraviesa de forma soterrada Novela de ajedrez. El argumento es sencillo y magistral. Durante un viaje en barco entre Nueva York y Buenos Aires, varios pasajeros coinciden con Mirko Czentovic, afamado campeón mundial de ajedrez, un hombre rudo, casi analfabeto, taciturno, pero dotado de un talento prodigioso para el juego. La aparición de un misterioso pasajero, el doctor B., altera el equilibrio de la travesía. Este último demuestra una capacidad ajedrecística extraordinaria. Esta capacidad nació en circunstancias terribles, ya que surgió en su aislamiento y tortura psicológica a manos de la Gestapo. A partir de ahí, el relato se convierte en una reflexión sobre los límites de la mente humana y sobre el modo en que el totalitarismo destruye a las personas.

Uno de los mayores méritos de Zweig reside en su prosa. Su estilo posee una belleza serena, refinada, pero nunca recargada. Hay escritores cuya elegancia termina pesando sobre el lector; no es el caso de Zweig. Cada frase parece avanzar con naturalidad, con una claridad que convierte la lectura en una experiencia extraordinariamente fluida. Esa aparente sencillez es, en realidad, fruto de una técnica narrativa muy depurada y de una prosa magistral. El autor sabe dosificar la información, crear tensión y conducir la intriga con una precisión admirable. Por eso sus novelas cortas se leen con avidez, ya que el lector queda atrapado desde las primeras páginas y siente la necesidad de continuar hasta el desenlace.

Pero la verdadera fuerza de Zweig no está solo en el estilo, sino en su capacidad para explorar la condición humana. Sus personajes nunca son simples piezas narrativas; están construidos desde sus contradicciones, sus miedos y sus obsesiones. Son profundamente humanos, especialmente en sus miedos y temores. En Novela de ajedrez, el doctor B. encarna de manera estremecedora la resistencia intelectual frente a la opresión. El ajedrez, que en principio aparece como un juego racional y ordenado, acaba convirtiéndose en símbolo del combate interior, de la locura y del intento desesperado por preservar la libertad mental en medio del horror. Una especie de tronco flotando al que hay que agarrarse para no ser arrastrado al fondo oscuro del océano. La sombra del nazismo recorre toda la obra. No aparece únicamente como contexto histórico, sino como amenaza absoluta contra la libertad, la dignidad y el pensamiento. El aislamiento del doctor B. anticipa los métodos de destrucción psicológica empleados por los regímenes totalitarios. Zweig comprendió antes que muchos otros que el nazismo no solo pretendía conquistar territorios, sino también aniquilar la cultura humanista europea. Esa conciencia trágica impregna el relato y explica la profunda melancolía que deja su lectura.

Leer hoy Novela de ajedrez sigue siendo una experiencia poderosa. Pocas obras consiguen combinar con tanta eficacia el placer de una narración absorbente con una reflexión tan lúcida sobre la barbarie y la fragilidad de la civilización. Zweig demuestra que la literatura puede ser al mismo tiempo entretenimiento de altísima calidad y testimonio moral de una época devastada. Una obra imprescindible.

Distributismo III: De la teoría a la práctica

El distributismo no nació únicamente como una crítica intelectual al capitalismo y al socialismo, sino como una propuesta con vocación de realidad que buscaba decolver los medios de producción a las personas y a las familias. A lo largo del siglo XX y hasta la actualidad, diversos movimientos y comunidades han intentado aplicar estos principios de propiedad distribuida, subsidiariedad y solidaridad, obteniendo resultados que demuestran tanto la viabilidad del modelo a escala local como sus dificultades para una implementación estatal global. Veamos algunos casos.

Uno de los primeros referentes históricos se encuentra en la propia Inglaterra con la fundación de la Liga Distributista en 1926, la cual promovió el "Programa de Birmingham" en 1932 para establecer comunidades agrarias y talleres artesanales. Un ejemplo concreto de esta época fue la Guilda de St. Joseph and St. Dominic en Ditchling (Inglaterra), una comunidad de artistas y artesanos que vivió bajo los valores de hermandad y servicio, rechazando el maquinismo deshumanizador en favor del trabajo manual responsable. Aunque estas experiencias iniciales fueron minoritarias, sentaron las bases para demostrar que es posible una vida económica centrada en la autonomía familiar y la cooperación gremial.

En América del Norte, el ejemplo más emblemático es el Movimiento del Trabajador Católico (Catholic Worker Movement), fundado en 1933 por Dorothy Day y Peter Maurin. Este movimiento aplicó el distributismo mediante la creación de "Casas de Hospitalidad" y granjas comunitarias para asistir a los desposeídos durante la Gran Depresión. Los resultados de este modelo han sido notables por su longevidad y expansión. De hecho, hoy en día existen más de 240 comunidades locales en Estados Unidos que operan de forma autónoma, sin jerarquías rígidas ni dependencia estatal, centradas en la pobreza voluntaria y la justicia social.

En el contexto español, la aplicación más exitosa del espíritu distributista se halla en el cooperativismo de Mondragón, fundado por el sacerdote José María Arizmendiarrieta. Este modelo ha logrado integrar los factores de capital y trabajo en fórmulas de gestión participativa, convirtiéndose en un referente mundial de cómo una gran corporación puede operar bajo principios de propiedad social y distribución equitativa de beneficios. Asimismo, las fuentes destacan la existencia histórica de numerosas cooperativas agrarias en España que, bajo advocaciones de santos, han servido como ejemplos de continuidad y subsidiariedad en la difusión de la propiedad.

Otras aplicaciones relevantes incluyen el Movimiento Antigonish en Canadá, que impulsó cooperativas locales de crédito y producción, y el Partido Laborista Democrático (DLP) en Australia, que ha mantenido una plataforma política basada en la defensa de la familia y el distributismo como "tercera vía". En tiempos más recientes, conceptos como la "Big Society" en el Reino Unido (2010) intentaron, aunque con resultados dudosos, potenciar a las comunidades locales frente al poder central.

En conclusión, los resultados de la aplicación del distributismo muestran un patrón claro: el modelo es altamente efectivo para generar comunidades resilientes, humanizar el trabajo y proteger la dignidad de la persona en entornos cooperativos y locales. Si bien nunca ha logrado una implantación a nivel estatal, su legado perdura en el éxito de las cooperativas modernas y en movimientos que, como el decrecentismo, hoy buscan alternativas a la desmesura del mercado global basándose en la "belleza de lo pequeño" propugnada por autores como E.F. Schumacher.

Distributismo II: Historia de una alternativa al comunismo y al capitalismo salvaje

Ya vimos en una entrada anterior en que consistía el distributismo. Ahora hagamos un pequeño repaso a su historia. 

Durante la década de 1920, el movimiento distributista alcanzó su mayor auge organizativo. En 1925 se refundó el periódico "G.K.’s Weekly" como plataforma de difusión, y el 17 de septiembre de 1926 se fundó oficialmente la Liga Distributista en Londres, con Chesterton como presidente. A este núcleo se unieron figuras destacadas como el padre dominico Vincent McNabb, quien aportó una sólida base teórica basada en el tomismo, y Arthur Penty, quien abogaba por la restauración del sistema de gremios medievales para humanizar el trabajo. El ideal del movimiento se sintetizó a menudo en la consigna "tres acres y una vaca", que representaba la propiedad mínima necesaria para que una familia fuera independiente del salario fabril y del control estatal (es decir, para ser realmente libre)

A pesar de su rápida expansión por países como Estados Unidos, Canadá y Australia, la Liga comenzó a declinar en los años 30 tras la muerte de Chesterton en 1936 y las divisiones internas ante el ascenso de los totalitarismos europeos. No obstante, su legado se mantuvo vivo a través de influencias posteriores muy significativas; en Norteamérica, Dorothy Day y Peter Maurin integraron el distributismo en el Movimiento del Trabajador Católico. Décadas más tarde, el economista E.F. Schumacher revitalizó estos principios con su célebre obra "Lo pequeño es hermoso" (1973), promoviendo una economía a escala humana y el uso responsable de la tecnología.

Actualmente, el distributismo sigue siendo objeto de estudio como una alternativa ética y realista frente a la globalización y la deshumanización de los mercados financieros.

Distributismo I: ¿Qué es?

El distributismo es una concepción de la persona, la sociedad y la cultura que propone la distribución de la propiedad privada y de los medios de producción entre el mayor número posible de personas. Se opone por tanto a la concentración del capital en pocas manos, que es una característica básica del capitalismo, como al control estatal de los recursos, que es la base de funcionamiento del socialismo. Esta "tercera vía" económica tiene sus orígenes ideológicos en la Doctrina Social de la Iglesia, concretamente en la encíclica Rerum Novarum (1891) del Papa León XIII, la cual denunció las injusticias del capitalismo salvaje y el peligro del colectivismo, sentando las bases para que una generación de intelectuales buscara una alternativa que recuperara la dignidad del hombre. Sus principales exponentes y fundadores fueron los escritores ingleses Hilaire Belloc y G.K. Chesterton, quienes articularon este pensamiento a principios del siglo XX basándose en una antropología moral que prioriza la subsidiariedad, la solidaridad y la libertad de la familia.

Al pretender los socialistas que los bienes de los particulares pasen a la comunidad, agravan la condición de los obreros, pues, quitándoles el derecho a disponer libremente de su salario, les arrebatan toda esperanza de poder mejorar su situación económica y obtener mayores provechos.
Rerum novarum

El Estado de Bienestar: el mito nórdico

La globalización capitalista supone una tensión grave para los Estados de Bienestar. Un paradigma de estos estados son los países escandinavos (Dinamarca, Noruega, Suecia). Para España, este modelo de Estado de Bienestar fue el arquetipo a seguir, y ya desde los años 80 se intentó instaurar poco a poco. Varias décadas después, vemos como el modelo ha fracasado en un mundo globalizado por el capitalismo, donde las personas son para los grandes capitales una mercancía más. Veamos que ha sucedido en las últimas décadas en estos países escandinavos respecto al "Estado de Bienestar".

El génesis y la arquitectura del Estado de Bienestar Escandinavo

El Estado de Bienestar escandinavo, a menudo denominado el "modelo nórdico" es el resultado de un largo proceso histórico de integración nacional y compromiso de clase que se consolidó durante su "Edad de Oro" entre las décadas de 1950 y 1970. Institucionalmente, se define como un arreglo específico que otorga un peso predominante al Estado sobre el mercado y la sociedad civil en la provisión de servicios y seguros sociales. A diferencia de los modelos liberales (cada uno a lo suyo) o corporativistas (familia y patronos), el modelo escandinavo se distingue por su universalismo, donde el acceso a los beneficios sociales se entiende como un derecho ciudadano individual y no meramente una contraprestación por historial laboral o necesidad extrema. A priori, este modelo parece idílico, una especie de Cielo en la Tierra. Pero en la realidad es que se trata de un contrato de seguro social implícito y extendido, controlado por el Estado. Es decir, cuando se recibe supone una redistribución de recursos de los "afortunados" a los "desafortunados", y antes de recibirlo es una forma colectiva de diversificación de riesgos ante contingencias futuras como la enfermedad, el desempleo o la vejez. Este pacto intergeneracional se apoya en una estructura de una muy alta presión fiscal, donde los impuestos sobre el ingreso laboral financian servicios universales como la salud, la educación y el cuidado de ancianos, asumiendo que una alta participación laboral de ambos sexos mantendrá la viabilidad financiera del sistema. Es decir, el propio Estado de Bienestar necesita tener a mucha gente trabajando para mantenerlo, podríamos hacer un símil entre la rueda del hámster (=estado de bienestar) y el movimiento del hámster (=mantenimiento del estado de bienestar). Históricamente, este modelo ha logrado conciliar una economía de mercado liberal con niveles de igualdad social y cohesión excepcionales, sustentados en una cultura política de alta confianza y consenso. El modelo funciona con políticos honestos y muy cualificados, y con trabajadores con salarios altos que se implican en el mantenimiento de su comunidad política. Estos son dos requisitos imprescindibles, pero ¿qué sucede si en el modelo comienzan a entrar trabajadores procedentes de otros países, o trabajadores cualificados, pero dispuestos a trabajar por salarios más bajos? ¿y si a esto le unimos que los grandes capitales pueden moverse libremente por todo el mundo? Veámoslo.

Globalización y el Choque del Espacio Abierto Europeo

La robustez de este contrato social se ha visto desafiada por la globalización y, más específicamente, por la creación del Mercado Único Europeo y la libre circulación de trabajadores. Históricamente, el modelo escandinavo operaba bajo el supuesto de fronteras controladas y una población relativamente homogénea, pero la integración internacional ha introducido una movilidad asimétrica. Por un lado, la movilidad de las bases impositivas obliga a los Estados a competir fiscalmente, reduciendo los impuestos sobre el capital (más móvil) y concentrando la carga sobre el trabajo (menos móvil), lo que genera distorsiones en el mercado laboral. Es decir, los trabajadores son proporcionalmente los que más carga tienen para mantener el sistema funcionando. De nuevo el hámster no debe parar, mientras que el dueño de la jaula puede irse libremente donde quiera. Por tanto, un requisito es que los salarios del país que sustenta el Estado de bienestar sean -en una proporción importante- "altos". Por otro lado, la ampliación de la Unión Europea en 2004 y 2007 hacia el este de Europa supuso un cambio cualitativo muy importante. Los países escandinavos pasaron de recibir una inmigración laboral controlada a gestionar flujos masivos de trabajadores de baja cualificación atraídos por salarios que, aunque bajos para el estándar nórdico, son significativamente superiores a los de sus países de origen. Este "espacio abierto" rompe el vínculo territorial de los beneficios sociales, ya que bajo las reglas de la UE, los trabajadores pueden exportar subsidios familiares a países con costos de vida inferiores, lo que distorsiona el valor real del beneficio y presiona la legitimidad del sistema ante los contribuyentes nativos. Además, la globalización ha impulsado una descentralización de la negociación salarial, tradicionalmente centralizada en Escandinavia, aumentando las disparidades de ingresos y dificultando el mantenimiento de una estructura salarial comprimida que evite la existencia de "trabajadores pobres". El requisito para mantener el sistema funcionando -salarios relativamente altos- se ha ido al garete, parece que la rueda de la jaula va más lenta.

Consecuencias Fiscales y el "Efecto Imán"

El impacto de estos cambios se manifiesta con mayor crudeza en la sostenibilidad fiscal del modelo. Estudios realizados en Dinamarca mediante el modelo DREAM (Danish Rational Economic Agents Model) -un modelo de proyección a futuro- indican que el impacto fiscal neto de la inmigración depende críticamente del país de origen y la cualificación del inmigrante. Mientras que los inmigrantes occidentales suelen ser contribuyentes netos, los inmigrantes no occidentales (especialmente refugiados y aquellos vinculados a la reunificación familiar) presentan un déficit fiscal persistente debido a sus menores tasas de empleo y jubilación temprana. En 2014, Hansen y colaboradores estimaron que la población no occidental en Dinamarca representaba un costo neto cercano al 1% del PIB. Esta brecha de empleo se ve agravada por lo que la literatura económica denomina el "efecto imán" o factor de atracción (pull factor). Este consiste en que la generosidad de los beneficios universales puede atraer desproporcionadamente a personas con mayores riesgos sociales o menores capacidades de inserción laboral, mientras que la alta carga fiscal puede actuar como un factor de expulsión (push factor) para los trabajadores altamente cualificados y contribuyentes netos. Existe una asimetría de riesgos preocupante, ya que los trabajadores inmigrantes entran en el sistema en épocas de bonanza, pero ante una crisis económica (como la de 2008), tienden a permanecer en el país de acogida percibiendo beneficios de desempleo en lugar de retornar a sus países de origen, convirtiéndose en beneficiarios netos permanentes y desafiando la viabilidad del seguro social. Normalmente, la población que tiene arraigo en un territorio puede verse ayudada por otro "Estado de Bienestar" que ha sido muy depauperado en las últimas décadas: la familia. Esto fue fundamental en la crisis económica de 2008 en países como España. Recordemos que en los países nórdicos los hijos se suelen ir de casa a muy temprana edad -ayudados por el "estado de bienestar"-, haciendo mucho más débiles los vínculos familiares.

El Dilema Progresista y la Erosión de la Cohesión Social

Más allá de las cifras contables, la inmigración masiva y la diversidad cultural plantean un desafío fundamental a la legitimidad normativa del Estado de Bienestar, lo que David Goodhart denominó el "dilema progresista". La solidaridad que sustenta los altos impuestos en Escandinavia se basa tradicionalmente en el sentimiento de "estar en el mismo barco", una cohesión que algunos autores consideran dependiente de la homogeneidad cultural. Cuando el Estado de Bienestar empieza a percibirse como un sistema donde "nosotros" pagamos para que "ellos" reciban, el consenso social se erosiona. En Dinamarca y Noruega, esto ha facilitado la movilización política de partidos de derecha populista que utilizan el "chovinismo de bienestar" para argumentar que los recursos limitados del Estado deben reservarse exclusivamente para los ciudadanos nativos o residentes de larga duración. Por ejemplo, en España está pasando algo parecido con el concepto de "prioridad nacional", que alude a este tema que ya lleva muchos años siendo un problema en otros países.

La fragmentación social también afecta a los partidos socialdemócratas, que se ven atrapados entre sus valores de solidaridad internacional y la necesidad de proteger la sostenibilidad del modelo para su base electoral tradicional de clase trabajadora. El riesgo es la aparición de una "subclase étnica" marginada del mercado laboral y dependiente de subsidios, lo que no solo crea tensiones sociales sino que debilita el contrato social intergeneracional al quebrar la premisa de que todos los ciudadanos capaces deben contribuir mediante el trabajo. Si un porcentaje alto de los trabajadores ven reducidos sus salarios, y además una parte importante del mismo va a parar a otras personas, esos trabajadores se preguntarán ¿dónde está ese Estado del Bienestar?

Respuestas Institucionales: De la Universalidad a la Condicionalidad

Para corregir estas distorsiones y salvaguardar el modelo, países como Dinamarca han liderado una transición desde el universalismo puro hacia una mayor condicionalidad y activación. Se han introducido requisitos de residencia estrictos para acceder a la totalidad de los beneficios sociales. Por ejemplo, en Dinamarca, actualmente se requiere haber residido 9 de los últimos 10 años para calificar para la asistencia social completa (kontanthjælp), recibiendo en caso contrario beneficios de integración reducidos (entre el 50% y 80% del nivel estándar) (Andersen 2025). Asimismo, se han reforzado las políticas de "Workfare", vinculando la recepción de subsidios a la participación obligatoria en programas de formación, búsqueda activa de empleo o trabajos comunitarios, con el fin de mejorar la integración laboral de los inmigrantes. Algunos expertos sugieren que para que el modelo sea "robusto ante la inmigración", se deben establecer tres pilares: 1) elevar los estándares mínimos salariales para evitar el dumping social financiado indirectamente por el Estado, 2) transformar los subsidios en servicios en especie (como cuidado infantil gratuito en lugar de cheques en efectivo exportables) y 3) hacer que el seguro de ingresos dependa más de la participación activa. Estas medidas, aunque controvertidas por alejarse del principio de igualdad absoluta, se presentan como una estrategia necesaria para evitar un desmantelamiento general del Estado de Bienestar y preservar la generosidad del sistema para los residentes permanentes ante las presiones de un mundo globalizado. Recordemos que ningún sistema es bueno si ese sistema no es mínimamente sostenible en el tiempo, de no serlo terminará desapareciendo completamente.

Caso español

En contraste con el modelo escandinavo, el Estado de bienestar español enfrenta un problema estructural de precariedad laboral caracterizado por una de las tasas más altas de "trabajadores pobres" (aquellos en riesgo de pobreza a pesar de tener empleo), superando el 12% según datos de 2019. Aunque España muestra una brecha de empleo muy pequeña entre la población nativa y la inmigrante de fuera de la UE (apenas 3-4 puntos porcentuales), lo que sugiere una incorporación más rápida de los extranjeros al mercado de trabajo que en el norte de Europa, esto ocurre bajo un intercambio o trade-off donde se acepta una mayor desigualdad salarial y precariedad a cambio de un gran volumen de empleo. Es decir, España ha apostado por la mano de obra barata y masiva. Esto implica un grave problema social cuando la economía deja "de ir bien", ya que esa población carece del "estado de Bienestar" familiar y va a depender del "Estado de Bienestar" estatal.

Conclusión

Todo lo anterior nos muestra la complejidad de estos modelos económicos-sociales y como las simplezas de nuestros políticos, tanto de corte "progresista" como de corte "conservador", hacen imposible un análisis lo más objetivo posible de los problemas que atañen a los "países occidentales" en un mundo globalizado capitalista. De hacer sostenibles estos sistemas depende su futuro.

Bibliografía

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