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5 obras muy diferentes sobre los toros

1. Muerte en la tarde — Ernest Hemingway

Obra esencial para entender la mirada que Hemingway proyectó sobre la tauromaquia. Publicada en 1932, combina reflexión estética, análisis cultural y experiencias personales del autor en las plazas de España. Para Hemingway, la corrida es un escenario donde se mide el coraje, la autenticidad y la relación del ser humano con la muerte. No se limita a describir técnicas o suertes: explora la tensión entre arte y tragedia, riesgo y belleza. Su estilo directo convierte el toreo en un símbolo de verdad vital. Es un libro influyente, polémico y profundamente literario, que sigue generando debate casi un siglo después.


2. Tauroética — Fernando Savater

En Tauroética, Fernando Savater ofrece una defensa filosófica, cultural y moral de la tauromaquia desde su habitual claridad argumentativa. El autor aborda la corrida como un fenómeno complejo, legítimo y profundamente humano, alejado tanto de la frivolidad como de la crueldad gratuita. Savater distingue entre sufrimiento, violencia y sentido simbólico, explicando por qué el toro bravo ocupa un lugar singular en nuestra relación con los animales. El libro propone que prohibir los toros implicaría un empobrecimiento cultural y un retroceso ético en la comprensión de la diversidad de tradiciones humanas. Es una obra clara, combativa y accesible.


3. Antitauromaquia — Manuel Vicent

En este ensayo literario, Manuel Vicent despliega su vehemencia y su estilo inconfundible para criticar la tauromaquia desde una perspectiva ética, emocional y estética. Antitauromaquia no es un tratado académico, sino un texto de alto voltaje literario en el que el autor combina memoria, reflexión personal y denuncia moral. Vicent presenta la corrida como un anacronismo violento, un vestigio cultural que —a su juicio— debe superarse. Su prosa irónica, elegante y contundente convierte el libro en un alegato antitaurino que busca interpelar más al corazón que a la razón. Es un documento clave del discurso contrario a los toros.


4. 50 razones para defender la corrida de toros — Francis Wolff

Francis Wolff resume en cincuenta argumentos breves y ordenados su defensa filosófica de la tauromaquia. Cada razón —cultural, estética, ecológica o moral— funciona como un módulo autónomo que explica por qué el autor considera que la corrida es una creación artística singular y valiosa. El tono es claro, racional y divulgativo, lejos de la retórica pasional. El libro es ideal para quien busca una visión sistemática y bien estructurada del pensamiento protaurino actual. Wolff no pretende zanjar el debate, sino ofrecer criterios sólidos para comprender por qué, para muchos, la tauromaquia sigue siendo un patrimonio cultural legítimo.


5. Juan Belmonte, matador de toros — Manuel Chaves Nogales

Esta biografía novelada es una de las obras maestras del periodismo literario del siglo XX. Chaves Nogales retrata a Juan Belmonte no solo como el torero que revolucionó la estética del toreo, sino como un hombre marcado por su tiempo, sus pasiones y sus contradicciones. Con un estilo limpio, ágil y profundamente humano, el autor compone un retrato que trasciende lo taurino para convertirse en una crónica de la España de la época. El libro combina épica, intimidad y lucidez, haciendo de Belmonte un personaje literario inolvidable. Es lectura imprescindible incluso para quienes no son aficionados.


Ignacio Sánchez Mejías y la Generación del 27: mecenas, puente cultural y víctima de silencios interesados

La figura de Ignacio Sánchez Mejías (1891–1934) ocupa un lugar singular en la historia cultural española. Torero de éxito, escritor inquieto, lector voraz y dandi cosmopolita, Sánchez Mejías no solo destacó como un personaje público de enorme magnetismo, sino que se convirtió en uno de los grandes impulsores, protectores y catalizadores de la llamada Generación del 27. Su vida, marcada por el riesgo, la creatividad y la generosidad, y su muerte trágica, que dio origen a una de las elegías más hermosas de la literatura castellana —el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Federico García Lorca—, han generado a lo largo del tiempo tanto admiración como incomodidad. Su condición de torero, unida a prejuicios posteriores y lecturas ideológicas interesadas, ha contribuido a que su figura haya sido distorsionada o relegada en relatos institucionales y políticos totalmente sesgados y alejados de la cultura real. Sin embargo, su papel en el surgimiento y consolidación del 27 es indudable, y cualquiera que lo niegue está negando una evidencia histórica. Nadie debería soportar un responsable político de ciencia afirmando que la Tierra es plana, por tanto, nadie debería soportar un responsable político de cultura negando el papel esencial de Ignacio Sánchez Mejías para la formación de la Generación del 27.

Nacido en Sevilla en 1891, Ignacio Sánchez Mejías creció en un ambiente social y culturalmente dinámico. Aunque alcanzó fama y fortuna como torero —primero como banderillero, luego como matador—, su vida nunca se limitó al ámbito de la tauromaquia. De hecho, desde joven mostró inquietudes literarias, actorales y deportivas: fue jugador del Betis en sus orígenes, piloto, actor teatral, autor dramático y, sobre todo, un hombre fascinado por la vida intelectual.

Viajó por Estados Unidos, Francia y América Latina, donde entró en contacto con nuevas vanguardias artísticas y corrientes literarias. Esta apertura cosmopolita, poco habitual en las figuras públicas españolas de la época, le permitió desempeñar un papel decisivo como puente cultural entre la modernidad europea y la joven generación de escritores que empezaba a consolidarse en torno a Madrid y Sevilla. Su amistad con Federico García Lorca, Rafael Alberti, José Bergamín, Luis Cernuda, Gerardo Diego y otros autores del 27 no fue solo afectiva o simbólica: tuvo un impacto real en sus trayectorias y en la divulgación de su obra.

La Generación del 27 fue —al margen de su denominación posterior— un movimiento heterogéneo, un tejido de amistades, admiraciones cruzadas y afinidades poéticas. Pero también fue un proyecto que necesitó espacios, oportunidades, recursos económicos y visibilidad pública. Ahí es donde la figura de Sánchez Mejías se vuelve esencial.

A las cinco de la tarde.

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la blanca sábana

a las cinco de la tarde.

Una espuerta de cal ya prevenida

a las cinco de la tarde.

Lo demás era muerte y sólo muerte

a las cinco de la tarde.

Ignacio Sánchez Mejías procedía de un entorno económicamente desahogado y, además, había ganado importantes sumas como torero. Lejos de limitarse a disfrutar de su fortuna, la puso al servicio de la cultura y de quienes creía que estaban definiendo una nueva España intelectual.

Su ayuda financiera se concretó en becas, financiación de revistas, apoyo a proyectos teatrales, organización de encuentros culturales, y un largo etcétera. Gracias a él, varias obras pudieron editarse o estrenarse en momentos en que la precariedad económica amenazaba con silenciarlas.

Como presidente del Ateneo de Sevilla, Sánchez Mejías impulsó uno de los acontecimientos fundacionales del grupo: el homenaje a Luis de Góngora en 1927, acto que dio nombre a la generación. Él no solo facilitó el evento, sino que asumió gastos de organización, manutención y transporte de varios de los asistentes. Sin ese apoyo logístico y económico, es muy probable que el célebre homenaje —hoy considerado el acto inaugural del 27— hubiera sido imposible o mucho más modesto. Por tanto, es una figura clave para la Generación del 27, repito, el que quiera ignorar esto no deja de ser un profundo sectario.

Sánchez Mejías representaba un ideal moderno de cultura abierta: un torero que escribía, un aficionado que dialogaba con vanguardias, un hombre público que rechazaba el antiintelectualismo, un mecenas que no imponía líneas estéticas. Su presencia protegió al grupo en un contexto donde los artistas jóvenes podían ser fácilmente marginados o caricaturizados.

A pesar de su aportación decisiva, Ignacio Sánchez Mejías ha sufrido una suerte de cancelación en ciertos discursos culturales contemporáneos, muy alejado de la modernidad, a la que Ignacio Sánchez Mejías representó tan bien. Esta tendencia -la de juzgar el pasado con los criterios personales o ideológicos de los políticos- es cada vez más común en algunas instituciones políticas pretendidamente culturales. La raíz de este silenciamiento por parte de esos políticos radicales suele ser su condición de torero.

En ciertos sectores culturales y políticos, existe la tendencia a dividir la historia en categorías morales rígidas. En este marco, la tauromaquia es considerada por algunos como una práctica incompatible con la modernidad estética o con determinados valores contemporáneos. Este aspecto, radicalmente opuesto a la realidad -el toreo es un arte moderno-, hace que Sánchez Mejías quede encasillado como “torero” antes que como intelectual, escritor o mecenas. Este enfoque empobrece el relato histórico y elimina matices fundamentales.

Los políticos radicales han mostrado oposición a conmemorar su figura, no por falta de relevancia histórica, sino por una incomodidad derivada de debates contemporáneos sobre la tauromaquia. Se trata de un fenómeno que trasciende ideologías concretas y que refleja una dinámica más profunda: la tendencia de algunos responsables públicos a proyectar sus propios prejuicios y obsesiones personales sobre la gestión de la memoria y el dinero de todos. El problema no es la postura personal respecto a los toros -totalmente respetable-, sino la instrumentalización de esa postura para decidir qué figuras históricas merecen homenaje y cuáles deben ser reducidas o ignoradas.

Resulta paradójico que un país que reivindica con orgullo a Lorca, Cernuda o Alberti pueda, al mismo tiempo, minimizar al hombre que contribuyó a que muchos de ellos tuvieran medios, espacios y oportunidades. Intentar separar la historia literaria española de Sánchez Mejías es tan absurdo como pretender estudiar la vanguardia francesa sin mencionar a Gertrude Stein o al círculo de mecenas rusos que financiaron el ballet moderno. La cultura nunca brota en el vacío: se construye sobre redes humanas, afectivas y materiales.

Ignacio Sánchez Mejías no fue únicamente un torero célebre; fue un intelectual autodidacta, un mecenas generoso, un impulsor de proyectos culturales decisivos y un nexo irreemplazable en la formación de la Generación del 27. Ignorar su figura por prejuicios contemporáneos implica empobrecer el entendimiento del pasado y mutilar el relato de uno de los momentos literarios más brillantes de España. Recuperarlo no es un acto político: es un acto de justicia histórica. Y es, también, una oportunidad para recordar que la cultura se sostiene gracias a personas valientes, contradictorias y luminosas como él, capaces de unir mundos que otros preferirían mantener separados o directamente erradicados.

50 Razones para defender las corridas de toros de Francis Wolff

La obra de Francis Wolff, 50 razones para defender la corrida de toros, constituye un esfuerzo intelectual significativo y riguroso para establecer las bases de la ética de la tauromaquia. Como filósofo y catedrático, Wolff responde a la creciente ola prohibicionista, particularmente la manifestada tras la votación del Parlamento catalán en 2010, utilizando las "armas de la razón" para argumentar que la corrida de toros no es meramente "disculpable", sino "moralmente buena".

A nivel filosófico, el libro se articula en una defensa del humanismo frente al creciente animalismo, al que califica de ideología con efectos perniciosos. Wolff sostiene que el único argumento real contra la fiesta es la sensibilidad, una emoción que, aunque respetable, es sorda a la razón. Su crítica central radica en la confusión de los principios humanistas (basados en la justicia, reciprocidad y dignidad para el hombre) con los deberes hacia los animales. Según Wolff, el animalismo, al intentar elevar a los animales al nivel humano, corre el riesgo de "rebajar a los hombres al nivel en el que tratamos a los animales".

Es justamente porque el hombre no es un animal como los demás por lo que tiene deberes hacia ellos y no al contrario.

Una de las contribuciones académicas más notables es la refutación del concepto de "tortura". Wolff argumenta que la lidia se opone a la tortura en cinco aspectos, siendo el más crucial que la corrida no tiene como objetivo el sufrimiento del toro. Además, recurre a evidencia fisiológica (basada en estudios del profesor Illera del Portal) para demostrar la singularidad del toro de lidia (Bos taurus ibericus). Este animal, genéticamente seleccionado para el combate, segrega una gran cantidad de beta-endorfinas, un opiáceo endógeno que bloquea los receptores del dolor, transformando el dolor en un "estimulante para la lucha". En contraste, la agresión pasiva (como una descarga eléctrica) sobre el animal sí provoca estrés y huida.

Desde una perspectiva cultural y estética, Wolff exalta la tauromaquia como un valor inestimable. La defiende como una de las últimas formas de ganadería extensiva en Europa, esencial para la conservación de la biodiversidad y el ecosistema único de la dehesa. Además, la corrida es un arte original que entronca con la esencia misma de la creación artística: dar forma humana a la materia natural. Es un espectáculo de "sublime grandeza" que fusiona lo clásico y lo contemporáneo, donde la belleza surge del miedo a morir. Finalmente, la fiesta es una manifestación de valores universales —el valor, la inteligencia, el dominio de sí mismo—, y el torero se convierte en un modelo de virtudes morales.

En última instancia, el libro no solo ofrece argumentos para la defensa taurina, sino que también funciona como una defensa de la diversidad cultural y el principio de libertad frente a las moralidades prohibicionistas. Wolff concluye con la pregunta retórica sobre quiénes son realmente los bárbaros: ¿los que perpetúan este arte o los que pretenden prohibirlo en nombre del supuesto bienestar animal?.

A continuación, se presenta el listado de las 50 razones para defender la corrida de toros:

        ¿Son tortura las corridas de toros?

  1. Las corridas de toros no tienen como objetivo hacer sufrir a un animal.
  2. Las corridas no tendrían ningún sentido sin la pelea del toro.
  3. Las corridas de toros no tendrían ningún sentido sin el riesgo de la muerte del torero.
  4. ¡Si un toro fuera torturado huiría!.
  5. Hablar de tortura ¿no es confundir al hombre con el animal?.
  6. El sufrimiento del toro

  7. El estrés del toro.
  8. La adaptación fisiológica del toro a la lidia.
  9. Dolor y lidia.
  10. «¡Pero el toro no quiere luchar!».
  11. «Pero la lucha es desigual: el toro siempre muere».
  12. La muerte del toro

  13. ¿Tenemos derecho a matar animales?.
  14. ¿Por qué matar a los toros?.
  15. Pero al menos ¿se podría no matar al toro en público, tal como prescribe la ley portuguesa?.
  16. Todas las tauromaquias implican el respeto al toro.
  17. La norma taurómaca consiste en afirmar que no se puede matar al animal sin arriesgar la propia vida.
  18. El toro no es abatido, tal como lo atestigua el ritual taurómaco.
  19. El toro no es abatido, se le respeta en su propia naturaleza.
  20. ¿La mejor de las suertes?.
  21. Los toros y el medio ambiente

  22. Una de las últimas formas de ganadería extensiva en Europa.
  23. Un ecosistema único.
  24. Defensa de la biodiversidad.
  25. Respeto de la naturaleza del animal.
  26. Humanidad y animalidad.
  27. La corrida como espectáculo

  28. «¿No es un espectáculo cruel y bárbaro?».
  29. «¿No son perversos los placeres de los espectadores?».
  30. La mayor emoción en la plaza: la admiración.
  31. «La corrida de toros genera violencia».
  32. «¿Son las corridas de toros un espectáculo traumatizante para los niños?».
  33. La fiesta de los toros en la cultura y en la historia

  34. «¿Es arcaica la fiesta de los toros?».
  35. La fiesta de los toros no está ligada al franquismo. Como toda gran creación cultural es políticamente neutra.
  36. La fiesta de los toros transmite valores universales, no los de la España negra.
  37. La tradición ha forjado una cultura taurina.
  38. Fiesta de los toros y defensa de la diversidad cultural.
  39. Unidad de cultura, diversidad de interpretaciones.
  40. La cultura taurina y la «alta cultura».
  41. La corrida y los valores humanistas

  42. Comprender la animalidad.
  43. Admirar las virtudes intelectuales del torero.
  44. Admirar las virtudes morales del torero.
  45. Diversidad cultural e imperativos universales de la humanidad.
  46. La fiesta de los toros es creadora de inestimables valores estéticos

  47. La sublime grandeza del espectáculo.
  48. La creación de lo bello.
  49. Un arte original, entre el clasicismo y la modernidad.
  50. Lo trágico.
  51. La fiesta, comunidad espiritual.
  52. Peligros del animalismo

  53. Humanismo o animalismo.
  54. ¿Hasta dónde irá la «liberación animal»?.
  55. Peligros de una moral prohibicionista.
  56. Animalismo e imperialismo cultural.
  57. ¿Y la historia?.
  58. Libertad.

La Taberna Ilustrada: las corridas de toros - un baile con la muerte

1. Resumen Breve del Contenido del Programa

El programa La Taberna Ilustrada se centró en la tauromaquia y las corridas de toros. Los invitados abordaron preguntas fundamentales sobre la tauromaquia: ¿en qué consiste, cuál es su origen, su sentido, es arte, fiesta o mero espectáculo?.

La discusión se centró en la singularidad y el valor alegórico y simbólico de la fiesta, que, según se argumenta, desvela verdades profundas de la existencia, como que la vida cobra sentido al arriesgarse y que la verdadera belleza nace al filo del abismo. Se exploró el origen mítico (vinculado al toro como animal sagrado en culturas antiguas y los héroes mitológicos) e histórico de la corrida, la distinción terminológica entre tauromaquia y corrida de toros, la figura del toro como el alma y centro de la fiesta, el carácter heroico y sacrificial del torero, y la soberanía democrática del público. El programa concluyó con recomendaciones literarias sobre el tema.

2. Posturas y Temas Tratados

Sobre la Naturaleza y Esencia de la Corrida

  • Definición y Carácter: La corrida de toros es vista como una manifestación cultural que combina ritual, arte y riesgo, donde un ser humano se enfrenta cara a cara con la muerte (el toro de lidia).
  • Valoración Artística y Divina: Se le considera una liturgia o ritual escénico que sublima el conflicto entre el instinto y la razón. Para Ricardo Soto, es una manifestación artística única y prácticamente divina.
  • La Verdad y la Belleza: La belleza más verdadera se crea en el riesgo y al filo del abismo. La comunión entre el animal salvaje y la persona solo se da cuando hay verdad en ese momento. La belleza de un pase se niega si no está presente la muerte o el compromiso.
  • Carácter Incomunicable: El toreo tiene una singularidad casi incomunicable y es "indigesto para el turista", ya que la mayoría de los extranjeros abandonan la plaza antes de que termine la corrida.
  • Analogías y Símbolos: Es considerada el "último vestigio del mundo antiguo". Se compara con la danza. Es un símbolo potente que explota en todas las direcciones (lucha del hombre contra la bestia, luz contra muerte, orden contra caos, espíritu contra materia). Incluso se ha comparado con el sacramento de la Eucaristía.
  • Distinción Terminológica: Es crucial diferenciar la Tauromaquia (el género, que incluye todos los ritos y juegos del toro) de la Corrida de Toros (la especie ibérica muy autóctona que sublima todas las posibilidades de la tauromaquia).

Sobre el Origen y la Historia

  • El Toro Sagrado: El toro es un animal sagrado y totémico, central en la mitología (Egipto, Sumeria, Mitra, Dionisio).
  • Antigüedad del Combate: El combate contra el toro es muy antiguo, con representaciones que se remontan a la época de las cavernas, la Edad de Bronce, y los frescos de la cultura minoica en Creta.
  • Orígenes Míticos y Héroes: se relaciona el origen del toreo con la mitología griega, sugiriendo que Hércules, Teseo y Jasón fueron los primeros tres grandes toreros. También se menciona el rito de la Atlántida, donde los reyes combatían y degollaban un toro de Poseidón.
  • Profesionalización: La corrida de toros propiamente dicha se profesionaliza alrededor del siglo XVII y pasa de ser a caballo (para nobles) a ser a pie (para la gente del pueblo).
  • Clases Sociales: Al principio, el toreo a caballo era cosa de nobles (como Felipe IV que lanceaban toros), mientras que el toreo a pie lo practicaba la clase más baja (tipos que ayudaban al caballero).

El Toro: Centro de la Fiesta

  • El Rey: El toro es el centro de todo, el alma de la fiesta y el rey de la fiesta. Una corrida es una "corrida de toros, no una corrida de toreros".
  • Exigencias: Se exige la integridad del toro, que tenga bravura (el afán de lucha) y casta (el afán de repetición).
  • Dignidad y Respeto: Se debe picar, banderillear y matar bien al toro para mantener su dignidad. El toro se convierte en objeto de conocimiento, ya que el torero debe conocerlo para someterlo.
  • El Ganadero: La figura del ganadero es singular, ya que su tarea es la exacerbación de la bravura (un "contraganadero"), infundiendo su personalidad en la animalidad.
  • Personalización: Los toros tienen nombre (se les bautiza) y se recuerda a los toros memorables (buenos y malos, como Islero o Cazarratas). La muerte en la plaza es vista como la muerte más digna para el animal, en contraste con un matadero anónimo.

El Torero, el Éxito y el Sacrificio

  • Heroísmo y Riesgo: El torero es considerado uno de los últimos héroes del mundo, ya que se expone a la muerte de verdad.
  • Éxito: El éxito consiste en la comunión trágica entre el torero y el animal. No se basa en el número de orejas, sino en la verdad y pureza de la faena.
  • Dominio y Belleza: La belleza nace del dominio, cuando el torero se impone al animal, lo domina y crea arte "con gusto".

El Público y la Democracia de la Fiesta

  • Soberanía: La corrida de toros es genuinamente democrática. El público es soberano para juzgar, pedir trofeos (orejas, rabo) y silbar si la autoridad no complace su petición.
  • Juicio, no Diversión: El público está allí para juzgar (si la faena es verdadera, buena y bella), no solo para divertirse.
  • Catarsis y Fusión: La plaza es un lugar donde ocurre la catarsis (proyectando el trauma inconsciente de la muerte) y la fusión del individuo en la multitud (la "unanimidad" o el "uno primordial" mencionado por Nietzsche).
  • Deber: El aficionado tiene el deber de formarse e ir refinando su gusto para poder disfrutar de verdad.

3. Listado de Libros Recomendados con sus Autores

Los invitados mencionaron varias obras literarias y ensayos fundamentales sobre la tauromaquia:

Título del Libro Autor Recomendado por Notas relevantes
Cuando suena el clarín Gregorio Corrochano Juan Rubert Crítica taurina, estuvo presente en la muerte de Joselito.
50 razones para defender las corridas de toros Francis Wolf Juan Rubert Ensayo breve, útil para entender la fiesta y debatir con detractores.
Cómo ver una corrida de toros José Antonio del Moral Juan Rubert Contiene términos y demás elementos explicativos.
El fin de la fiesta Rubén Amón Juan Rubert Obra moderna que aborda temas actuales, como la feminización del torero.
Historia del Toreo Néstor Luján Ricardo Soto, Juan Rubert Básico y fundamental para iniciados, explica los comienzos y el desarrollo de los tercios.
El Toro Bravo Álvaro Domecq Ricardo Soto Fundamental para entender la cría, selección y las dos caras de la fiesta (toro y torero).
El Cossío José María de Cossío Ricardo Soto Obra fundamental y exhaustiva, como "la bestia" del conocimiento taurino.
El arte del toreo Andrés Amorós Ricardo Soto Se destaca por la facilidad y el buen gusto en la escritura.
Poesía y toros (o similar) Andrés Amorós Ricardo Soto Poesía sobre el tema.
Juan Belmonte, matador de toros Chaves Nogales Javier Crevillén Considerada la mejor biografía escrita sobre Belmonte.
Entre Marte y Venus Domingo Delgado de la Cámara Juan Carlos Buzón Un tratado sistemático e histórico de la corrida de toros, publicado en 2013.
Una teoría de la fiesta Joseph Pieper Julio Llorente (Moderador) Profundiza en el vínculo indisociable entre la fiesta, el culto y la liturgia.

La tauromaquia, tal como se describe en el programa, es como una catedral antigua: contiene múltiples capas de historia, mitología y significado; no puede reducirse a una simple estructura, sino que debe apreciarse en su complejidad ritual, donde cada elemento (el toro, el hombre, y el público juzgando) cumple un papel esencial y trascendental.