Parece una tontería de Raymond Carver

El relato “Parece una tontería” narra la experiencia devastadora de unos padres cuyo hijo sufre un accidente el día de su cumpleaños y queda en estado crítico, y que tras un tiempo interminable no logra recuperarse. Mientras esperan en el hospital, la angustia se mezcla con una tensión aparentemente trivial: un pastel encargado a una panadería que nunca llega a recogerse. A lo largo de la historia, Carver construye un contraste poderoso entre lo cotidiano y lo trágico, donde elementos insignificantes —como llamadas telefónicas insistentes del panadero— adquieren un peso emocional insoportable. El relato avanza con una economía de lenguaje característica del autor, donde cada diálogo y cada silencio reflejan la incomunicación y el desconcierto humano ante el sufrimiento. La aparente sencillez de la trama encierra una profunda exploración del dolor, la culpa y la necesidad de empatía. El momento culminante llega cuando los padres confrontan al panadero, quien inicialmente aparece como una figura casi cruel, pero que termina revelando su propia soledad y humanidad, transformando el conflicto en una escena de reconciliación inesperada.

Desde el punto de vista estilístico, Carver emplea su conocido “realismo sucio”, una técnica asociada al realismo estadounidense de finales del siglo XX, donde lo no dicho resulta tan importante como lo explícito. El lenguaje es austero, directo y carente de adornos, lo que intensifica el impacto emocional al evitar cualquier dramatización excesiva. Los diálogos, fragmentarios y a menudo repetitivos, reproducen la dificultad de los personajes para procesar la tragedia y comunicarse entre sí. Este estilo contribuye a crear una atmósfera de tensión contenida, en la que el lector debe inferir los sentimientos más profundos a partir de gestos mínimos y situaciones aparentemente banales. Además, la estructura del cuento refuerza su sentido temático, ya que comienza con una situación cotidiana —la preparación de un cumpleaños— y evoluciona hacia una experiencia límite que descompone la normalidad. Sin embargo, Carver introduce un giro final que rompe con el pesimismo absoluto, ofreciendo una forma de redención a través de la comprensión mutua. Así, el relato no solo examina el dolor individual, sino que sugiere que incluso en los momentos más oscuros existe la posibilidad de conexión humana, convirtiendo lo que “parece una tontería” en una experiencia profundamente significativa. Un autor imprescindible.

La cara oculta de la IA: su elevado impacto ambiental

El rápido avance de la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en uno de los motores centrales de la transformación tecnológica contemporánea, pero su desarrollo supone una serie de costes que rara vez ocupan el centro del debate público. Más allá de sus aplicaciones en productividad, salud o automatización, la IA implica una infraestructura material que consume muchos recursos y que tiene consecuencias ambientales significativas. El entrenamiento de modelos de IA a gran escala requiere enormes cantidades de energía, en muchos casos procedente de fuentes no renovables, lo que contribuye al aumento de las emisiones de carbono. Este consumo no se limita al entrenamiento inicial, sino que continúa durante el uso cotidiano de los sistemas, amplificando su huella ecológica a medida que se generaliza su adopción. A ello se suma el problema del hardware especializado, como las unidades de procesamiento gráfico, cuya rápida obsolescencia genera grandes volúmenes de residuos electrónicos difíciles de gestionar. Estos dispositivos contienen materiales críticos cuya extracción y reciclaje implican impactos adicionales sobre los ecosistemas. De este modo, la IA, presentada a menudo como una herramienta para optimizar procesos y reducir costes, supone una creciente presión ambiental que permanece en gran medida invisible para los usuarios finales.

Junto a sus implicaciones ecológicas, los costes ocultos de la IA también se manifiestan en el ámbito social y económico, especialmente en términos de desigualdad global. El acceso a la infraestructura necesaria para desarrollar y desplegar sistemas avanzados de IA está altamente concentrado en un reducido número de países y grandes corporaciones tecnológicas, lo que refuerza asimetrías de poder ya existentes. Esta concentración no solo limita la capacidad de los países en desarrollo para beneficiarse plenamente de la IA, sino que también condiciona las normas, valores y prioridades que guían su evolución. Además, existen unos costes energéticos indirectos asociados a actividades como el almacenamiento masivo de datos, la ciberseguridad o el mantenimiento de centros de datos, que amplían aún más la huella total de estas tecnologías sin ser fácilmente perceptibles. Frente a este panorama, resulta imprescindible replantear el desarrollo de la IA desde una perspectiva que incorpore criterios de sostenibilidad, equidad y responsabilidad. Esto implica promover políticas públicas que incentiven el uso de energías limpias, mejorar la eficiencia del hardware y del software, y fomentar un uso responsable de la IA. Solo mediante este enfoque será posible garantizar que la inteligencia artificial contribuya al bienestar colectivo sin agravar las crisis ambientales y las desigualdades existentes.

Li, C. (2025). AI and the ugly environmental footprint it leaves behind. The Morningside Review, 20. 

McGovern, S. (2025, junio 28). Measuring the environmental cost of artificial intelligence and their data centers. Hoosier Environmental Council. 

Winsta, J. (2025). The hidden costs of AI. arXiv. 

El nacionalismo romántico I: Sabino Arana y el volksgeist

Sabino Arana (1865–1903) fue el principal formulador (junto a su hermano Luis) del nacionalismo vasco moderno y su ideario político se inscribe claramente en el romanticismo político de finales del siglo XIX, especialmente en la tradición del Volksgeist (el “espíritu del pueblo”) heredada del romanticismo alemán. Ideología que influye también de forma decisiva en el movimiento supremacista ario del nacional-socialismo de Hitler. Para Arana, la nación vasca no era el resultado de un pacto cívico o de una historia política compartida, sino una realidad esencial, casi metafísica, definida por la raza, la lengua, la religión y las costumbres. Esta concepción esencialista constituye el núcleo de su pensamiento y, a la vez, su principal debilidad teórica. Simplificando, "el pueblo vasco" sería una especie de sustancia atemporal, única y homogénea que perdura a través de los siglos.

Desde una perspectiva crítica, el aspecto más problemático del ideario aranista es su reduccionismo identitario. Arana entendía al “pueblo vasco” como una entidad homogénea, pura y ahistórica, ignorando deliberadamente la complejidad social, cultural y política de la sociedad vasca real. Este enfoque romántico del “espíritu del pueblo” sustituye el análisis histórico y material por una mitificación del pasado, donde los fueros, la lengua y la religión católica se convierten en símbolos intocables. El resultado es una visión excluyente, incapaz de integrar la diversidad interna y los procesos de mestizaje cultural propios de cualquier sociedad moderna, avanzada y civilizada.

Miembros del PNV rindiendo homenaje al racista y misógino de Sabino Arana
Otro rasgo profundamente criticable es el racismo presente en su pensamiento. Arana atribuyó a la “raza vasca” cualidades morales superiores y consideró a los no vascos —especialmente a los inmigrantes— como una amenaza para la integridad nacional. Este planteamiento, hoy claramente incompatible con cualquier ética democrática, no fue un simple exceso retórico, sino un componente estructural de su nacionalismo romántico, que confundía identidad cultural con determinismo biológico. Desde una óptica académica, este racismo evidencia los límites del romanticismo político cuando se absolutiza el “espíritu del pueblo” y se lo separa de principios universales de igualdad y ciudadanía.

Finalmente, el ideario de Arana muestra una tensión irresuelta con la modernidad política. Su nacionalismo, profundamente antiliberal en sus orígenes, desconfía del pluralismo, del racionalismo ilustrado y del Estado moderno, sustituyéndolos por una comunidad moral idealizada y cerrada. Esta nostalgia política, más emocional que analítica, impide pensar la nación como un proyecto dinámico y compartido, y la reduce a una esencia que debe ser preservada frente al cambio.

En síntesis, el pensamiento de Sabino Arana, aunque históricamente influyente, ejemplifica los riesgos del romanticismo político basado en el “espíritu del pueblo”. Este genera una mitificación del pasado, una exclusión identitaria y el rechazo de una concepción cívica y plural de la sociedad. Su legado, por tanto, debe ser analizado críticamente no solo como origen del nacionalismo vasco, sino también como advertencia teórica sobre los límites del esencialismo nacional. De esta base ideológica -racista, misógina y excluyente- beben y presumen en la actualidad los nacionalistas vascos, especialmente el Partido Nacionalista Vasco (PNV).

A veces la ¿ignorancia? sobre la historia lleva a la gente a hacer cosas extrañas. Por ejemplo, en la imagen que acompaña a esta entrada se muestra un homenaje del PNV por el 150 aniversario del nacimiento de Sabino Arana, en él hay varias mujeres, que, o bien no han leído la obra del autor, o han leído la obra censurada por el PNV, ya que Sabino Arana dijo de las mujeres auténticas barbaridades:

"La mujer es vana, es superficial, es egoísta, tiene en sumo grado todas las debilidades propias de la naturaleza humana"

"Uno de tus deberes es estar sumisa a mis mandatos y obedecerme en todo lo que no vaya contra Dios" (carta a su mujer)

"Si te reprendo es porque te quiero como Dios Nuestro Señor (y perdóneme Él la comparación) suele reprender a un alma" (carta a su mujer)

El PNV sabe perfectamente que su líder era misógino, racista y machista, mucho más que otros intelectuales de su época, y de una forma burda lo intenta justificar en este escrito. No hace falta que nos cuenten estas cosas, ya sabemos que la historia tiene un contexto, pero autores anteriores a Sabino dijeron de las mujeres cosas como estas:

"La sujeción de la mujer al hombre es un apriorismo: no se funda en ningún dato experimental contradictorio, y por consecuencia es irracional." John Stuart Mill (Reino Unido, 1806-1873)

O simplemente leyendo la magnifica obra de Don Benito Pérez Galdós (1843-1920):

Aspiro a no depender de nadie, ni del hombre que adoro. [...] Quiero, para expresarlo a mi manera, estar casada conmigo misma, y ser mi propia cabeza de familia

Podríamos seguir con más ejemplos, incluso algunos más antiguos en el tiempo sobre la defensa de la mujer. Cada uno elige libremente a sus autores, aquellos con los que más identificado se siente.....el PNV y sus miembros ya los eligieron.

Poco a poco iré desgranado los nacionalismos románticos y sus perniciosas consecuencias para la historia de Europa y de España.

Realismo sucio: lo cotidiano hecho historia

El realismo sucio es un estilo literario caracterizado por su economía expresiva, su tono sobrio y su enfoque en los aspectos más cotidianos, ásperos y a menudo incómodos de la vida. Surgido principalmente en Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX, este movimiento se asocia con autores que optan por una prosa minimalista, despojada de adornos retóricos y centrada en lo esencial. Las historias suelen desarrollarse en entornos urbanos o suburbanos, donde predominan personajes marginales o desencantados. Los autores cuentan historias de trabajadores precarios, alcohólicos, parejas en crisis o individuos atrapados en rutinas monótonas. La narración evita juicios explícitos y explicaciones psicológicas profundas, dejando que los hechos y los diálogos, a menudo secos y fragmentarios, hablen por sí mismos. Esta aparente simplicidad es, en realidad, una técnica cuidadosamente elaborada que busca generar un efecto de autenticidad y cercanía, obligando al lector a completar los vacíos y a interpretar lo no dicho. El lenguaje es directo, incluso crudo, y prescinde de metáforas elaboradas o descripciones extensas, lo que refuerza la sensación de inmediatez y realismo.

En cuanto a sus temas, el realismo sucio se centra en la alienación, la frustración, el fracaso y la banalidad de la existencia contemporánea. Lejos de los grandes acontecimientos o de las tramas complejas, estas obras exploran momentos aparentemente insignificantes que revelan tensiones profundas en la vida de los personajes. El estilo contribuye a una atmósfera de desencanto, donde los sueños suelen estar ausentes o ya han sido abandonados. Sin embargo, dentro de esta visión pesimista, también se perciben destellos de humanidad y una cierta compasión implícita hacia los personajes, que continúan adelante a pesar de sus limitaciones. La estructura narrativa tiende a ser lineal y abierta, con finales muy ambiguos que rehúyen la resolución tradicional. Esta falta de cierre refuerza la idea de que la vida, al igual que en estas historias, carece de respuestas claras o finales definitivos. En conjunto, el realismo sucio propone una mirada honesta, sin idealizaciones, que encuentra significado en lo ordinario y que, mediante su estilo contenido, logra transmitir la intensidad de lo cotidiano.

Entre los principales autores del realismo sucio destacan Raymond Carver, considerado una figura central por su estilo minimalista y sus relatos sobre la vida cotidiana; Charles Bukowski, cuya obra aporta un tono más crudo y autobiográfico; Richard Ford reconocido por sus historias sobrias y precisas.

Novelas americanas interesantes

  • Pastoral americana de Philip Roth
  • Caía una lluvia intensa de Don Carpenter
  • Tortilla flat de John Steinbeck
  • No es país para viejos de Cormac McCarthy
  • La carretera de Cormac McCarthy
  • Paloma solitaria de Larry McMurtry


El vaso sucio

El vaso estaba sucio, pero me daba igual. Lo llené con el poco whisky que quedaba en la botella. No mucho, pero suficiente. Después, encendí un cigarrillo, las cerillas estaban húmedas, hasta la tercera no conseguí encenderlo. Prendió, el humo disimuló el olor a viejo y rancio de la cocina. Días sin abrir las ventanas. Miré el reloj, ya eran las tres y el teléfono sin sonar. Me daba igual, ya nadie me llamaba desde hace días. Pensé en salir, pero no tenía donde ir. Ni dinero. Ni ganas. Di otro trago, el hielo se había desecho y el whisky ya solamente era un recuerdo antiguo.


Lo anterior podría ser un ejemplo de un aficionado en un estilo literario de realismo sucio, al estilo de Raymond Carver, Charles Bukowski o Richard Ford.

La Larga Marcha de Stephen King: no termina de convencer

Publicada bajo el seudónimo de Richard Bachman, La larga marcha constituye una de las obras más inquietantes y conceptualmente sugestivas de Stephen King. En ella, el autor plantea una competición brutal en la que cien adolescentes deben mantener una velocidad mínima de marcha —6,5 km/h— bajo amenaza de muerte inmediata. El último superviviente obtiene un premio ilimitado. A partir de esta premisa, King construye una narración que combina tensión psicológica, crítica social y exploración de los límites humanos. Sin embargo, pese a su innegable capacidad para atrapar al lector y sostener una trama compleja, la novela presenta también debilidades significativas en términos de verosimilitud, construcción del contexto distópico y profundidad psicológica de sus personajes.

Uno de los mayores logros de La larga marcha es su extraordinaria capacidad para mantener el interés narrativo hasta el final. Desde las primeras páginas, el lector se ve inmerso en una dinámica de tensión constante que no decrece, sino que se intensifica progresivamente. King demuestra aquí una notable habilidad para dosificar la información y administrar el ritmo, transformando una acción aparentemente repetitiva —caminar— en una experiencia narrativa profundamente absorbente. Cada paso, cada advertencia, cada caída se convierte en un acontecimiento significativo dentro de un sistema de reglas implacable. Aquí se ve la maestría de Stephen King a la hora de narrar. La novela consigue evitar la monotonía mediante la introducción de los conflictos y relaciones interpersonales entre los participantes. Las conversaciones, rivalidades y alianzas momentáneas aportan dinamismo a una trama que, en manos menos hábiles, podría haberse vuelto estática y profundamente aburrida. Además, la progresiva degradación física y mental de los personajes genera un crescendo dramático que culmina en un desenlace inquietante y ambiguo. El lector no solo quiere saber quién ganará, sino cómo cada individuo enfrentará su propio límite, lo que refuerza el componente existencial de la obra. Otro aspecto positivo destacable es la capacidad de King para narrar una historia compleja de forma relativamente eficaz. Aunque la premisa es sencilla, las implicaciones que se derivan de ella son profundas. La novela explora temas como la obediencia ciega a la autoridad, la banalización de la violencia, la competitividad extrema y la deshumanización en contextos de espectáculo. Todo ello se presenta sin necesidad de largos discursos teóricos, sino a través de la acción y el comportamiento de los personajes. La estructura narrativa también contribuye a esta complejidad bien gestionada. La historia avanza de manera lineal, pero está cargada de matices simbólicos y lecturas posibles. La marcha puede interpretarse como una metáfora de la vida, de la presión social o incluso del sistema capitalista, en el que solo unos pocos sobreviven a costa de los demás. King logra, en este sentido, un equilibrio entre accesibilidad y profundidad, permitiendo que la novela funcione tanto como relato de suspense como reflexión alegórica.

Uno de los puntos más problemáticos de la obra es su escasa credibilidad en términos físicos. La premisa de mantener una velocidad mínima de 6,5 km/h durante días enteros resulta, desde un punto de vista fisiológico, altamente cuestionable. Incluso para individuos en excelente forma física, sostener ese ritmo de marcha continua sin descanso prolongado es prácticamente imposible, especialmente en una marcha sobre asfalto. La resistencia humana tiene límites bien definidos, y la novela, en este aspecto, parece ignorarlos o subestimarlos. Probablemente King nunca ha hecho una larga marcha.....Esta falta de verosimilitud puede afectar a la suspensión de la incredulidad del lector, especialmente en una obra que pretende generar tensión a partir de la plausibilidad de sus reglas. Si el fundamento físico del desafío resulta poco convincente, el impacto de la historia puede verse debilitado. Aunque la ficción permite ciertas licencias, en este caso la exigencia extrema de la marcha roza lo inverosímil, lo que puede generar una desconexión con la experiencia narrativa. Otro aspecto negativo relevante es la ausencia de un contexto distópico suficientemente desarrollado. La novela presenta un escenario autoritario en el que este tipo de competición es posible, pero apenas ofrece información sobre el sistema político, social o cultural que lo sustenta. Sabemos que existe una figura de poder —el Comandante— y que la sociedad acepta o incluso celebra la marcha, pero no se explican las razones ni las condiciones que han llevado a esta normalización de la violencia y a este nivel de degradación de la sociedad. Esta falta de contexto limita la profundidad de la crítica social implícita en la obra. A diferencia de otras novelas distópicas que construyen mundos complejos y coherentes, La larga marcha se centra casi exclusivamente en el evento central, dejando en la sombra el entorno que lo hace posible. Como resultado, el lector carece de herramientas para comprender plenamente el significado del sistema que organiza la marcha, lo que reduce el alcance interpretativo de la novela. Asimismo, la construcción psicológica de los personajes resulta, en muchos casos, insuficiente. Aunque King introduce una variedad de participantes con rasgos diferenciados, no profundiza de manera consistente en sus motivaciones, conflictos internos o evolución emocional. Los personajes funcionan más como arquetipos que como individuos plenamente desarrollados, lo que puede dificultar la identificación del lector con sus experiencias. Esta carencia se hace especialmente evidente en la falta de explicación sobre por qué los jóvenes deciden participar en una competición con una probabilidad de muerte tan alta. La novela sugiere factores como la fama, el premio o la presión social, pero no ofrece un análisis detallado de estas motivaciones. En consecuencia, las decisiones de los personajes pueden parecer arbitrarias o poco realistas, lo que debilita la coherencia interna de la historia.

En conclusión, La larga marcha es una novela que destaca por su capacidad para mantener la tensión narrativa y por su habilidad para articular una historia compleja a partir de una premisa sencilla. Stephen King demuestra un dominio notable del ritmo y la construcción de suspense, creando una obra que atrapa al lector desde el inicio hasta el desenlace. Sin embargo, estas virtudes conviven con debilidades significativas, como la falta de verosimilitud física, la escasa elaboración del contexto distópico y la limitada profundidad psicológica de los personajes. A pesar de ello, la novela sigue siendo una propuesta provocadora y sugerente, capaz de generar reflexión sobre la condición humana y los límites de la resistencia, tanto física como moral. No es lo mejor de King.

Valeriano Weyler y Nicolau (1838–1930): los coletazos finales del colonialismo decimonónico español

Valeriano Weyler y Nicolau (1838–1930) fue un militar y político español, una figura clave —y muy polémica— en la historia colonial de España a finales del siglo XIX. Nació en Palma de Mallorca y desarrolló una larga carrera militar que lo llevó a participar en múltiples conflictos, tanto en la península como en las colonias. Estas colonias, que a estas alturas de la historia de España se parecían más a un colonialismo extractivo -como el francés, inglés o belga- que a un imperio constructor (como sucedió a lo largo del Imperio Español de los Austrias).

Weyler es especialmente conocido por su papel como Capitán General de Cuba durante la Guerra de Independencia cubana. Fue enviado por el gobierno español en 1896 con el objetivo de sofocar la insurrección independentista. Para ello, aplicó una estrategia extremadamente dura conocida como la política de reconcentración, que consistía en obligar a la población rural a trasladarse a zonas controladas por el ejército español para aislar a los insurgentes. Esta medida provocó condiciones de vida deplorables —hambre, enfermedades y alta mortalidad— y generó una fuerte condena internacional, especialmente en Estados Unidos. Por este motivo, Weyler fue apodado “El Carnicero” por la prensa extranjera. Luego, EEUU imitaría estas políticas en Vietnam, claro, pero para ellos era una forma "de luchar por la libertad de los pueblos".

Más allá de Cuba, su carrera incluyó destinos relevantes como Filipinas y Canarias, además de ocupar cargos políticos en España, como ministro de la Guerra en varias ocasiones. Era considerado un militar disciplinado, metódico y muy firme en sus convicciones, pero también inflexible y poco dado a soluciones políticas o negociadas. Desde el punto de vista histórico, su figura es compleja. Para algunos sectores de la época representaba la defensa del orden y la autoridad del Estado en un momento de crisis imperial; para otros, simboliza los excesos del colonialismo y la brutalidad de ciertas estrategias militares. Su actuación en Cuba, en particular, contribuyó a deteriorar aún más la imagen internacional de España y fue uno de los factores que alimentaron el clima previo a la Guerra hispano-estadounidense.

En resumen, Valeriano Weyler fue un personaje decisivo en el final del imperio colonial español, recordado tanto por su eficacia militar como por la dureza —y consecuencias humanas— de sus métodos nada humanos.

Posmodernidad: cuando la irracionalidad lo domina todo

El postmodernismo surge como un movimiento cultural, artístico y filosófico que comenzó a gestarse entre las décadas de 1960 y 1970, representando una ruptura fundamental con los valores de la Ilustración y el proyecto de la modernidad occidental. Desde un punto de vista filosófico, se define principalmente por su escepticismo radical hacia la existencia de una verdad objetiva y universal, sosteniendo que el conocimiento y la realidad tienen una naturaleza intrínsecamente relativa y fragmentada. Mientras que la modernidad confiaba plenamente en la razón, la ciencia y la tecnología como herramientas infalibles para alcanzar un progreso lineal y mejorar la vida humana, el pensamiento postmoderno cuestiona estos pilares, sugiriendo que la razón no es la única vía de conocimiento y que las verdades establecidas son, en realidad, construcciones sociales sujetas a revisión constante por la experiencia humana. Es crucial distinguir entre la posmodernidad, entendida como la condición histórica y social de las sociedades avanzadas —caracterizada por la globalización, la aceleración tecnológica y la sobreabundancia de información—, y el postmodernismo, que constituye el conjunto de ideas intelectuales que interpretan y critican ese contexto. Esta corriente promueve la diversidad cultural y la diferenciación individual, invitando a los sujetos a desconfiar de los sistemas de autoridad tradicionales y a reconocer que no existe una única manera de percibir el mundo, sino una multiplicidad de perspectivas igualmente válidas según el contexto social y las tradiciones intelectuales. En última instancia, la filosofía postmoderna se aleja de la búsqueda de grandes explicaciones para centrarse en cómo los individuos y los grupos minoritarios construyen su propio significado en un presente inmediato donde el futuro suele percibirse como incierto o desalentador.
Michel Foucault

En el ámbito del pensamiento, el desarrollo del postmodernismo no sería comprensible sin las aportaciones de figuras clave que cuestionaron las bases del lenguaje y las estructuras de autoridad. Uno de los antecedentes más significativos se encuentra en el lingüista Ferdinand de Saussure, quien argumentó que los signos son arbitrarios y que el lenguaje es una construcción humana que precede a nuestra capacidad de conocimiento. Inspirado en estas ideas, Jacques Derrida desarrolló la deconstrucción, una herramienta analítica que sostiene que el significado de los textos nunca es fijo ni transparente, sino que está lleno de tensiones internas que impiden una verdad definitiva. Por su parte, Jean-François Lyotard, en su obra La condición postmoderna, acuñó el término al definir el movimiento como una "incredulidad hacia las meta-narrativas" o grandes relatos. Estas meta-narrativas, como el marxismo o el progreso científico, prometían sociedades justas mediante valores universales, pero para Lyotard habían perdido legitimidad, siendo sustituidas por discursos locales y fragmentados. Otro pilar fundamental es Michel Foucault, quien analizó la relación intrínseca entre el poder y el conocimiento; para él, el poder no se posee, sino que se ejerce a través de discursos que clasifican y ordenan a los sujetos, como ocurre en la medicina o el derecho. A este grupo se suman pensadores como Jean Baudrillard, que introdujo el concepto de hiperrealidad, donde las simulaciones y las imágenes mediáticas sustituyen a la realidad tangible; Fredric Jameson, quien analizó el postmodernismo como la "lógica cultural del capitalismo tardío"; y Zygmunt Bauman, con su concepto de "modernidad líquida", que describe la fluidez e inestabilidad de las estructuras sociales contemporáneas. Finalmente, Gilles Deleuze enfatizó que el lenguaje es una fuerza productiva que no solo describe el mundo, sino que crea modos de vida y posibilidades de ser.

Zygmunt Bauman
Desde la vertiente estética, el postmodernismo transformó radicalmente las artes y la literatura al rechazar los cánones tradicionales de la belleza y la objetividad. Los artistas de esta corriente abandonaron la idea de la obra de arte como un objeto estático y permanente, inclinándose hacia representaciones pasajeras o monumentales que desafiaban el contexto convencional de los museos. Un ejemplo destacado de este giro es la obra de Allan Kaprow, quien propuso las "performances". Estos eran eventos artísticos basados en la improvisación donde la audiencia podía participar, rompiendo la barrera entre creador y espectador. Simultáneamente, surgió el fotorrealismo como una respuesta irónica que, mediante una atención obsesiva al detalle, creaba pinturas que parecían fotografías de individuos ordinarios en vidas simples, enfatizando la superficialidad y lo cotidiano. En la literatura, el movimiento dio paso a la hibridación de géneros y al uso de la ironía y la parodia como estrategias para cuestionar las normas establecidas. El realismo mágico, encabezado por figuras como Gabriel García Márquez, ejemplifica esta sensibilidad al fusionar eventos realistas con trasfondos fantásticos, sugiriendo que la percepción de la realidad depende enteramente del punto de vista individual. Asimismo, autores como Milan Kundera utilizaron la fantasía no solo como escape, sino como un medio para examinar dilemas morales profundos en una condición humana marcada por la incertidumbre. La estética postmoderna se caracteriza, en suma, por celebrar la mezcla de la alta cultura con la cultura popular, la fragmentación de la identidad —vista ahora como algo performativo que se construye mediante prácticas sociales— y un enfoque en el presente, bajo el lema de que lo inmediato es lo único que realmente importa.

Sin embargo, a pesar de sus contribuciones para visibilizar voces marginales y cuestionar sesgos históricos, el postmodernismo ha sido objeto de severas críticas debido a su irracionalismo y su rechazo a la verdad objetiva. Al sostener que no existen criterios objetivos para evaluar las creencias y que la verdad es simplemente un acuerdo social sostenido por el poder, esta corriente incurre en un relativismo epistémico que puede resultar paralizante. Críticos como Jürgen Habermas han señalado que el postmodernismo no supera a la Ilustración, sino que actúa como una forma de "contrailustración" que reduce la razón a un simple instrumento de dominación, lo cual socava la propia validez de la crítica que intenta realizar. Si toda afirmación es relativa, la premisa "todo es relativo" se muerde la cola en una contradicción lógica insalvable. Uno de los episodios más notorios que evidenció la falta de rigor argumentativo en ciertos sectores postmodernos fue el "Escándalo Sokal" en 1996, donde el físico Alan Sokal publicó un artículo deliberadamente absurdo en una revista prestigiosa para demostrar cómo el uso de jerga científica enrevesada podía enmascarar una ausencia total de sentido. Esta falta de estándares de evidencia no es solo un problema académico; tiene consecuencias políticas y sociales graves, ya que al romper la brújula de la verdad, se dificulta la construcción de diagnósticos compartidos y la acción colectiva necesaria para combatir injusticias reales. Si una teoría científica y una conspiración de internet compiten en igualdad de condiciones bajo el pretexto de ser "relatos" diferentes, se pierde la capacidad de evaluar la evidencia de manera crítica. Por ello, voces como las de Ceberelli o Garard defienden que el desafío actual no es abandonar la razón, sino renovar el proyecto ilustrado, corrigiendo sus excesos pero preservando la búsqueda de la verdad y la argumentación fundada como únicas herramientas reales para la emancipación humana, pues sin ellas, solo queda el relato de quien tenga más poder para imponerlo.


Fuentes:


    La Taberna Ilustrada: El bien común ¿realidad o ficción?

    Este es un análisis detallado del programa de La Taberna Ilustrada titulado El bien común: ¿realidad o ficción? - YouTube:

    1. Resumen Breve del Contenido

    El programa se centra en desentrañar la naturaleza del bien común, partiendo de la premisa de que conversar con amigos es un camino para alcanzar verdades valiosas. Los invitados debaten si el bien común es una mera suma de intereses individuales, como sostiene el liberalismo, o una realidad superior que permite la perfección del ser humano en comunidad. La discusión transita desde los orígenes aristotélicos y tomistas del concepto hasta su relación con la justicia social, el poder soberano del Estado y el conflicto histórico entre el poder espiritual y el poder temporal.

    2. Lista de Invitados

    El programa, moderado por Julio, contó con la participación de:

    • Pedro Insua: Filósofo que se estrena en la taberna, aportando una visión racionalista, materialista y crítica.
    • Javier Crevillén: Participante habitual que aporta la perspectiva de la tradición y la teleología.
    • Ramón de la Meer: Quien realiza un análisis desde la filosofía política clásica y la escolástica.
    • Dani de Fernando: Quien aporta matices sobre la modernidad y la sociología política.

    3. Diferentes Posturas y Temas Tratados

    Definición y Fundamentación del Bien Común

    • El Logos y la Comunidad: Ramón de Meer explica, siguiendo a Aristóteles, que el hombre es un animal político porque posee logos (palabra), lo cual genera algo común (koinon) que habilita la comunidad. El bien de lo político es lo que permite al ser humano alcanzar su perfección racional.
    • Rechazo al Reduccionismo Liberal: Dani de Fernando sostiene que el bien común no es la suma de bienes individuales, comparándolo con El Quijote, que no es solo una suma de letras o palabras, sino un todo misterioso y superior.
    • Teleología y Naturaleza: Javier Crevillén argumenta que la comunidad política tiene un fin propio que es su propia perfección. Niega la dicotomía entre bien privado y bien público, afirmando que un bien privado es "más bien" cuanto más público (común) es.

    El Estado y la Soberanía

    • Supremacía del Estado: Pedro Insua define al Estado como la asociación suprema que encierra a todas las demás (familia, empresa). Sostiene que el bien del Estado se impone sobre la vida de los individuos (en caso de guerra), sobre la empresa (expropiación) y sobre la familia (patria potestad en casos de maltrato).
    • Crítica al Estado Moderno: Ramón de Meer señala un cambio peligroso de la modernidad: el paso del bien común al "bien del Estado" como un ser con sustancia propia (el Leviatán de Hobbes), lo que puede convertir al Estado en algo opresor y disociado de los bienes personales.

    Poder Espiritual vs. Poder Temporal

    • La Teoría de las dos espadas: Se debate la relación entre el poder civil (secular) y el eclesiástico (espiritual).
    • Posturas Históricas: se analizan el Cesaropapismo (Estado absorbe a la Iglesia), el Agustinismo político (Iglesia sobre el Estado) y la posición intermedia de Santo Tomás de Aquino, que reconoce la independencia de la razón política respecto a la fe.
    • La Razón como base de la política: Pedro Insua defiende que la política debe basarse en la razón, que es común, y no en la fe, que es particular. Argumenta que convertir una tribuna política en un púlpito es un desastre que divide a la sociedad.

    El Bien Común Universal

    • Derecho de gentes: Se discute la tesis de Francisco de Vitoria sobre una res publica humana universal.
    • Límites del universalismo: Javier Crevillén duda de la existencia de un bien común global, pues este requiere una "amistad civil" y una cercanía que no se da a nivel universal, quedando reducido a una "aspiración moral".

    4. Listado de Libros Recomendados con sus Autores

    Hacia el final del programa, los invitados sugirieron las siguientes obras:

    • De potestate civili (Sobre el poder civil) – Francisco de Vitoria.
    • Ethos y Polis – Alfredo Cruz Prados.
    • De Regno (Sobre el Reino) – Santo Tomás de Aquino.
    • De Monarchia – Dante Alighieri.
    • La ciudad de Dios – San Agustín.

    También se mencionaron autores como Danilo Castellano por su capacidad para explicar estos conceptos con claridad. El programa concluyó con una reflexión sobre cómo, sin un principio trascendente (Dios), conceptos como el derecho natural o la propia naturaleza pierden su fundamento último.