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El Universo de The Walking Dead

El llamado Universo The Walking Dead constituye uno de los fenómenos televisivos más influyentes del siglo XXI. Iniciado con la serie matriz, The Walking Dead, el proyecto se expandió con el paso de los años hasta conformar un entramado narrativo complejo que abarca múltiples series derivadas, líneas temporales paralelas y desarrollos geográficos diversos. Lo que comenzó como la adaptación del cómic homónimo de Robert Kirkman terminó transformándose en una franquicia global que redefinió el género zombi en televisión, apostando no solo por el horror, sino por el drama humano, la ética en tiempos de colapso y la construcción (y destrucción) de comunidades.

La serie original, estrenada en 2010 y desarrollada inicialmente por Frank Darabont, arranca con una de las imágenes más icónicas de la televisión contemporánea: Rick Grimes despierta de un coma en un hospital vacío para descubrir que el mundo ha sucumbido a un apocalipsis zombi. La primera temporada, breve pero contundente, se centra en la reunión de Rick con un pequeño grupo de supervivientes en Atlanta y plantea la pregunta central de toda la franquicia: ¿cómo se conserva la humanidad cuando la civilización ha desaparecido? La segunda temporada ralentiza el ritmo y sitúa la acción en la granja de Hershel Greene, profundizando en los dilemas morales y en la tensión interna del grupo. Es aquí donde comienza a desarrollarse el conflicto entre Rick y Shane, que culmina en una ruptura irreversible y marca el tránsito del protagonista hacia un liderazgo cada vez más endurecido.

La tercera y cuarta temporada amplían el mundo narrativo con la prisión y la irrupción del Gobernador, uno de los antagonistas más recordados. La caída de la prisión simboliza la imposibilidad de mantener estructuras estables en un entorno dominado por la violencia. La quinta temporada introduce Terminus y refuerza la brutalidad del nuevo orden: los humanos son más peligrosos que los caminantes. Es también el momento en que el grupo llega a Alexandria, una comunidad aparentemente civilizada que contrasta con la experiencia extrema de los protagonistas. La sexta y séptima temporadas giran en torno a la amenaza de Negan y los Salvadores, cuyo dominio despótico pone a prueba la cohesión de las comunidades. La ejecución de personajes clave consolida el tono trágico y subraya que nadie está a salvo.

La octava temporada culmina la guerra contra Negan, pero marca también el principio del fin para Rick Grimes dentro de la serie. En la novena, tras un salto temporal, Rick desaparece en la explosión de un puente y es dado por muerto por su comunidad, mientras que en secreto es rescatado por la República Cívica Militar (CRM). Este suceso altera profundamente la línea temporal y abre la puerta a futuros spin-off. La novena y décima temporadas se centran en la amenaza de los Susurradores, liderados por Alpha y Beta, quienes adoptan una filosofía radical de integración con los caminantes. Finalmente, la undécima temporada introduce la Commonwealth, una vasta red de comunidades que intenta restaurar un modelo de sociedad preapocalíptica, cerrando el ciclo narrativo en torno a la reconstrucción institucional.

En paralelo al núcleo principal, el universo se expandió con Fear the Walking Dead, que comienza justo en los primeros días del brote en Los Ángeles. A diferencia de la serie original, que inicia con el mundo ya colapsado, este spin-off muestra la desintegración progresiva del orden social. Sus primeras temporadas siguen a la familia Clark-Manawa mientras intentan adaptarse a un entorno cada vez más hostil. Con el tiempo, la narrativa se entrelaza con la serie principal mediante la incorporación de Morgan Jones, desplazando el eje geográfico hacia Texas y profundizando en la idea de redención y liderazgo comunitario. Temporalmente, Fear avanza hasta situarse en paralelo con los acontecimientos posteriores a la guerra contra los Salvadores.

Otro proyecto relevante es The Walking Dead: World Beyond, ambientado aproximadamente diez años después del apocalipsis. Esta serie introduce de manera más explícita la República Cívica Militar, organización responsable del rescate de Rick. A través de un grupo de adolescentes criados en una comunidad relativamente estable, la ficción explora la generación que ha crecido sin memoria del mundo anterior, ampliando la mitología del universo y ofreciendo una perspectiva más institucional del nuevo orden global.

Tras el cierre de la serie matriz en 2022, la franquicia continuó con nuevas producciones centradas en personajes específicos. The Walking Dead: The Ones Who Live retoma la historia de Rick y Michonne, situándose cronológicamente tras su separación y abordando el reencuentro dentro del marco de la CRM. La serie profundiza en la dimensión romántica y política del universo, mostrando cómo las macroestructuras de poder condicionan incluso los vínculos más íntimos. Por su parte, The Walking Dead: Daryl Dixon traslada la acción a Francia, introduciendo una dimensión internacional al apocalipsis y sugiriendo variantes del virus en suelo europeo. En paralelo, The Walking Dead: Dead City sigue a Maggie y Negan en un Manhattan postapocalíptico, explorando la compleja relación entre víctima y verdugo en un entorno urbano devastado.

Desde el punto de vista temporal, el universo abarca desde los primeros días del brote (mostrados en Fear) hasta más de una década después, cuando nuevas generaciones y estructuras políticas emergen. Esta amplitud cronológica permite observar la evolución de los supervivientes desde el caos inicial hasta intentos de reconstrucción civilizatoria. La franquicia no se limita a narrar la supervivencia inmediata, sino que examina las fases de adaptación, guerra, institucionalización y memoria histórica.

La importancia de The Walking Dead en el panorama televisivo es innegable. Durante años fue una de las series más vistas del mundo, redefiniendo el alcance del cable estadounidense y demostrando que el terror podía sostener narrativas serializadas de largo recorrido. Su influencia se percibe en la proliferación de ficciones postapocalípticas centradas en el drama humano más que en el espectáculo gore. Además, consolidó el modelo de universo expandido en televisión, anticipando estrategias transmedia que luego adoptarían otras franquicias. Más allá de sus altibajos narrativos, el legado de The Walking Dead reside en haber convertido una historia de zombis en una reflexión sostenida sobre comunidad, poder, amor y moralidad en circunstancias extremas. Su impacto cultural, industrial y narrativo la sitúa como una de las producciones más determinantes de la televisión contemporánea.

Le he pedido a ChatGPT que me genere una infografía sobre este mundo (hace falta una guía para no perderse):



Daryl Dixon y la delirante geografía de España: un viaje al absurdo histórico

El segundo episodio de la tercera temporada de Daryl Dixon es, sin duda, una obra maestra… si el objetivo fuese demostrar hasta qué punto los guionistas estadounidenses desconocen la historia y geografía de España. Desde el primer minuto, el espectador se enfrenta a un collage geográfico imposible: Galicia, la región noroeste española, se ubica convenientemente “desde un pueblo de Segovia”. Este desliz espacial no es un accidente menor, sino la señal de una concepción del país que mezcla referencias históricas, culturales y geográficas con una libertad creativa que haría sonrojar a cualquier profesor de historia española.

La representación de Galicia es apenas un pretexto para desplegar un elenco de personajes igualmente delirantes. El alcalde, por ejemplo, parece extraído de una película sobre la Revolución Mexicana, con su sombrero de ala ancha, su bigote perfectamente peinado y su costumbre de gesticular dramáticamente cada vez que alguien pronuncia la palabra “cochino”. A eso unimos su heteropatriarcado y los tópicos -negrolegendarios- ya han quedado completamente actualizados. Y luego llegamos a la carrera de cochinillos, quizá la escena más icónica del episodio, donde los animales se convierten en jueces de un ritual que decidirá qué dama será entregada “El Alcázar”, un reducto que supuestamente alberga la monarquía hispánica. La idea de que la sucesión o el favor real pueda determinarse mediante la velocidad de un cochinillo es, por decirlo suavemente, una "reinterpretación creativa" de la tradición española. Alguien podría argumentar que es una metáfora sobre la arbitrariedad del poder, pero la evidencia empírica sugiere que se trata más bien de un ejemplo de cómo mezclar historia, geografía y zoología en un mismo escenario produce un resultado inverosímil, hilarante y ligeramente inquietante. A todo ello sumamos una vestimenta de los años 20-30 -como si después de una apocalipsis zombi en el SXXI no hubiera más que ropa de esa época-, da a la serie un toque de "descolocamiento" histórico.


El Alcázar, en esta lógica interna del episodio, se convierte en un símbolo sobre una monarquía -de nuevo negrolegendaria- que unifica la nación. La monarquía hispánica, que en la realidad ha sobrevivido siglos de guerras, reformas y constituciones, aquí se reduce a un objetivo narrativo que espera pacientes la llegada de la dama vencedora, con la solemnidad de un torneo de jardín de infantes. La simplificación es tal que uno no puede evitar preguntarse si los guionistas alguna vez consultaron un libro de historia de España, o si decidieron que “El Alcázar” sonaba lo suficientemente exótico y misterioso como para que el público promedio no cuestione la plausibilidad.

No menos delirante es la confusión entre regiones: Galicia y Segovia, que en la vida real están separadas por más de 600 kilómetros y por un clima completamente diferente, se presentan en el episodio como un mismo espacio geográfico, con algunas imágenes de patios que parecen más bien inspirados en el Álamo useño. España, en este caso, es un tablero de Monopoly donde los límites son flexibles y la geografía se ajusta a conveniencia dramática. Esta visión ignora montañas y ríos, pero, en el mundo de Daryl Dixon, estos detalles son simples accesorios para sostener la narrativa. La libertad creativa es encomiable, pero también genera escenas de una extrañeza que resulta difícil de olvidar. Uno puede reír, fruncir el ceño y preguntarse simultáneamente si está viendo un episodio de drama postapocalíptico o una versión televisiva de La Historia de España para Dummies.

El episodio también juega con el absurdo al combinar elementos de distintas épocas. La carrera de cochinillos parece inspirada en rituales medievales, el alcalde parece extraído de la revolución mexicana y “El Alcázar” evoca una monarquía hispánica que jamás existió. El resultado es un batiburrillo temporal que desafía cualquier noción de continuidad histórica. En la serie conviven siglos y símbolos de manera arbitraria, sin transición, como si el tiempo fuera un recurso maleable al servicio del guion. La coherencia histórica se sacrifica en favor del espectáculo y del humor involuntario, y el espectador queda atrapado en un limbo donde Galicia puede estar a un tiro de Segovia y un cochinillo puede decidir el destino de una dama frente a un palacio real. 

La ironía se profundiza cuando consideramos la intención dramática del episodio. En teoría, la trama debería transmitir tensión, peligro y la sensación de supervivencia extrema característica de Daryl Dixon. En la práctica, lo que prevalece es la fascinación por el absurdo, por un guion que parece decir “¿qué pasa si ignoramos todos los hechos históricos y geográficos? ¿qué tan extraño podemos hacerlo antes de que el espectador deje de seguirnos?”. La respuesta es que se puede llegar bastante lejos: el episodio logra entretener, sí, pero también provoca incredulidad y risas involuntarias, en un equilibrio precario entre la tensión dramática y la comedia surrealista.

En definitiva, el segundo episodio de la tercera temporada de Daryl Dixon ofrece una lección involuntaria sobre cómo no escribir España en la televisión estadounidense. Desde la ubicación errónea de Galicia hasta alcaldes sacados de la revolución Mejicana y carreras de cochinillos que deciden el destino de la monarquía hispánica. Todo parece diseñado para un público que no conoce la historia ni la geografía del país. Y, sin embargo, la extravagancia tiene un encanto propio: aunque los historiadores y geógrafos puedan gritar de indignación, los espectadores quedan atrapados en un relato que mezcla absurdo, tensión y curiosidad. Si quieres re-imaginar España desde un guion estadounidense, olvida mapas, historia y lógica temporal; confía en la imaginación desbordante, los cochinillos veloces y la libertad absoluta del absurdo.

El mundo de El Resplandor: cuando el mal cobra vida

El universo de El resplandor constituye uno de los ejemplos más ricos y complejos de expansión narrativa dentro de la cultura contemporánea del terror. Lo que comienza en 1977 como una novela profundamente personal de Stephen King —marcada por sus propios miedos, adicciones y obsesiones— se transforma con el tiempo en un entramado de reinterpretaciones, adaptaciones, secuelas y análisis que trascienden el texto original. Lejos de agotarse en una única versión “canónica”, El resplandor se convierte en un territorio simbólico compartido, donde literatura, cine y reflexión crítica dialogan, se contradicen y se enriquecen mutuamente. Este fenómeno no solo habla de la potencia de la obra original, sino también de su ambigüedad y capacidad para generar nuevas lecturas en contextos históricos y artísticos distintos.

La piedra fundacional de este universo es, sin duda, la novela El resplandor (The Shining, 1977). En ella, Stephen King articula una de sus exploraciones más profundas del terror psicológico, combinando lo sobrenatural con una intensa indagación en la culpa, la violencia heredada y la fragilidad de la estructura familiar. El Hotel Overlook emerge como una entidad malévola que actúa como espejo y amplificador de los conflictos internos de los personajes, especialmente de Jack Torrance, cuya progresiva caída resulta tan trágica como aterradora. La novela introduce además el concepto del “resplandor”, una forma de sensibilidad psíquica que permite percibir realidades ocultas, y que en el personaje de Danny adquiere una dimensión ética y emocional fundamental. Este núcleo temático —el mal como algo externo y orgánico, pero a la vez íntimo— será reinterpretado de formas muy distintas en las adaptaciones posteriores.

La versión cinematográfica dirigida por Stanley Kubrick en 1980 supone una ruptura radical con el espíritu de la novela, al tiempo que inaugura una nueva vida cultural para la historia. Kubrick transforma el relato en una experiencia fría, geométrica y profundamente ambigua, reduciendo al mínimo la explicación psicológica de los personajes y desplazando el foco hacia la atmósfera, el espacio, la estética y la percepción. El Hotel Overlook deja de ser solo un lugar cargado de historia para convertirse en una estructura casi abstracta, un laberinto mental que absorbe a sus habitantes. Esta reinterpretación fue duramente criticada por Stephen King, quien consideró que la película vaciaba de humanidad a sus personajes. Sin embargo, con el paso del tiempo, la versión de Kubrick se ha consolidado como una obra maestra del cine moderno, generando una influencia cultural descomunal y una infinidad de lecturas simbólicas que han ampliado el universo de El resplandor más allá de la intención original de su autor.

Precisamente como reacción a esta adaptación, surge en 1997 El resplandor en formato de miniserie televisiva, producida por la cadena ABC y con guion del propio Stephen King. Esta versión, mucho más fiel al texto literario, busca recuperar la dimensión emocional y psicológica de la novela, así como la progresión gradual de la caída de Jack Torrance. Al contar con una duración considerablemente mayor que la película de Kubrick, la miniserie permite desarrollar con más detalle el pasado de los personajes, su dinámica familiar y el carácter seductor y manipulador del Hotel Overlook. Aunque su impacto cultural fue menor y su realización carece del virtuosismo formal del filme de 1980, la miniserie resulta fundamental para entender el deseo de King de reivindicar su visión original y de reafirmar el carácter trágico, más que monstruoso, de su protagonista.

Décadas después, el universo de El resplandor se expande de manera inesperada con Doctor Sueño (Doctor Sleep), novela publicada por Stephen King en 2013 y adaptada al cine en 2019 por Mike Flanagan. Esta obra funciona simultáneamente como secuela literaria de El resplandor y como heredera del imaginario popular generado por la película de Kubrick. La historia sigue a un Danny Torrance adulto, marcado por los traumas de su infancia y por una lucha personal contra el alcoholismo, en un claro paralelismo con su padre. Doctor Sueño introduce nuevos elementos mitológicos, como la comunidad de villanos psíquicos conocida como el Nudo Verdadero, pero mantiene el eje central del resplandor como don y maldición. La adaptación cinematográfica resulta especialmente notable por su intento de conciliar dos universos aparentemente irreconciliables: el literario de King y el cinematográfico de Kubrick, convirtiéndose así en una pieza clave para comprender la evolución del mito.

Junto a las obras de ficción, El resplandor ha generado también un corpus significativo de documentales y ensayos audiovisuales que exploran su impacto cultural y simbólico. El más conocido es Room 237 (2012), un documental que analiza las múltiples interpretaciones —algunas extremas, otras provocadoras— que se han hecho de la película de Kubrick, desde lecturas políticas hasta teorías conspirativas. Aunque muchas de estas interpretaciones rozan lo especulativo -y en ocasiones lo absurdo-, el documental resulta revelador por mostrar hasta qué punto El resplandor ha trascendido su condición de película para convertirse en un objeto de análisis obsesivo. A esto se suman documentales como Making “The Shining” (1980), dirigido por Vivian Kubrick, que ofrece una mirada íntima al rodaje y refuerza el carácter casi mítico de la producción.

En conjunto, el universo de El resplandor demuestra cómo una obra de terror puede evolucionar hasta convertirse en un espacio cultural compartido, donde autor, cineastas y espectadores participan activamente en la construcción de significado. La tensión entre la visión profundamente humana de Stephen King y la reinterpretación formal y distante de Stanley Kubrick no debilita el conjunto, sino que lo enriquece, generando un diálogo permanente sobre la naturaleza del mal, la memoria y la identidad. Más que una historia cerrada, El resplandor es un territorio narrativo vivo, capaz de adaptarse, expandirse y seguir perturbando a nuevas generaciones, confirmando su lugar como uno de los grandes mitos del imaginario contemporáneo.

Algunas series a explorar en 2026

MobLand (Tierra de mafiosos) (2024)

La primera temporada se adentra en el mundo del crimen organizado londinense, siguiendo a una poderosa familia mafiosa enfrentada a rivalidades internas y externas. A través de traiciones, luchas de poder y violencia contenida, la serie muestra cómo los viejos códigos criminales chocan con un mundo moderno en el que la lealtad es cada vez más frágil. El foco está tanto en la jerarquía del clan como en las consecuencias personales de vivir permanentemente al borde del colapso.


Pluribus (del creador de Breaking Bad) (2025)

Ambientada en un futuro cercano, Pluribus plantea una sociedad que ha alcanzado una estabilidad casi perfecta a costa de manipular la identidad, la memoria y la verdad de los individuos. La primera temporada sigue a varios personajes que comienzan a detectar grietas en ese orden social, enfrentándose a dilemas éticos y existenciales sobre la libertad, la responsabilidad y la verdad. Es una serie de ciencia ficción reflexiva, con énfasis en los dilemas morales más que en la acción.


Yellowstone (2018)

La primera temporada presenta a la familia Dutton, propietaria del mayor rancho de Estados Unidos, mientras lidian con promotores inmobiliarios, comunidades indígenas y políticos que amenazan sus tierras. John Dutton lucha por mantener el legado familiar mientras sus hijos enfrentan ambiciones personales, conflictos morales y lealtades quebradas. Es un western contemporáneo que mezcla drama familiar, violencia y poder.


1883 (2021)

Precuela de Yellowstone, la primera temporada sigue el viaje de una caravana de colonos desde Texas hasta Montana tras la Guerra de Secesión. La historia muestra la dureza extrema del Oeste, el sacrificio y el precio físico y moral de la expansión hacia territorios desconocidos. Es un relato de supervivencia, pérdida y construcción de un mito familiar.


The Night Of (2016)

La serie sigue a un joven acusado de asesinato tras una noche aparentemente trivial en Nueva York. La primera temporada se centra en el proceso judicial, la transformación psicológica del acusado y el funcionamiento del sistema penal. Más que un thriller, es una disección lenta y opresiva de la culpa, la justicia y la maquinaria legal.


American Primeval (Érase una vez el Oeste) (2025)

Situada en el Oeste estadounidense del siglo XIX, la primera temporada retrata un territorio brutal y sin ley. La historia sigue a colonos, nativos y forajidos cuyas vidas se cruzan en un entorno donde la supervivencia es la única norma. La serie explora el choque de culturas, la violencia fundacional y el precio humano de la expansión hacia el oeste.


Sugar (2024)

La primera temporada sigue a John Sugar, un detective privado en Los Ángeles que investiga la desaparición de una joven vinculada a una poderosa familia de Hollywood. Lo que comienza como un caso de investigación tradicional deriva en un relato más enigmático, introspectivo y oscuro, con una atmósfera misteriosa que mezcla thriller y cine negro contemporáneo.


The Walking Dead: The Ones Who Live (2024)

La miniserie retoma la historia de Rick Grimes y Michonne, separados tras años de la serie original. La primera temporada se centra en su lucha por sobrevivir en mundos distintos y en el intento de reencontrarse. Más íntima que The Walking Dead, aborda el amor, la memoria y la identidad en un mundo postapocalíptico aún dominado por la violencia.


Bosch (2014)

La primera temporada sigue al detective Harry Bosch, un policía de Los Ángeles obsesionado con la justicia, mientras investiga el asesinato de un niño. Paralelamente, Bosch afronta un juicio por la muerte de un sospechoso y conflictos internos dentro del cuerpo policial. Combina procedimiento clásico con un retrato sombrío de la corrupción, la soledad y la obsesión moral.

El Rompehielos (2024): los fantasmas también habitan en el hielo

En los extensos paisajes árticos de Finlandia, donde el hielo parece devorar todo atisbo de vida, surge El Rompehielos como una de las propuestas televisivas más inquietantes del 2024. La serie, creada por Mia Ylönen y estrenada en AMC+, se sumerge en los códigos del nordic noir pero los tiñe de un terror fantástico que desde el primer momento se presenta inexplicable, casi intangible, logrando que el espectador quede atrapado por la sensación de no comprender del todo qué está pasando. Ese misterio inicial es, de hecho, uno de los mayores aciertos de la producción: cada personaje que aparece parece arrastrar un secreto, cada pasillo del barco encierra un eco invisible, y cada plano exterior de la inmensidad blanca funciona como un recordatorio de que la supervivencia aquí es tan improbable como lo es la verdad misma.

Uno de los mayores logros de la serie es su protagonista, interpretada con gran convicción por Jessica Grabowsky. Su Sanna Tanner, guardacostas arrastrada al epicentro de una pesadilla helada, resulta creíble, cercana y al mismo tiempo vulnerable, algo esencial en un relato donde lo inexplicable amenaza con devorar cualquier lógica. Su actuación se complementa con un elenco enigmático que parece diseñado para sembrar dudas constantes: no sabemos quién oculta qué, ni en qué punto los aliados pueden convertirse en enemigos, y aunque esta ambigüedad resulta estimulante, en ocasiones la serie peca de dar giros demasiado bruscos, transformando a personajes de buenos a malos en cuestión de escenas, lo que erosiona ligeramente la coherencia dramática. Sin embargo, este desconcierto también forma parte del hechizo: seguimos viendo porque necesitamos desentrañar quiénes son en realidad estas figuras atrapadas en el hielo.

Visualmente y acústicamente, El Rompehielos brilla con una fuerza hipnótica. La fotografía de los exteriores, con sus planos abiertos del mar helado y la noche polar, transmite un frío que atraviesa la pantalla. Pero es el interior del rompehielos lo que se lleva la palma: sus pasillos desiertos, sus salas iluminadas por luces mortecinas y su atmósfera densa convierten al barco en un personaje más, un ente fantasmagórico que parece tener voluntad propia. A ello se suma el uso eficaz de los flashbacks, que van dosificando información y conectando la trama con un trasfondo de mitología finlandesa que aporta un sabor único. Las leyendas de espíritus vengativos y presencias ancestrales flotan sobre el relato, reforzando la sensación de que estamos ante un horror que va más allá de lo humano, un mal que se funde con el propio paisaje.

No obstante, pese a estas virtudes, la serie no está exenta de sombras. En más de un episodio se tiene la impresión de que la trama avanza a trompicones, demasiado ocupada en recrear atmósferas como para dar explicaciones mínimas que sostengan el pacto de verosimilitud. Uno de los ejemplos más evidentes es la ausencia de una justificación clara sobre por qué los guardacostas no son rescatados, un detalle que, aunque secundario, hubiera aportado una base más sólida al relato. Lo mismo ocurre con algunas casualidades que acompañan a la protagonista, demasiado convenientes para ser creíbles y que, en exceso, pueden sacar al espectador de la historia. Y, sin embargo, todo esto forma parte del juego: El Rompehielos no pretende ser un relato lógico, sino un descenso a lo irracional, un viaje a un territorio donde las reglas de lo real se quiebran bajo el peso de lo mítico. Por eso, más allá de sus imperfecciones, la serie consigue lo más difícil: dejarnos helados, inquietos y deseando saber qué demonios acechan en la oscuridad del hielo.


¿Por qué The Last of Us es tan mala?

La serie The Last of us
Desde su anuncio, la adaptación de HBO del aclamado videojuego The Last of Us generó una expectación desmesurada. Como suele pasar, cuando un globo se hincha mucho, suele terminar mal, en este caso muy mal. Tras dos temporadas que se han hecho eternas, el entusiasmo inicial se ha desvanecido, revelando una serie que, lejos de capturar la profundidad y el impacto del videojuego, se ha desinflado en una experiencia televisiva que oscila entre lo meramente pasable y el auténtico fiasco. Si bien la primera temporada logró algunos aciertos, la segunda se ha hundido en una aburrida espiral de acción floja y casi ausencia total de terror, que han terminado por matar la serie y la conexión con sus personajes, dejando al espectador con una sensación de profunda decepción.

La primera temporada: un inicio irregular con varios capítulos de relleno

La primera temporada de The Last of Us fue recibida con cierto bombo, y es cierto que intentó ser respetuosa con el material original. Presentó su puesta en escena muy cinematográfica. Incluso, se alabó el trabajo de Pedro Pascal como Joel, en las redes sociales y demás webs de expertos se alabó mucho su interpretación. Todo ello exagerado e inflado, un actor limitado que interpreta a un personaje complejo al que no se le sabe sacar el suficiente partido. Ya empezamos a inflar las críticas en las redes sociales, y luego pasa lo que pasa, que la realidad es la que es.

una de las protagonistas sentada
No obstante, esta temporada no estuvo exenta de problemas que sentaron las bases para las deficiencias futuras. A pesar de los elogios generales, la serie no consigue alejarse de una comparativa simple y limitada con el videojuego. Hubo episodios que se sintieron como puro relleno, con historias irrelevantes y muy aburridas, con el mensaje woke tan de moda hoy en día. Ya en esta temporada el espectador que lleva muchas jornadas de cine y series a sus espaldas comienza a tener esa sensación de "esta protagonista es un fiasco ¿Cuándo se la comerá un infectado?". Porque esa es la sensación que despierta la protagonista: absolutamente insufrible. Esta primera temporada dejó al espectador sin ninguna gana de más, pero parece que el guionista es el único animal que tropieza dos y hasta tres veces en la misma piedra, y atacaron con una segunda temporada.

La segunda temporada: un auténtico fiasco y el declive definitivo

Si la primera temporada presentaba grietas de gran tamaño, la segunda ha sido un auténtico colapso creativo. Los siete episodios de esta entrega, que han costado mucho dinero, no lograron justificar su elevado presupuesto con una calidad narrativa o interpretativa que estuviera a la altura. La temporada ha sido un auténtico fiasco, desorganizado, sin trama, con episodios muy flojos. Solamente se salva el ataque de los infectados al poblado, el resto es prescindible, muy prescindible.

La serie ha sacrificado el terror y la tensión característicos del videojuego en favor de una acción aburrida y muy predecible. Los momentos importantes de infectados se limitan a un par de ataques y nada más, dejando el resto de la serie con una notable falta de tensión. La banda sonora también ha sido una decepción y carente de inspiración.

El gran problema radica en que, tras el impactante y brutal asesinato de Joel, la temporada no logra mantener el nivel. Los episodios posteriores son aburridos, se hacen largo y predecibles, incapaces de alcanzar un mínimo de altura dramática y lo más importante, un mínimo de terror.

Ellie: la protagonista que nadie quiere seguir

los dos protagonistas principales de la serie mirando un paisaje
El mayor lastre y, sin lugar a dudas, el principal punto de fracaso de la serie es la representación de Ellie a través de la actuación de Bella Ramsey. Aunque la serie se esforzó por ser fiel en localizaciones y secuencias, la elección de casting y la dirección actoral de la protagonista han sido un despropósito. Hay momentos en los que el espectador, frustrado, desearía que "se la coma un infectado", un sentimiento que, aunque drástico, encapsula la desconexión generada por el personaje. Cero empatía del espectador con ella, lo peor que puede pasar en una obra de cine.

Bella Ramsey no es capaz de interpretar al personaje, es una adolescente caprichosa y mal criada, más bien sacada de un barrio pijo, que de una apocalipsis zombi, donde se supone que la realidad ha curtido a las personas. Sobreactuación, falta de expresión, etc. La misma cara si está besando que si está matando a golpes a una persona. En definitiva, un desastre. Parece mentira que sea una serie de HBO, sí, la misma de True Detective.

Conclusión: un legado empañado

En resumen, The Last of Us de HBO, especialmente en su segunda temporada, es una serie con serios problemas de calidad. Si bien cuenta con elementos visuales impresionantes, una que otra escena de acción bien ejecutada y algunas actuaciones secundarias destacables, estas no logran compensar las deficiencias narrativas, el ritmo irregular y, sobre todo, la fallida y en ocasiones desagradable representación de su personaje central, Ellie. Es un desastre progre, especialmente la segunda parte, destruyendo una gran idea. Es una pena que una historia con tanto impacto emocional y complejidad moral en su formato original, haya encontrado en su versión televisiva una ejecución tan floja y, en ocasiones, irritante. Busquen otra serie si no han empezado a verla.


El Rompehielos (2024): crítica al vuelo

Datos Técnicos y Producción

Título original: Icebreaker

Título en español: Rompehielos

Año de producción: 2024

Género: Thriller de intriga, supervivencia, con elementos de terror psicológico y mitología nórdica

Creada por / Dirección: Creada por Mia Ylönen, dirigida por Pete Riski

Guionistas: Tuuli Kanervankallio, Nuutti Sihvonen y Mia Ylönen

Música: Salla Luhtala

Fotografía: Daniel Lindholm 

Productora: Helsinki-filmi; distribución: About Premium Content 

Premios: Ganó el prestigioso MipDrama Coup de Coeur en Cannes, distinción elegida por compradores de la industria 

Temporadas, Episodios y Duración

Temporadas: 1 temporada (temporada 1)     

Episodios: 6 episodios     

Duración aproximadamente: 44 minutos por episodio 

Elenco Principal

Jessica Grabowsky como Sanna Tanner (protagonista, guardacostas) 

Mikko Leppilampi como Joonas Kapanen (guardacostas)

Eero Milonoff, Roderick Kabanga, Seidi Haarla, Johannes Holopainen, Riitta Havukainen, Mona Kortelampi, Karim Rapatti, Tuomas Nilsson, Carl-Kristian Rundman, Vilho Rönkkönen, Amira Khalifa, Elizaveta Smirnova, Kaisu Mäkelä

Ambientación y Sinopsis Breve

La acción transcurre en un rompehielos varado durante una tormenta en el Ártico finlandés. La guardacostas Sanna Tanner y su equipo hallan un cuerpo congelado atado a un respiradero y se topan con una tripulación paranoica y hermética. A medida que los miembros desaparecen uno a uno, un antiguo cuento sobre _espíritus vengativos emergiendo en la noche más oscura del año_ empieza a cobrar vida, volviendo la situación sobrenatural y claustrofóbica. Sanna debe descubrir la verdad antes de convertirse en la próxima víctima. 

Antecedentes de Creación

La creadora Mia Ylönen encontró inspiración en la mitología finlandesa del solsticio de invierno, que interpreta la noche más larga como momento en que “el alma de los muertos se acerca a la de los vivos” — un concepto central en la serie. Además, el rompehielos desempeña un papel casi vivo en la narrativa, sumando tensión y angustia al entorno. El rodaje se llevó a cabo parcialmente en Turku, Oulu y Raahe (Finlandia), incluyendo una auténtica embarcación como escenario principal.

Aspectos Positivo:

+ Terror inexplicable. Fantasmas y ánimas. Fenómenos paranormales. Siempre es un misterio que agrada

+ Personajes misteriosos. No sabemos muy bien qué ocultan. Nos intrigan y queremos seguir viendo capítulos para ver qué sucederá con ellos.

+ Muy buen papel de la protagonista. Muy creíble.

+ Buena fotografía del paisaje blanco.

+ Buen uso de los flashbacks.

+ Gran realismo del barco. Es un personaje más de la serie.

Aspectos Negativo:

- Pasan demasiados capítulos sin explicarnos al menos algo.

- No queda resuelto la razón de no ser rescatados por los guardacostas.

- Algún cambio brusco de comportamiento de algún personaje. Poco creíble.

- Demasiadas casualidades para la protagonista. Esto es poco creíble.