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Los gatos en semilibertad son una grave amenaza para la biodiversidad

El gato doméstico (Felis catus) es, sin duda, uno de los carnívoros más abundantes del planeta, con estimaciones que alcanzan los cientos de millones de individuos. Su presencia se manifiesta en diversas formas, desde mascotas hasta poblaciones semi-domésticas y colonias de gatos ferales (es decir no domésticos), especialmente comunes en entornos urbanos donde algunos ciudadanos los alimentan y cuidan regularmente. Esta relación entre humanos y gatos, que se remonta a miles de años, ha llevado a su introducción en casi todos los rincones del mundo.

El gato es un depredador generalista y muy adaptable. Aunque la domesticación ha modificado algunos de sus comportamientos, su instinto de caza permanece intacto, incluso en individuos bien alimentados. Son cazadores oportunistas, capaces de depredar una amplia gama de animales, incluyendo aves, mamíferos, reptiles, anfibios, peces e invertebrados. Esta versatilidad, combinada con su capacidad para alcanzar densidades poblacionales elevadas, convierte a los gatos asilvestrados y a las colonias felinas en un factor de impacto ecológico significativo, especialmente en los ecosistemas urbanos y periurbanos donde pueden alcanzar un elevado número. Si bien algunas personas consideran que la presencia de gatos puede tener efectos positivos, como el control de roedores, la creciente evidencia científica señala graves impactos sobre la biodiversidad. Además, también pueden afectar directa o indirectamente a la salud, directamente por trasmitir algunas enfermedades, e indirectamente, ya que los restos de comida proporcionada por el hombre y que no consumen pueden ser alimento para otros animales que también son plagas y fuente de enfermedad, como las ratas.

El manejo de las poblaciones de gatos urbanos se basa comúnmente en la esterilización de adultos y campañas de educación para prevenir el abandono de mascotas. Sin embargo, la magnitud de los impactos negativos que causan estos gatos, particularmente en la biodiversidad, exige una comprensión más profunda y estrategias de gestión más efectivas no basadas en el sentimentalismo o en visiones metafísicas de los animales.

Un riesgo para la salud pública y la fauna

Más allá de su rol como depredadores, los gatos, incluyendo aquellos en colonias felinas, actúan como vectores y reservorios de enfermedades que pueden poner en peligro la vida silvestre y la salud pública. Una de las zoonosis más conocidas asociada a los gatos es la toxoplasmosis, causada por el parásito Toxoplasma gondii. Este parásito puede transmitirse a humanos y a otros animales, causando problemas de salud, que pueden ir desde síntomas leves similares a una gripe, hasta abortos y encefalitis que pueden llevar a la persona afectada a la muerte.

Un estudio realizado en Hawái, identificó colonias de gatos ferales en aproximadamente el 78% de los sitios públicos evaluados cerca de áreas importantes para aves nativas. Además, se detectó ADN de T. gondii en las heces de gatos en al menos el 75% de los sitios donde se recolectaron muestras. La presencia de T. gondii cerca de áreas de conservación de aves nativas, muchas de las cuales son especies raras y en peligro de extinción en Hawái, subraya el riesgo significativo que representan los gatos ferales para la fauna local.

Es importante destacar que los sitios donde se detecta T. gondii son a menudo áreas de alto uso público, como parques y playas, lo que aumenta el riesgo de exposición para las personas y sus mascotas. La transmisión puede ocurrir a través del contacto con heces de gato contaminadas en la tierra o el agua, o por el consumo de alimentos crudos contaminados. Además de la toxoplasmosis, los gatos pueden portar y transmitir otras enfermedades como la rabia y la leucemia felina, que pueden afectar tanto a la fauna silvestre, incluyendo especies amenazadas, como a otros animales domésticos. El impacto económico de las enfermedades transmitidas por gatos también es significativo.

La alta densidad de individuos en las colonias de gatos ferales y sus interacciones intensas dentro de las colonias y con otros gatos (domésticos y ferales) pueden jugar un papel particularmente importante en la dinámica de las enfermedades. Por lo tanto, la gestión de las colonias felinas no solo es crucial para la conservación de la biodiversidad, sino también para la protección de la salud pública.

Un ataque silencioso a la fauna: aves, micromamíferos y más

El impacto más directo y ampliamente documentado de los gatos asilvestrados y las colonias felinas sobre la biodiversidad es la depredación. Debido a sus altas densidades y a su instinto de caza persistente, los gatos pueden ejercer una presión depredadora considerable sobre las poblaciones de fauna silvestre, a menudo superando la de los depredadores nativos de tamaño similar. Además, estos animales depredan aunque estén bien alimentados, lo que desmonta el argumento tan popular "de si han comido no cazan".

Impacto en Aves: las aves son una de las presas más vulnerables a la depredación por gatos, especialmente en entornos urbanos y periurbanos donde las colonias felinas son comunes. Un estudio realizado en Madrid (España) encontró que la presencia de colonias de gatos ferales se asociaba con distancias de escape más largas en las aves urbanas. Esto sugiere que las aves en áreas con colonias de gatos exhiben una mayor percepción del riesgo y, presumiblemente, experimentan un impacto negativo en sus tendencias poblacionales. Además, en ese mismo estudio, los investigadores observaron que las aves tendían a situarse a mayor altura. A nivel global, los gatos domésticos están implicados en la disminución de numerosas poblaciones de aves e incluso en extinciones. Se estima que los gatos domésticos matan millones de aves cada año solo en Canadá. Los efectos indirectos, como el aumento del riesgo de depredación de nidos por otros depredadores debido al miedo inducido por los gatos, también son significativos.

Impacto en micromamíferos y otros grupos animales: los micromamíferos, como ratones, musarañas y conejos, también son presas frecuentes de los gatos. La depredación por gatos puede ser una causa importante de mortalidad para estos animales, afectando a sus poblaciones e incluso llevando a algunas de ellas a extinciones locales. Además de aves y mamíferos, los gatos depredan reptiles, anfibios, peces e invertebrados, contribuyendo a una reducción general de la biodiversidad. El impacto es particularmente grave en ecosistemas insulares, donde la fauna nativa a menudo carece de defensas evolutivas contra depredadores mamíferos introducidos. Los gatos son una de las peores especies invasoras a nivel mundial y están directamente relacionados con la disminución y extinción de especies animales en numerosas islas. En estos entornos frágiles, la pérdida de especies debido a la depredación por gatos puede desencadenar la alteración de procesos ecológicos clave, como la dispersión de semillas y la polinización.

Efectos Indirectos: más allá de la depredación directa, la mera presencia de gatos puede generar efectos de miedo o intimidación en la fauna silvestre. Estos efectos pueden alterar los comportamientos de forrajeo y defensa, aumentar los niveles de estrés, afectar el estado físico y la inversión reproductiva de las presas, e incluso aumentar su vulnerabilidad a otros depredadores. La competencia por recursos (alimento, espacio, refugio) entre los gatos y las especies nativas también puede tener impactos negativos en la biodiversidad. Por ejemplo, cada ratón consumido por un gato no está disponible para un depredador nativo como un ave rapaz. Finalmente, la hibridación con especies silvestres, como el gato montés europeo, representa otra amenaza para la conservación de la fauna nativa.

Recomendaciones para una coexistencia responsable: lo que no debemos hacer

Si nuestro objetivo es conservar la biodiversidad y la salud de nuestros ecosistemas urbanos y periurbanos, es crucial reconsiderar algunas prácticas relacionadas con la gestión y la tenencia de gatos. A la luz de la evidencia científica, existen varias acciones que NO debemos realizar:

Fomentar o mantener colonias de gatos ferales sin una gestión adecuada: Si bien la intención de alimentar y cuidar a los gatos puede ser noble, la proliferación de colonias sin un control poblacional efectivo y medidas para mitigar su impacto (como la reubicación en santuarios o la creación de zonas libres de colonias) puede tener consecuencias negativas significativas para la fauna local. El simple suministro de alimento no evita el comportamiento depredador de los gatos. Situar una colonia felina cerca de parques, riberas fluviales o zonas forestadas puede suponer una destrucción grave de la biodiversidad urbana.

Abandonar mascotas: El abandono de gatos domésticos es una de las principales fuentes de gatos asilvestrados que se integran a las colonias o forman nuevas poblaciones ferales, aumentando la presión sobre la vida silvestre.

Ignorar los impactos de los gatos con acceso al exterior: Incluso los gatos domésticos que son alimentados regularmente pueden tener un impacto depredador acumulativo significativo en la fauna silvestre, especialmente en áreas con alta densidad de gatos. Permitir que los gatos deambulen libremente, especialmente durante las horas de mayor actividad de la fauna local (como el amanecer y el atardecer), aumenta significativamente el riesgo de depredación.

Oponerse a medidas de control éticas y efectivas: En áreas sensibles para la conservación de la biodiversidad, puede ser necesario implementar medidas de control poblacional de gatos ferales, como la eutanasia. Oponerse sistemáticamente a estas medidas sin ofrecer alternativas viables puede perpetuar los impactos negativos y contribuir a la destrucción de la naturaleza. Es decir, para evitar una eutanasia de un felino condenamos a la "eutanasia" a cientos de individuos de otras especies.

Subestimar el riesgo de enfermedades: La presencia de colonias de gatos ferales, especialmente en áreas de alto uso público o cerca de hábitats de fauna sensible, conlleva un riesgo de transmisión de enfermedades tanto para la vida silvestre como para la salud humana. Ignorar o minimizar este riesgo es irresponsable, ya que la salud, e incluso la vida, de las personas puede estar en juego.

Favorecer el bienestar individual de unos pocos gatos sobre la conservación de la biodiversidad: La legislación emergente que prioriza la protección de los gatos asilvestrados, y que algunos países se han lanzado a promulgar sin ninguna bases científica, prioriza la protección de los gatos sin considerar los impactos que estos causan en la biodiversidad. Esto es contraproducente y perjudica los esfuerzos de conservación a largo plazo en los ambientes urbanos y periurbanos. Es necesario llegar a un equilibrio que considere tanto el bienestar animal como la protección de los ecosistemas.

No tomar medidas preventivas como la esterilización y la identificación: La esterilización temprana de las mascotas y el uso de métodos de identificación (microchip, collar con identificación) son fundamentales para prevenir la reproducción descontrolada y facilitar la identificación de los propietarios en caso de pérdida, reduciendo así el número de gatos abandonados y asilvestrados.

En última instancia, la protección de nuestros ecosistemas y la conservación de su valiosa biodiversidad requieren un cambio en nuestra percepción y gestión de los gatos, reconociendo su impacto negativo y adoptando enfoques más responsables y basados en la evidencia científica, huyendo de visiones sensibleras y metafísicas de la gestión de la naturaleza.

Referencias Bibliográficas

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Antonio Turiel: Davos, China y el fin de la transición energética

Antonio Turiel: Davos, China y el fin de la transición energética

Podcast: Café y Puro - Marco Rupérez YouTube: @marcosruperezcerqueda

Análisis detallado y estructurado de las reflexiones de Antonio Turiel en el podcast Copa y Puro, centradas en la crisis energética, el papel de las grandes potencias y la situación crítica de Europa y España.

El fin del optimismo global y el nuevo realismo de Davos

Antonio Turiel destaca un cambio drástico en el mensaje del Foro de Davos. Mientras que en años anteriores se promovían promesas de transformación y descarbonización rápida bajo la Agenda 2030, el discurso actual se ha desplazado hacia la gestión del daño. Se asume que el mundo ha entrado en una fase de inestabilidad permanente marcada por problemas de deuda, energía y malestar social. Según Turiel, las amenazas climáticas y ambientales han pasado a un segundo plano frente a riesgos mucho más directos y urgentes: la escasez de recursos y el posicionamiento geopolítico agresivo. En este contexto, potencias como Estados Unidos han abandonado el "poder blando" para ejercer un poder duro e imperial, priorizando el control de recursos críticos y rutas estratégicas, como se observa en su creciente interés por Groenlandia.

El mito de la transición energética en China

Uno de los puntos más críticos de Turiel es la desmitificación de la transición energética china. Asegura que es mentira que China esté liderando un modelo puramente renovable, ya que el 60% de su consumo energético total sigue dependiendo del carbón. A diferencia de Occidente, China utiliza el carbón no solo para electricidad, sino para procesos industriales pesados, incluyendo la propia fabricación de placas fotovoltaicas, y para producir reactivos químicos y petróleo sintético mediante el proceso Fischer-Tropsch. Aunque han invertido masivamente en renovables, China simplemente está apilando fuentes energéticas, añadiendo renovables sobre una base de carbón que sigue creciendo para cubrir su demanda, a diferencia de Europa donde el consumo eléctrico disminuye.

Europa: Desorientación y declive industrial

Europa se presenta en este análisis como un bloque desorientado y cada vez más aislado en su apuesta por el modelo de transición renovable. Turiel sostiene que las élites europeas, dominadas por las estructuras funcionariales de Francia y Alemania, no tienen una hoja de ruta clara y están empezando a abandonar discretamente sus objetivos climáticos, como la prohibición de motores de combustión para 2035, al reconocer que son imposibles de cumplir. Además, Alemania, que ha sido el motor industrial de la región, está perdiendo la batalla competitiva frente a China y sufre una caída de producción "aterradora". Esto deja a Europa en una posición de vasallaje o esclavitud frente a los intereses de Estados Unidos, quien ya ha enviado el mensaje de que no necesita aliados, sino el control directo de lo que requiere.

El giro hacia el biogás y España como "zona de sacrificio"

Ante el fracaso de la renovable eléctrica para sustituir a los combustibles fósiles, Turiel advierte de una apuesta "absolutamente salvaje" por el biogás y la biomasa. Según su análisis, el plan de Europa —específicamente de Alemania— es convertir al sur del continente, y particularmente a España, en una zona de sacrificio. Esto implicaría dedicar el territorio español a la producción masiva de biogás a partir de residuos (como los purines de cerdo) y a la quema de bosques para biomasa, con el fin de suministrar gas y combustibles baratos al norte de Europa. Turiel califica estas tecnologías de extremadamente ineficientes y logísticamente complejas; por ejemplo, señala que el biogás de purines es absurdo porque estos son 90% agua y su procesamiento no soluciona el problema de los nitratos en el suelo.

Burbujas tecnológicas: Hidrógeno, IA y Centros de Datos

Turiel es profundamente escéptico ante las soluciones tecnológicas que se presentan como salvadoras. Califica al hidrógeno verde como la "peor" opción por su extrema ineficiencia y dificultades de manipulación en comparación con otros biocombustibles. Asimismo, identifica una burbuja en la Inteligencia Artificial (IA), dudando de que el modelo de negocio sea sostenible a corto plazo debido al enorme consumo energético y la falta de rentabilidad directa. Respecto a la proliferación de centros de datos en lugares como Aragón, advierte que estos requieren energía base (24/7), algo que las renovables intermitentes (eólica y solar) no pueden garantizar sin sistemas de respaldo costosos, lo que convierte los planes basados en "excedentes renovables" en una falacia técnica basada en hojas de cálculo que no reflejan la realidad física.

La crisis de infraestructuras y el "suelo" de resiliencia

Finalmente, Turiel analiza la situación interna de España a través de su Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), el cual considera un "desastre" que no se ajusta a la realidad de la caída del consumo eléctrico. Denuncia una degradación continua de las infraestructuras, como el sistema ferroviario, debido a que el mantenimiento no genera réditos políticos comparado con las grandes inauguraciones (como el AVE), lo que lleva a un aumento de accidentes y fallos sistémicos. Como solución, Turiel propone abandonar la obsesión por el crecimiento imposible y centrarse en la resiliencia: un modelo de austeridad y adaptación local que garantice un "suelo" o mínimo básico para la población con recursos propios. Advierte que, de no prepararse para este descenso controlado, el riesgo es un colapso descontrolado donde España acabe siendo arrojada como "lastre" por una Europa que también zozobra.

El conocimiento-mercancía: cuando los científicos nutren a las grandes corporaciones sin ser conscientes de ello

El concepto de "conocimiento-mercancía" designa el resultado de la intensificación del uso de la capacidad intelectual de los profesores-investigadores en las universidades y centros de investigación, quienes generan un producto que se inserta directamente en el circuito de la acumulación de capital. Esta realidad se consolida en el ámbito académico contemporáneo debido a la mundialización del capital, que ha transformado las universidades de investigación en actores principales dentro de las nuevas órdenes mercantiles impulsadas por el régimen de predominancia financiera. En esta coyuntura, el capital financiero ejerce una influencia total, imponiendo la utilización de la fuerza de trabajo de los profesores-investigadores al servicio de sus propiedades y la comercialización del conocimiento producido por estos trabajadores. La búsqueda del estatus de excelencia científica, promovida por organizaciones como el Banco Mundial (BM) a través de sus criterios de clasificación, comprime los tiempos institucionales y acelera la mercantilización de la educación superior. El conocimiento, anteriormente considerado un bien social, se reconfigura como una categoría epistémica de alta rentabilidad económica: la tecnociencia. Esta tecnociencia es inagotable, se produce y acumula continuamente por los intelectuales, y se convierte en una fuente de plusvalía que los capitalistas del mercado global explotan de manera incesante. Así, la racionalidad económico-financiera se interpone en las prácticas cotidianas, redefiniendo la ciencia para que lo que se produzca sea, necesariamente, "conocimiento-mercancía", asegurando que nuevos conocimientos de esta naturaleza sean producidos indefinidamente.

La circulación y validación de este "conocimiento-mercancía" está íntimamente ligada a la estructura de control impuesta por los rankings académicos y el oligopolio editorial científico. Los rankings internacionales de educación superior, promovidos por el Banco Mundial, actúan como un mecanismo de inducción a la competencia que obliga a las universidades a reexaminar sus misiones en función de una jerarquía global. Para alcanzar la clasificación de una universidad de clase mundial, las instituciones deben alinearse con la lógica mercantil, lo que implica, entre otros factores, atraer capitales privados, vender productos intelectuales y aumentar su reputación. Esta reputación se mide mediante indicadores que dependen fundamentalmente del volumen de publicación y citación del trabajo científico generado. Es aquí donde entra en juego el oligopolio editorial, compuesto por gigantes como Reed Elsevier, Springer Nature y Wiley-Blackwell, que concentran el capital y monopolizan la publicación científica de alto nivel. Este pequeño grupo de editoriales controla los canales de validación del conocimiento científico mundial. De hecho, el proceso metodológico de definición de las mejores universidades del mundo depende directamente de estos grupos editoriales. Este sistema crea un circuito económico singular: el investigador recibe un pago para producir conocimiento y luego, frecuentemente, paga para divulgar el conocimiento producido en las revistas de alto nivel que son referencia para los rankings. Las editoriales, por su parte, obtienen beneficios multimillonarios, demostrando que el comercio científico es un negocio altamente lucrativo.

En este complejo circuito económico, el profesor-investigador se convierte en el sujeto social cuya actividad se ve profundamente alterada, acentuando el fenómeno mercantil de su trabajo. El capital, a través del régimen de predominancia financiera, exige la producción de valor real en tiempo récord, lo que impone una presión sobre los investigadores, generando un gran sufrimiento y alienación. Las universidades, para atraer financiación y ascender en las clasificaciones, necesitan que sus científicos publiquen profusamente en las revistas internacionales mejor clasificadas, utilizando el score de sus investigadores como una forma de competencia por financiamiento con grandes conglomerados internacionales. Esta presión conduce a cambios estructurales en la academia, donde los investigadores se ven obligados a publicar constantemente, a menudo repitiendo o reformulando trabajos anteriores, lo cual no es tanto para la socialización del conocimiento como para funcionar como publicidad del producto y del propio investigador. La pauta de investigación ya no responde a las necesidades locales o a la autonomía del investigador, sino que es inducida por criterios exógenos, los que fija el Banco Mundial, imponiendo un tiempo de finalización que corresponde a la presión de los ciclos de movimiento del capital, no al tiempo científico. La falta de conciencia sobre esta dinámica lleva a la "máxima alienación," donde el autor no vende su producto, sino que paga para publicarlo, y se destruye a sí mismo mientras corre detrás de las posiciones en los rankings.

En última instancia, el concepto de "conocimiento-mercancía" encapsula la lógica por la cual la universidad moderna se ha convertido en un espacio de reproducción del capital. La búsqueda incesante de "más" resultados, impulsada por la meritocracia superficial de los rankings, coloca al investigador en una situación de insatisfacción inalcanzable, similar al Mito de Tántalo. Las consecuencias de esta explotación y el enfoque en resultados comercializables son graves, manifestándose en el agotamiento del trabajo del investigador, el aumento de problemas de salud biológicos y mentales, y la pérdida de la conciencia sobre los sentidos fundamentales de sus actividades. Este circuito, donde el valor de la investigación se mide por su capacidad de generar patentes o transformarse en productos financieros, confirma que el conocimiento, en el contexto de la predominancia financiera, es un medio para un fin: la continua acumulación de dinero sin necesariamente producir algo tangible o responder a las necesidades sociales. En el mundo de la mercancía, la peor tragedia es no llegar a ser mercancía.

Referencia

Silva Júnior, J. R. (2023). RANKINGS, TRABALHO DO PESQUISADOR E CAPITAL. Educ. Soc. Campinas 44 e266708

Epistemología: ¿qué significa saber algo?

La epistemología —del griego epistḗmē (conocimiento) y logía (estudio)— es la rama de la filosofía que examina el origen, los límites y la validez del saber. Desde la Antigüedad, pensadores como Platón y Aristóteles se preguntaron qué significa “saber algo” y cómo distinguir el conocimiento de la mera opinión. En la modernidad, Descartes, Hume y Kant redefinieron el problema al debatir si la razón o la experiencia son la fuente del conocimiento. En el siglo XX, figuras como Karl Popper, Thomas Kuhn y Paul Feyerabend transformaron la epistemología al analizar la ciencia como un proceso histórico y humano, siempre provisional y en evolución.



Paul Feyerabend: el científico como rebelde del conocimiento

Paul Feyerabend (1924–1994) fue uno de los pensadores más irreverentes y originales del siglo XX. Su nombre suele asociarse con el “anarquismo epistemológico”, una etiqueta que él mismo aceptaba con ironía, pero que describe bien su espíritu iconoclasta. En su obra más conocida, Contra el método (1975), Feyerabend cuestionó las ideas más arraigadas sobre la ciencia, el progreso y la figura del científico. Frente a la visión tradicional —heredada del positivismo y la filosofía analítica— que concibe al científico como un observador racional, objetivo y guiado por un método universal, Feyerabend propuso una imagen muy distinta: la del científico como un creador libre, intuitivo y rebelde. Para Feyerabend, la ciencia no avanza siguiendo reglas fijas, sino precisamente rompiéndolas. Las grandes revoluciones científicas —Copérnico, Galileo, Newton, Einstein— no fueron el resultado de una aplicación ordenada del “método científico”, sino de saltos imaginativos y rupturas con el pensamiento dominante. Galileo, por ejemplo, recurrió a experimentos mentales, metáforas poéticas y estrategias retóricas más propias de un artista que de un técnico del laboratorio. Feyerabend lo admiraba no solo como físico, sino como un maestro de la persuasión y del pensamiento libre. De ahí su célebre afirmación: “El único principio que no inhibe el progreso es: todo vale” (anything goes). Este lema no debe entenderse como una defensa del caos o del relativismo absoluto, sino como una reivindicación de la diversidad metodológica y cultural en la ciencia. Feyerabend sostenía que imponer un único método o un solo modo de razonar —como el empirismo lógico o el racionalismo crítico— empobrece la creatividad científica. Las ideas nuevas, por su propia naturaleza, suelen nacer al margen de las normas establecidas. Por eso, decía, “siempre que se prohíbe un procedimiento, se destruye una posibilidad de descubrimiento”. En este sentido, el científico auténtico se asemeja más a un artista o a un explorador que a un funcionario del conocimiento: experimenta, improvisa, combina, se contradice, e incluso a veces se equivoca espectacularmente. Pero esa es precisamente la condición del progreso.

Feyerabend también criticó la imagen institucionalizada de la ciencia como autoridad moral y cultural. En su opinión, la ciencia moderna se había convertido en una especie de religión secular, con sus dogmas, sus jerarquías y su fe en la razón pura. Los científicos, en lugar de ser buscadores libres de verdad, corrían el riesgo de transformarse en burócratas del saber, defensores de un sistema cerrado que descalifica toda forma de conocimiento distinta —desde las tradiciones populares hasta la filosofía o el arte—. En Adiós a la razón (1987), Feyerabend llega a sostener que la ciencia debe situarse “al mismo nivel que otras tradiciones de conocimiento”, sin reclamar un privilegio especial en la búsqueda de la verdad.

Detrás de estas provocaciones se esconde una idea profunda: el conocimiento humano es esencialmente plural y contextual. No existe un punto de vista neutral ni un método único capaz de describir el mundo en su totalidad. La ciencia es una construcción cultural —brillante, pero histórica—, y sus teorías deben entenderse como formas de interpretación entre muchas otras posibles. De hecho, Feyerabend defendía que el contacto con otras tradiciones (filosofías orientales, cosmologías indígenas, mitologías, artes) podía enriquecer la propia práctica científica al recordarle sus límites y abrir nuevas perspectivas.

Su concepción del científico, por tanto, no es la del sabio distante y aséptico, sino la del rebelde epistemológico: alguien que no teme contradecir las normas de su tiempo, que explora caminos alternativos y que reconoce la dimensión humana —emocional, retórica, incluso estética— del conocimiento. Feyerabend creía que esta actitud no solo favorecía la innovación científica, sino también una cultura más democrática. En una sociedad libre, decía, la ciencia no debe ocupar un trono, sino dialogar de igual a igual con otras formas de saber.

Paul Feyerabend fue, en definitiva, un defensor apasionado de la libertad intelectual. Su figura sigue incomodando tanto a los defensores del cientificismo como a los relativistas extremos, porque su pensamiento combina irreverencia con lucidez. Recordarnos que “no hay método que garantice la verdad” no significa rendirse al irracionalismo, sino aceptar que el conocimiento es una aventura humana, creativa y siempre inacabada. En un mundo cada vez más tecnocrático, su mensaje resuena con fuerza: el científico auténtico no es quien obedece las reglas, sino quien se atreve a reinventarlas.

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Riftia pachyptila: el gusano gigante que vive sin luz ni boca

En las profundidades más oscuras del océano, donde la presión aplasta y la luz del sol no logra penetrar, la vida parece un milagro. Sin embargo, allí, junto a las chimeneas hidrotermales que brotan del fondo marino, prosperan comunidades enteras de seres que desafían nuestras nociones básicas de lo que significa estar vivo. Entre ellos destaca Riftia pachyptila, el gusano de tubo gigante, un organismo que no solo sobrevive, sino que florece en uno de los ambientes más inhóspitos del planeta. R. pachyptila pertenece al filo Annelida, el grupo de los gusanos segmentados que incluye a las lombrices de tierra y a los poliquetos marinos. Pero, a diferencia de sus modestos parientes, este habitante de las dorsales oceánicas puede alcanzar más de dos metros y medio de longitud, encerrado en un tubo blanco y resistente que él mismo construye con proteínas y quitina. Ese tubo, abierto solo por un extremo, se ancla a las rocas del fondo y sirve de refugio frente a los depredadores y las temperaturas extremas. Del extremo superior del tubo asoma un penacho de color rojo intenso, una estructura branquial que recuerda a una flor submarina. Es la única parte visible del animal y cumple una función esencial: absorber los gases disueltos en el agua, como el oxígeno y el sulfuro de hidrógeno, procedente de las chimeneas hidrotermales. Este último gas, tóxico para la mayoría de los seres vivos, es el punto de partida de una relación simbiótica que hace posible la existencia del gusano.

Un organismo sin boca ni estómago

La anatomía de Riftia pachyptila resulta desconcertante. No posee boca, ni intestino, ni sistema digestivo alguno. En su lugar, en el interior del cuerpo alberga un órgano singular llamado trofosoma, una especie de cámara biológica que contiene miles de millones de bacterias quimiosintéticas. Estas bacterias son las verdaderas “fábricas” de alimento del gusano. Mientras que en la superficie de la Tierra la mayoría de los ecosistemas dependen de la fotosíntesis, es decir, del uso de la energía solar para generar materia orgánica, en las profundidades abisales no hay luz. Aquí, la energía proviene de reacciones químicas. Las bacterias simbiontes de Riftia oxidan el sulfuro de hidrógeno expulsado por las fumarolas volcánicas y utilizan esa energía para convertir el dióxido de carbono en compuestos orgánicos que alimentan tanto a ellas mismas como al gusano anfitrión. Es un sistema perfectamente cerrado: Riftia suministra los gases necesarios para la quimiosíntesis —transportados por su hemoglobina especializada— y las bacterias, a cambio, le proporcionan alimento. De hecho, todo el metabolismo del gusano está diseñado para mantener a sus simbiontes en equilibrio. Una de las claves de esta alianza está en la sangre de Riftia. Su hemoglobina es extraordinaria: puede transportar oxígeno y sulfuro de hidrógeno al mismo tiempo, algo que sería letal en otros organismos. Esta capacidad única permite que el gusano alimente a sus bacterias con ambos ingredientes esenciales de la quimiosíntesis sin intoxicarse en el proceso. El penacho rojo que ondea en la corriente es, en realidad, un órgano respiratorio extremadamente eficiente. Su color proviene de esa hemoglobina especial, que actúa como un mediador bioquímico entre el ambiente hostil y la comunidad simbiótica que mantiene vivo al gusano.

El descubrimiento de R. pachyptila en 1977, durante una expedición a la dorsal del Pacífico oriental, supuso una revolución en la biología. Hasta entonces, se creía que toda la vida del planeta dependía, directa o indirectamente, de la energía del sol. Sin embargo, las colonias de Riftia, mejillones, cangrejos y otros invertebrados halladas alrededor de las chimeneas hidrotermales demostraron que existían ecosistemas completamente autónomos, basados en la quimiosíntesis en lugar de la fotosíntesis.

Las fumarolas, o “black smokers”, expulsan agua sobrecalentada cargada de minerales y compuestos sulfurosos. Aunque las temperaturas pueden superar los 300 °C, las aguas circundantes del abismo están cerca del punto de congelación. En esa frontera entre el calor y el frío, la vida ha encontrado un nicho. R. pachyptila es una pieza central de ese delicado equilibrio ecológico: proporciona estructura física a las colonias y sustento químico a un sinfín de otros organismos.

Un símbolo de la vida extrema

El gusano de tubo gigante es mucho más que una curiosidad biológica. Representa una nueva forma de entender la vida. Nos enseña que los organismos pueden prosperar en condiciones que antes considerábamos incompatibles con la biología: ausencia de luz, presiones abrumadoras, concentraciones tóxicas de sulfuro. Por ello, R. pachyptila ha inspirado incluso a los astrobiólogos que buscan vida en otros mundos. Si en la Tierra existen criaturas capaces de vivir del calor interno del planeta, quizá en lugares como Europa (una luna de Júpiter) o Encélado (satélite de Saturno), donde hay océanos bajo el hielo y actividad hidrotermal, podrían encontrarse formas de vida similares.

En el fondo, R. pachyptila nos recuerda que la vida no depende de un único camino. Allí donde existen fuentes de energía y moléculas básicas, la evolución encuentra formas ingeniosas de persistir. Este gusano sin boca ni ojos, oculto en las tinieblas del océano, es una metáfora viva de la adaptabilidad y la diversidad de la naturaleza.



Flujo de trabajo en el paquete ecospat

Di Cola, V., Broennimann, O., Petitpierre, B., Breiner, F.T., D’Amen, M., Randin, C., Engler, R., Pottier, J., Pio, D., Dubuis, A., Pellissier, L., Mateo, R.G., Hordijk, W., Salamin, N. & Guisan, A., 2016. ecospat: an R package to support spatial analyses and modeling of species niches and distributions. Ecography, 40(6), pp.774‑787. doi:10.1111/ecog.02671. 

El artículo presenta el paquete de R ecospat, diseñado para facilitar un marco coherente de análisis espaciales de nichos de especies y modelización de sus distribuciones. Las ideas clave son:

  • Hoy día, con el abaratamiento de los datos espaciales y climatológicos, y los avances en computación estadística, hay muchas técnicas para modelar la distribución de especies (“species distribution models”, SDMs) y sus nichos ecológicos.

  • El paquete ecospat busca cubrir tres fases del análisis: pre‑modelado (exploración de datos, análisis de nicho, detección de extrapolación), modelado núcleo (calibración y proyección de modelos de distribución de especies o ensamblajes de especies) y post‑modelado (evaluación, análisis de nicho dinámico, análisis de co‑ocurrencias, diversidad filogenética).

  • En “pre‑modelado” incluye funciones para cuantificar nichos (ej., densidad de ocurrencias en espacio ambiental), tests de equivalencia/similitud de nichos, detección de extrapolación mediante MESS/ExDet, selección de variables, etc.

  • En la fase de “modelado núcleo”, incluye dos funcionalidades destacadas: la estrategia de Ensemble of Small Models (ESM) — útil cuando pocos datos de ocurrencia — y el marco SESAM (Spatially‑explicit modelling of species assemblages) para modelar comunidades (especies múltiples) en lugar de sólo especies individuales.

  • En “post‑modelado”, el paquete permite evaluar modelos (por ejemplo usando el índice Boyce index para datos de presencia‑única), también analizar co‑ocurrencias entre especies sujetas a restricciones ambientales, calcular diversidad filogenética espacialmente, y otras funciones de análisis de ensamblajes.

  • Los autores ilustran el uso del paquete con dos ejemplos: (1) análisis de un especie invasora: cuantificación del cambio de nicho entre rango nativo e invadido + modelado con ESM + evaluación con índice Boyce. (2) análisis de estructuración de una comunidad de plantas: diversidad filogenética, predicción de composición de la comunidad mediante SESAM, análisis de co‑ocurrencias.

  • Finalmente señalan que el paquete no reemplaza otros paquetes de modelado de distribución (como biomod2, dismo) sino que los complementa, especialmente en fases pre‑ y post‑modelado, y en el enfoque de comunidad.

Flujo de trabajo (workflow) propuesto

A continuación un flujo paso‑a‑paso basado en el artículo:

1. Preparación de datos / Pre‑modelado

  • Recolectar los datos de ocurrencia de la(s) especie(s) de interés: coordenadas geográficas, periodo temporal, etc.

  • Obtener las variables ambientales relevantes (climáticas, edáficas, topográficas, etc).

  • Realizar análisis exploratorio:

    • Verificar autocorrelación espacial de las variables y de las ocurrencias. (por ejemplo ecospat.mantel.correlogram)

    • Selección de variables: calcular cuántas variables pueden usarse según tamaño de muestra (ecospat.npred)

    • Detectar zonas de extrapolación al proponer proyecciones (por ejemplo hacia otro rango geográfico o hacia futuro). Usar funciones como ecospat.exdet, ecospat.mess.

  • Si es un estudio de nicho comparativo (por ejemplo especie nativa vs invasora, o antes vs después):

    • Calcular densidad de ocurrencias de la especie en el espacio ambiental (ej., función ecospat.grid.clim.dyn())

    • Cuantificar el solapamiento de nichos (por ejemplo índices de Schoener’s D o Hellinger’s I) con ecospat.niche.overlap()

    • Realizar pruebas de equivalencia de nicho (ecospat.niche.equivalency.test()) y de similitud (ecospat.niche.similarity.test()) para evaluar si los nichos difieren más de lo que se esperaría al azar.

    • Interpretar posibles resultados: expansión del nicho, rellenado de nicho, estabilidad, etc. (por ejemplo en invasiones).

2. Modelado núcleo

  • Elegir el tipo de modelado según los datos: para pocas ocurrencias, la estrategia ESM es adecuada.

    • Usar ecospat.ESM.Modeling() para calibrar múltiples modelos pequeños (por ejemplo combinaciones de 2 variables) y luego ecospat.ESM.EnsembleModeling() para crear un ensamble ponderado.

  • Si el estudio abarca múltiples especies y se quiere modelar composición de comunidad, usar el marco SESAM:

    • Obtener predicciones de probabilidad de presencia para cada especie (por ejemplo con SDMs tradicionales).

    • Aplicar el “probability ranking rule” (PRR) con ecospat.SESAM.prr() para convertir las probabilidades en predicciones binarias de presencia/ausencia por sitio y especie.

  • Realizar la proyección del modelo a la(s) zona(s) de interés (otro rango geográfico, futuro climático, etc), considerando la extrapolación ya detectada.

3. Evaluación y análisis post‑modelado

  • Para especies individuales: evaluar la calidad de predicción. En casos de sólo datos de presencia, utilizar el índice Boyce con ecospat.boyce() para medir qué tan bien la predicción ordena los sitios según su adecuación.

  • Para comunidades: usar ecospat.CommunityEval() para calcular diversas métricas de evaluación por sitio (comparando matriz observada vs matriz predicha) cuando se tiene dato de presencia/ausencia.

  • Análisis de co‑ocurrencias:

    • Construir matriz sitio×especie (observada o predicha).

    • Usar ecospat.cons_Cscore() para calcular el índice C‑score con reglas nulas restringidas ambientalmente (null model que mantiene frecuencias de especies y probabilidades según predicciones) para detectar patrones de agregación o segregación entre pares de especies.

  • Calcular diversidad filogenética en los sitios o en las predicciones de comunidad:

    • Usar ecospat.calculate.pd() con un árbol filogenético y matriz presencia/ausencia (observada o predicha) para obtener medidas de diversidad filogenética (por ejemplo PD, J, AvPD, etc.).

  • Interpretar los resultados en términos ecológicos y biogeográficos: por ejemplo, ¿la especie invasora expandió su nicho? ¿los modelos sugieren buenas predicciones? ¿Las comunidades predichas tienen patrones de co‑ocurrencia que indican interacción biológica o estructura ambiental? ¿La diversidad filogenética se relaciona con riqueza de especies o con variables ambientales?

4. Comunicación y documentación

  • Documentar todo el procedimiento, los supuestos, los datos de entrada, los modelos ajustados, las proyecciones, las evaluaciones.

  • Visualizar resultados clave: mapas de predicción, curvas de densidad de nicho, gráficos de solapamiento de nicho, gráficos de evaluación (por ejemplo predicted/expected vs adecuación), mapas de diversidad filogenética, histogramas de C‑score null vs observado.

  • Asegurarse de citar correctamente el paquete ecospat además de los demás métodos usados.

  • Discutir limitaciones: tamaño de muestra, extrapolación, calidad de los datos de ausencia o presencia, suposiciones de los modelos, efectos biológicos no considerados (como dispersión, interacciones bióticas), etc.

David Hume y el misterio de la causalidad: cuando el hábito sustituye a la razón

David Hume (1711–1776) fue uno de los grandes pensadores del siglo XVIII y una figura central de la Ilustración escocesa. Filósofo, historiador y ensayista, Hume destacó por su afán de aplicar el método empírico —tan exitoso en las ciencias naturales— al estudio de la mente humana. Su obra más influyente, Tratado de la naturaleza humana, publicada cuando apenas tenía veintiséis años, pasó inadvertida en su tiempo, pero con los años se convirtió en uno de los pilares de la filosofía moderna. En ella, Hume plantea una pregunta tan sencilla como perturbadora: ¿cómo sabemos que una cosa causa otra?

Según Hume, todo conocimiento deriva de la experiencia. La mente humana no posee ideas innatas; lo único que encontramos en nosotros son impresiones e ideas. Las impresiones son percepciones vívidas e inmediatas —como ver el color rojo o sentir calor—, mientras que las ideas son copias atenuadas de esas impresiones. Este punto de partida empírico tiene consecuencias profundas: si todo conocimiento proviene de la experiencia, entonces nuestras nociones más básicas deben poder rastrearse hasta ella. Cuando observamos dos hechos que solemos relacionar causalmente —por ejemplo, una bola de billar que golpea a otra, o una chispa que enciende una llama—, lo que realmente percibimos es que un evento precede a otro y que ambos están
cercanos en el espacio y el tiempo. Sin embargo, Hume señala que en ningún momento percibimos una fuerza oculta que conecte la causa con el efecto. No vemos la “necesidad” con que el primero produce el segundo; simplemente vemos una sucesión constante de fenómenos. ¿Por qué, entonces, creemos que hay una conexión necesaria entre ellos? Hume responde que esta creencia no surge de la razón, sino del hábito o costumbre. Tras observar repetidamente que ciertos eventos siguen a otros —el fuego quema, el sol sale cada mañana, el agua apaga la sed—, nuestra mente se acostumbra a asociarlos y, por inercia psicológica, espera que la relación se repita. La causalidad, en consecuencia, no es una relación objetiva que descubramos en el mundo, sino una construcción mental que proyectamos sobre la experiencia para orientarnos en ella. Esta conclusión tiene un alcance enorme. Si la idea de causalidad no se basa en una conexión necesaria observable, sino en un hábito de pensamiento, entonces las leyes de la naturaleza no son verdades necesarias, sino generalizaciones empíricas fundadas en la costumbre. La ciencia, en lugar de ofrecernos certezas absolutas, nos proporciona creencias razonables, sustentadas en la experiencia pasada pero siempre abiertas a revisión.

Con su teoría de la causalidad, Hume no destruye la ciencia, pero sí le quita el ropaje de certeza que la filosofía tradicional le había otorgado. Nos enseña que el orden que vemos en el mundo no está escrito en las cosas mismas, sino en la mente que las observa. En última instancia, su lección es doble: la razón humana es limitada, pero también creadora; incapaz de descubrir la necesidad en la naturaleza, inventa el concepto de causa para poder vivir y pensar en un universo de probabilidades.