Winchester 1873: El rifle que conquistó el Oeste

América en la segunda mitad del siglo XIX

La segunda mitad del siglo XIX fue una época de profundos cambios en Estados Unidos. Tras el final de la Guerra de Secesión (1861-1865), el país se adentró en una etapa de reconstrucción y expansión hacia el oeste. Esta fase, conocida como la Conquista del Oeste, estuvo marcada por el crecimiento del ferrocarril, los conflictos y exterminio de las poblaciones indígenas, el auge del ganado y la minería, y la llegada constante de colonos y aventureros en busca de nuevas oportunidades. Durante este periodo, conocido también como el “Far West”, la necesidad de armas fiables, rápidas y de fácil uso se volvió crucial. El territorio era vasto, la ley escasa, y los enfrentamientos constantes. Colonos, soldados, cazadores, vaqueros, mineros, bandidos y forajidos requerían herramientas efectivas para defenderse, cazar o imponer su voluntad. La diferencia entre la vida o la muerte podía depender de un buen arma.

En este contexto, el desarrollo de armas fue acelerado. Las viejas pistolas de chispa y los rifles de un solo disparo comenzaron a ceder el paso a armas de repetición, que permitían una mayor cadencia de fuego sin necesidad de recargarlas tras cada disparo. Fue en este ambiente de innovación y necesidad donde nació el Winchester Model 1873, una de las armas más emblemáticas de su tiempo. Llamado posteriormente "El arma que ganó el Oeste", el Winchester 1873 simboliza la unión perfecta entre tecnología, necesidad y mito. No solo fue ampliamente utilizado por civiles, militares y forajidos, sino que también dejó una huella imborrable en la cultura popular. Todo el mundo la asocia al oeste americano.

Características técnicas del Winchester 1873

El Winchester Model 1873 fue fabricado por la Winchester Repeating Arms Company y lanzado al mercado en ese mismo año. Su diseño era una evolución de los modelos anteriores (como el Henry y el Winchester 1866), pero con notables mejoras en funcionalidad, durabilidad y facilidad de producción.


El Winchester 1873 utilizaba un sistema de palanca, que permitía recargar rápidamente con una sola mano moviendo una palanca bajo el guardamonte. Este mecanismo accionaba el cerrojo y alimentaba una nueva bala desde el depósito tubular situado bajo el cañón. Este sistema proporcionaba una alta cadencia de fuego en comparación con los rifles de cerrojo o de un solo disparo de la época. En manos entrenadas, el usuario podía disparar hasta 15 veces por minuto. Lo cual era algo excepcional en aquella época.

Uno de los grandes avances del Winchester 1873 fue su cámara para el nuevo cartucho .44-40 Winchester Center Fire (WCF). Este fue el primer cartucho metálico central (no de percusión anular) producido por Winchester. Era un cartucho de 44 en calibre y con 40 granos de pólvora par accionar la bala. El .44-40 era suficientemente potente para la caza de ciervos, la autodefensa o el combate a corta y media distancia. Además, su diseño metálico lo hacía más fiable y resistente que las municiones de papel utilizadas anteriormente. Un detalle clave es que el .44-40 también fue adoptado por muchas pistolas Colt, lo que permitía a los usuarios llevar un rifle y un revólver usando la misma munición. Esto supuso una gran ventaja logística en el campo. El Winchester 1873 tenía una capacidad de hasta 15 cartuchos, dependiendo de la longitud del cañón, ya que había varias versiones del rifle. Además, se fabricaron versiones con diferentes acabados, maderas y grabados personalizados, lo que lo convirtió también en un objeto de prestigio.

Se produjeron más de 720.000 unidades entre 1873 y 1923. La longevidad de su fabricación, junto con su eficacia, ayudó a cimentar la leyenda del arma. Incluso hoy, se utilizan réplicas modernas del Winchester 1873 en tiro deportivo, especialmente en disciplinas de "cowboy action shooting".

El rifle que ganó el Oeste

El apodo “The Gun That Won the West” no es gratuito. Aunque ninguna arma por sí sola puede adjudicarse ese logro, el Winchester 1873 fue sin duda una de las más influyentes en esa era.

Su fiabilidad, facilidad de uso, alta capacidad y velocidad de disparo lo convirtieron en el arma preferida de colonos, cazadores, comerciantes, mineros, vaqueros, agentes de la ley y, por supuesto, forajidos. Desde los campos de caza en las Grandes Llanuras hasta los convoyes de colonos o las estaciones del ferrocarril, el Winchester 1873 era omnipresente. Su uso civil fue masivo, pero también tuvo participación militar. Aunque el ejército estadounidense usaba mayormente rifles de cerrojo como el Springfield, muchas unidades de voluntarios o de la milicia llevaban su propio armamento, y el Winchester 1873 era una opción muy deseada.

Más allá de su eficacia, el Winchester 1873 se convirtió en un símbolo de la autosuficiencia y el espíritu pionero. Representaba la frontera, la lucha del hombre contra la naturaleza y el caos, y la capacidad de defenderse en un entorno hostil. Este simbolismo se reforzó con el paso del tiempo a través de novelas, relatos periodísticos y, especialmente, del cine.

El Winchester 1873 en el cine: el western y la leyenda

El impacto cultural del Winchester 1873 no se limitó a la historia: también se convirtió en una estrella del cine. En las décadas de 1940 y 1950, cuando el género western dominaba Hollywood, el rifle se volvió una presencia constante. Son numerosas las películas en las que aparece, más adelante haré otra entrada sobre este tema. Pero la película más icónica es sin duda la que lleva por título el nombre del rifle “Winchester 73” (1950), dirigida por Anthony Mann y protagonizada por James Stewart. En ella, el rifle se presenta como un objeto casi mítico, deseado por todos, y sirve como hilo conductor de la trama. La película marcó un punto de inflexión tanto para el género como para la carrera de Stewart, y ayudó a cimentar la leyenda del arma. Incluso hoy, muchos aficionados al western recuerdan la historia de ese "rifle de campeonato" como una epopeya en sí misma.




The Batman (2022) de Matt Reeves, crítica al vuelo de la película

Creo que esta adaptación del comic al cine del hombre murciélago es la mejor de las que se han hecho. Ya se que esto es una especie de herejía teniendo en cuenta la trilogía de Nolan sobre el personaje, pero como esto es un Blog de opiniones e ideas voy a sacar el listado de lo bueno y lo malo de la película después de dos visionados. Es un listado desordenado, al vuelo...Cada uno puede tener su opinión...

+Ambientación magistral de la ciudad de Gotham

+Batman está muy bien caracterizado, es un personaje traumatizado, no lo olvidemos

+Batman detective, nos retrotrae a las historias originales del personaje de comic

-Numerosos errores de guion, algunos imperdonables

+Ritmo pausado, nos  da tiempo a saborear las escenas, la música, los personajes, especialmente Batman

+La música de Michael Giacchino es brutal

+Parece cine negro, esto es un punto fuerte de la película

+Gotham es un personaje más de la película, esto no se ha logrado anteriormente

+Fotografía muy lograda. Dominan los rojos, los negros

+Tanto Batman como Bruce son personajes atormentados, tocados psicológicamente. Esto no se disimula en la película, le da realismo

-Demasiados falsos finales

-Demasiado metraje

+Vemos muy bien reflejados los comics de Frank Miller, Tim Sale, David Mazzucchelli, Jeph Loeb

+La interpretación que hace Paul Dano de Enigma es soberbia.

+Musica de Nirvana Something in the way

+Apuesta creativa arriesgada y original. Un poco de aire fresco al cine.

+Fotos inspiradas en la obra de Edward Hopper

-Ideología woke

+No hay luz, solo oscuridad y lluvia, el mal sigue dominando

+Batman muy realista, empezando por la primera escena de lucha y continuando con el salto desde la comisaría, Batman es un hombre, no un extraterrestre




El último en el agua: la increíble historia de Fang Lang, el Jack real del Titanic

Cuando James Cameron rodó Titanic en 1997, el clímax de su película quedó grabado en la retina colectiva: Jack y Rose, en mitad de un océano helado, aferrados a un fragmento de madera que solo podía sostener a uno. Él, desfalleciente, cede el lugar a ella y desaparece bajo las aguas oscuras del Atlántico. Lo que pocos saben es que, más allá de la ficción y de la química entre Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, esa escena tiene un eco real. Su inspiración está en un hombre que no se llamaba Jack Dawson, ni era de Iowa o Filadelfia. Era Fang Lang, y venía de China.

Su historia no es la del romance imposible, sino la del instinto de supervivencia y la ironía cruel de la discriminación. Un relato que pasó más de un siglo olvidado, sepultado bajo papeles de inmigración y el silencio de las víctimas, hasta que recientemente fue rescatado por historiadores y documentales.

Noche de hielo y silencio

La madrugada del 15 de abril de 1912, el Titanic agonizaba tras chocar con un iceberg. En la confusión de cubierta, en la histeria de botes salvavidas abarrotados y de pasajeros luchando por un hueco para salvar sus vidas, un grupo pequeño de hombres chinos —ocho en total— buscaba su salvación. Viajaban en tercera clase, con destino a Nueva York, probablemente contratados para trabajar en barcos de carga en América o el Caribe. Entre ellos estaba Fang Lang. Cuando el transatlántico cedió a la presión del agua helada, la mayoría de los que aún quedaban a bordo cayeron al mar. Fang no encontró un bote, pero sí un pedazo de madera lo bastante grande para mantenerlo a flote. Se aferró a él con todas sus fuerzas, el cuerpo entumecido, los músculos tensos contra el frío letal del Atlántico Norte. No gritó. No se movió.

Horas más tarde, el oficial Harold Lowe, a cargo del bote número 14, lo encontró. Lowe había tomado la decisión inusual —y arriesgada— de volver hacia el campo de cadáveres y náufragos para intentar rescatar a quien todavía respirara. En esa vuelta, entre cuerpos inmóviles, divisó una figura que aún estaba viva. Era Fang Lang, flotando boca arriba, atado a su improvisada balsa. Lo subieron a bordo, envuelto en mantas.

El milagro no terminó ahí: en cuanto recuperó un poco de calor, Fang no se derrumbó en el fondo del bote. Se levantó y comenzó a remar junto a los demás, ayudando a dirigir la embarcación hacia el Carpathia, el vapor que horas después acogería a los supervivientes.

Un sobreviviente invisible

Al llegar a Nueva York, Fang Lang y sus compañeros chinos no recibieron la bienvenida que tuvieron otros pasajeros. La Ley de Exclusión China de 1882 estaba en vigor: una norma que prohibía la entrada de trabajadores chinos a Estados Unidos y que autorizaba su expulsión inmediata, incluso en casos extraordinarios como este. Esto denota una terrible deshumanización, tan típica del mundo anglosajón que ahora lo domina casi todo.

Mientras las damas de primera clase eran entrevistadas por la prensa y los nombres de los caballeros rescatados circulaban en los periódicos, Fang y los demás fueron detenidos y deportados en menos de 24 horas. No hubo tiempo para dar su versión de los hechos, ni para figurar en las narraciones heroicas de la tragedia. El destino los envió directamente a Cuba, y de ahí, probablemente, a trabajar en rutas marítimas donde los marineros chinos eran contratados por su resistencia y pericia.

En los listados oficiales de supervivientes del Titanic, sus nombres aparecieron apenas, a veces mal transcritos, sin detalle alguno. No hubo fotografías ni entrevistas, solo un silencio administrativo que borró sus rostros de la memoria colectiva.

Del olvido al cine

La historia habría quedado enterrada para siempre si no fuera por el empeño de investigadores como Steven Schwankert, que comenzó a rastrear a los “Seis Chinos”, título que acabaría dando nombre al documental The Six (2020). El equipo encontró registros, testimonios indirectos y, sobre todo, la pieza más llamativa: el rescate de Fang Lang en circunstancias que coincidían inquietantemente con la famosa escena de Titanic.

Cuando James Cameron conoció el caso, lo reconoció como una de las fuentes de inspiración para el clímax de su película. Incluso llegó a rodar una secuencia en la que un personaje sobrevivía sobre un panel flotante, pero terminó descartándola para no dispersar el foco narrativo de Jack y Rose. Sin embargo, en entrevistas posteriores, Cameron admitió que la historia real le había fascinado: la idea de un hombre aferrado a la vida, solitario en la inmensidad del océano, encarnaba el núcleo emocional que buscaba transmitir.

La otra cara del heroísmo

Lo que hace más potente la historia de Fang Lang no es solo su supervivencia, sino la ironía que la acompaña. En el imaginario popular, sobrevivir al Titanic es un símbolo de suerte, de haber escapado de la muerte más famosa del siglo XX. Pero para Fang, esa suerte duró menos de un día. La ley que lo expulsó —fruto del racismo institucionalizado contra los inmigrantes chinos— fue implacable.

Mientras otros supervivientes recibían apoyo financiero, alojamiento temporal y cobertura mediática, él y sus compañeros fueron tratados como intrusos ilegales. En cierto modo, sobrevivieron dos veces: primero al océano, luego al peso de un sistema que no los quería. La exclusión no les robó la vida, pero sí les arrebató la posibilidad de contarla.

El eco en el presente

Hoy, más de un siglo después, la figura de Fang Lang emerge no solo como el “Jack chino” que inspiró a Hollywood, sino como un símbolo de memoria histórica. Su caso nos recuerda que la tragedia del Titanic no fue la misma para todos sus pasajeros: las diferencias de clase, raza y nacionalidad marcaron el destino de cada superviviente tanto como el iceberg.

La recuperación de su historia ha permitido ampliar la narrativa más allá de los salones de primera clase y los violines en cubierta. Nos invita a mirar a quienes flotaban, casi invisibles, en los márgenes de los relatos oficiales. En el caso de Fang, nos deja una imagen potente: la de un hombre tendido en una tabla, rodeado de muerte, que, al recuperar el aliento, toma un remo y sigue adelante.

El gentilicio caracense no es correcto, mejor guadalajareño o arriacense

Leo con mucho interés el post de José María Bris en la prensa local de Guadalajara. En el artículo se hace mención al gentilicio de "caracense", utilizado junto con el de guadalajareño y arriacense para referirse a las gentes de Guadalajara. Pero parece que el término no es correcto. Aquí os resumo los motivos que tan brillantemente expone el autor en su artículo.

En muchas ocasiones, la palabra "caracense" ha sido utilizada para referirse a quienes nacieron en Guadalajara. Este gentilicio se popularizó en el siglo XVI, cuando ciertos cronistas locales quisieron vincular los orígenes de la ciudad con raíces romanas o prerromanas. Creían que Guadalajara, en su estado actual, había sido fundada por los árabes en el siglo IX, pero que bajo ella reposaba un pasado antiguo —como la mítica mansión romana de Arriaca, posiblemente situada en zonas cercanas entre Usanos, Marchamalo y Fontanar—. Además, se consideraba como antecedente romano el puente sobre el Henares, atribuido inicialmente a aquella época clásica, aunque en realidad es más bien de transición hacia siglos posteriores.

Ya entrado el siglo XIX, este imaginario histórico cobró forma: en 1881 se fundó el Ateneo Caracense, y, años después, se abrió un instituto con nombre idéntico. Esa denominación persistió incluso cuando en 1998 el palacio de don Antonio de Mendoza fue restaurado y convertido en centro educativo, adoptando el título de Liceo Caracense.

Sin embargo, las investigaciones más recientes han desentrañado la realidad: Caraca, la supuesta ciudad prerromana o romana, no se hallaba bajo Guadalajara, sino en Driebes, a más de 50 km de la capital, concretamente a unos 7 kilómetros de Driebes, en el conocido como cerro de La Muela. Allí reposan los restos de aquella ciudad. Esto parece invalidar el uso del gentilicio “caracense” para los habitantes de la capital de la provincia de Guadalajara.

Resumiendo, el paisanaje de la capital de Guadalajara son los guadalajareños o arriacenses, dejando el término caracense para otra ocasión.

Por Diego Delso, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=72218658



Entre el vértigo urbano de Yebes y el silencio de Angón

Las cifras, a menudo frías y desnudas, esconden detrás historias humanas y paisajes que se transforman. La última estadística del Instituto Nacional de Estadística sobre la provincia de Guadalajara ha despertado titulares llamativos: el municipio que más crece es Yebes, mientras que el que más decrece es Angón, un rincón escondido de la Sierra Norte. Dos polos opuestos de una misma tierra, dos formas de entender la vida que parecen separarse irremediablemente: el empuje desordenado y urbanita frente al mundo rural y tradicional que languidece.

Yebes: el crecimiento como vértigo

En las últimas dos décadas, Yebes ha pasado de ser un pequeño municipio a convertirse en un laboratorio del crecimiento acelerado. La construcción del macrobarrio de Valdeluz, vinculado a la estación del AVE, convirtió al pueblo en sinónimo de urbanización moderna, grandes avenidas y bloques de pisos que poco tienen que ver con la fisonomía de la provincia. El crecimiento demográfico ha sido espectacular, pero también controvertido: urbanismo a golpe de promociones inmobiliarias, calles amplias que aún hoy no siempre tienen el bullicio que se esperaba, y una sensación de lugar “importado”, nacido más de los planes de un despacho que de la raíz pausada de los pueblos castellanos.

Yebes crece porque es cómodo para quienes trabajan en Madrid y buscan vivienda más asequible, porque el tren de alta velocidad acerca la capital en apenas unos minutos. Pero esa comodidad se ha construido sobre un paisaje que ya no cuenta historias antiguas, ni recuerda las voces de abuelos ni conserva la piedra que resiste el paso del tiempo. Es un crecimiento con vértigo: cifras que suben, ladrillos que se levantan, parques modernos, sí, pero también una cierta sensación de lugar sin pasado, sin hondura.

Angón: el tiempo detenido

En el extremo opuesto, Angón encarna lo contrario. Enclavado en la Sierra Norte de Guadalajara, se asoma al valle del río Cañamares desde su posición en la falda de la Sierra de la Bodera. El pequeño caserío de piedra, hoy con apenas siete habitantes censados, conserva en su silencio un encanto que resulta difícil de explicar con números. La iglesia de Santa Catalina, construida en el siglo XVI sobre una planta románica anterior, se alza como testigo de una comunidad que antaño fue vigorosa. En el interior aún se guarda un retablo barroco, y en uno de sus muros permanece cegada una portada románica que nos recuerda que aquí ya se rezaba y se cantaba hace muchos siglos. Muy cerca, en lo alto de un cerro, resisten las ruinas del castillo de Iñesque, fortificación medieval desde la que se domina un paisaje áspero y bellísimo.

Caminar por las calles de Angón es sentir la huella del tiempo detenido. Las casas de piedra muestran la arquitectura serrana, funcional y austera, hecha para resistir inviernos duros y veranos secos. Hoy, muchas puertas permanecen cerradas, y donde hubo familias numerosas y cuadrillas de pastores, apenas queda el eco de los pasos de algún vecino solitario.

El peso de la despoblación

Angón, como tantos pueblos de la Sierra Norte, ha visto cómo las cifras caían sin remedio desde mediados del siglo XX. De más de 300 habitantes en 1950 a menos de diez en la actualidad, su historia refleja el éxodo rural que vació comarcas enteras en busca de empleo y futuro en las ciudades. Pero en ese vacío también se ha conservado la pureza de un entorno natural intacto: las parameras, los bosques cercanos, la cercanía del embalse de Pálmaces, la vida lenta marcada por las estaciones.

El contraste con Yebes resulta brutal. Mientras allí las grúas levantaban bloques y el AVE atraía nuevos vecinos, aquí la escuela cerraba, los bares apagaban sus luces y la plaza quedaba huérfana de voces. Donde uno encarna el “boom” del crecimiento demográfico, el otro simboliza la desaparición de un mundo que fue la base de nuestra cultura.

Nostalgia y preguntas abiertas

Es inevitable sentir cierta nostalgia al pasear por las calles de Angón. Porque, más allá de la estadística que lo señala como el municipio que más decrece, late la memoria de quienes vivieron allí, de las fiestas de San Blas en febrero o de Santa Catalina en noviembre, de los niños jugando por las calles empedradas, de los toques de campana llamando a misa en la vieja iglesia. Hoy, todo eso resiste como recuerdo más que como presente.

Yebes, en cambio, se mueve hacia adelante, pero con una identidad en construcción, todavía sin raíces profundas que lo anclen a la tierra. Crece, sí, pero lo hace con el vértigo de lo despersonalizado, de lo que podría estar en cualquier otro sitio. Quizá la provincia de Guadalajara, con sus dos extremos, nos está lanzando una advertencia: que no se trata solo de sumar habitantes ni de vaciar pueblos, sino de repensar cómo queremos vivir. El bullicio moderno y la calma serrana no tendrían por qué ser incompatibles, si se buscara un equilibrio entre desarrollo y tradición.

Dos caras de una misma tierra

En definitiva, Yebes y Angón son hoy las dos caras de una misma provincia. Uno representa el futuro inmediato de la urbanización y la cercanía con Madrid; el otro, el pasado que se apaga lentamente en la belleza de la Sierra Norte. Entre ambos, quizá haya una lección: el crecimiento sin alma poco significa, y el decrecimiento con memoria merece respeto. Porque cada casa cerrada en Angón es un fragmento de historia que se pierde, y cada bloque nuevo en Yebes debería recordarnos que vivir no es solo multiplicar números, sino también arraigar en la tierra y en la comunidad.

El Rompehielos (2024): crítica al vuelo

Datos Técnicos y Producción

Título original: Icebreaker

Título en español: Rompehielos

Año de producción: 2024

Género: Thriller de intriga, supervivencia, con elementos de terror psicológico y mitología nórdica

Creada por / Dirección: Creada por Mia Ylönen, dirigida por Pete Riski

Guionistas: Tuuli Kanervankallio, Nuutti Sihvonen y Mia Ylönen

Música: Salla Luhtala

Fotografía: Daniel Lindholm 

Productora: Helsinki-filmi; distribución: About Premium Content 

Premios: Ganó el prestigioso MipDrama Coup de Coeur en Cannes, distinción elegida por compradores de la industria 

Temporadas, Episodios y Duración

Temporadas: 1 temporada (temporada 1)     

Episodios: 6 episodios     

Duración aproximadamente: 44 minutos por episodio 

Elenco Principal

Jessica Grabowsky como Sanna Tanner (protagonista, guardacostas) 

Mikko Leppilampi como Joonas Kapanen (guardacostas)

Eero Milonoff, Roderick Kabanga, Seidi Haarla, Johannes Holopainen, Riitta Havukainen, Mona Kortelampi, Karim Rapatti, Tuomas Nilsson, Carl-Kristian Rundman, Vilho Rönkkönen, Amira Khalifa, Elizaveta Smirnova, Kaisu Mäkelä

Ambientación y Sinopsis Breve

La acción transcurre en un rompehielos varado durante una tormenta en el Ártico finlandés. La guardacostas Sanna Tanner y su equipo hallan un cuerpo congelado atado a un respiradero y se topan con una tripulación paranoica y hermética. A medida que los miembros desaparecen uno a uno, un antiguo cuento sobre _espíritus vengativos emergiendo en la noche más oscura del año_ empieza a cobrar vida, volviendo la situación sobrenatural y claustrofóbica. Sanna debe descubrir la verdad antes de convertirse en la próxima víctima. 

Antecedentes de Creación

La creadora Mia Ylönen encontró inspiración en la mitología finlandesa del solsticio de invierno, que interpreta la noche más larga como momento en que “el alma de los muertos se acerca a la de los vivos” — un concepto central en la serie. Además, el rompehielos desempeña un papel casi vivo en la narrativa, sumando tensión y angustia al entorno. El rodaje se llevó a cabo parcialmente en Turku, Oulu y Raahe (Finlandia), incluyendo una auténtica embarcación como escenario principal.

Aspectos Positivo:

+ Terror inexplicable. Fantasmas y ánimas. Fenómenos paranormales. Siempre es un misterio que agrada

+ Personajes misteriosos. No sabemos muy bien qué ocultan. Nos intrigan y queremos seguir viendo capítulos para ver qué sucederá con ellos.

+ Muy buen papel de la protagonista. Muy creíble.

+ Buena fotografía del paisaje blanco.

+ Buen uso de los flashbacks.

+ Gran realismo del barco. Es un personaje más de la serie.

Aspectos Negativo:

- Pasan demasiados capítulos sin explicarnos al menos algo.

- No queda resuelto la razón de no ser rescatados por los guardacostas.

- Algún cambio brusco de comportamiento de algún personaje. Poco creíble.

- Demasiadas casualidades para la protagonista. Esto es poco creíble.

Las cosas que llevaban los hombres que lucharon de Tim O'Brien

El bien se derrama sobre el mal. El orden se funde con el caos, el amor con el odio, la fealdad con la belleza, la ley con la anarquía, la civilización con el salvajismo. Los vapores te envuelven. No puedes distinguir dónde estás, o por qué estás allí, y la última certidumbre es una abrumadora ambigüedad.



Todas las novelas de Stephen King

Volviendo al universo del escritor americano Stephen King, aquí dejo el listado de sus novelas en orden cronológico:

Novelas en orden de publicación  

1970s

Carrie (1974)  

’Salem’s Lot (1975)  

Rage (como Richard Bachman) (1977)  

The Shining (1977)  

The Stand (1978)  

The Long Walk (como Bachman) (1979)  

The Dead Zone (1979)  

   
1980s

Firestarter (1980)  

Roadwork (como Bachman) (1981)  

Cujo (1981)  

The Running Man (como Bachman) (1982)  

The Dark Tower: The Gunslinger (1982)  

Different Seasons (novellas) (1982) —incluye The Body, Rita Hayworth…, etc.  

Christine (1983)  

Cycle of the Werewolf (1983)  

Pet Sematary (1983)  

The Eyes of the Dragon (1984)  

The Talisman (con Peter Straub) (1984)  

Thinner (como Bachman) (1984)  

It (1986)  

The Dark Tower II: The Drawing of the Three (1987)  

Misery (1987)  

The Tommyknockers (1987)  

The Dark Half (1989)  

  
1990s

The Stand: Complete and Uncut Edition (1990)  

Four Past Midnight (novellas) (1990)  

The Dark Tower III: The Waste Lands (1991)  

Needful Things (1991)  

Gerald’s Game (1992)  

Dolores Claiborne (1992)  

Nightmares and Dreamscapes (colección) (1993)  

Insomnia (1994)  

Rose Madder (1995)  

The Green Mile (serializado en 1996)  

Desperation (1996)  

The Regulators (como Bachman) (1996)  

The Dark Tower IV: Wizard and Glass (1997)  

Bag of Bones (1998)  

The Girl Who Loved Tom Gordon (1999)  

Hearts in Atlantis (1999)  

  

2000s

Dreamcatcher (2001)  

Black House (con Peter Straub) (2001)  

Everything’s Eventual (colección) (2002)  

From a Buick 8 (2002)  

The Dark Tower V: Wolves of the Calla (2003)  

The Dark Tower VI: Song of Susannah (2004)  

The Dark Tower VII: The Dark Tower (2004)  

The Colorado Kid (2005)  

Cell (2006)  

Lisey’s Story (2006)  

Blaze (como Bachman) (2007)  

Duma Key (2008)  

Just After Sunset (colección) (2008)  

Under the Dome (2009)  

  

2010s

Full Dark, No Stars (colección) (2010)  

11/22/63 (2011)  

The Dark Tower: The Wind Through the Keyhole (2012)  

Joyland (2013)  

Doctor Sleep (2013)  

Mr. Mercedes (2014)  

Revival (2014)  

Finders Keepers (2015)  

The Bazaar of Bad Dreams (colección) (2015)  

End of Watch (2016)  

Sleeping Beauties (con Owen King) (2017)  

The Outsider (2018)  

Elevation (2018)  

The Institute (2019)  

 

2020s

If It Bleeds (colección) (2020)  

Later (2021)  

Billy Summers (2021)  

Fairy Tale (2022)  

Holly (2023)  

Never Flinch (2025) 


Lecturas de 2024

Aquí recopilo el listado de los libros leídos a lo largo del año 2024:

  • La roja insignia del valor - Stephen Crane  
  • Primavera Extremeña- Julio Llamazares  
  • Yo pondré la guerra - Manuel Leguineche  
  • Bajo la mirada de Occidente - Joseph Conrad  
  • Un caballero a la deriva - Herbert Clyde Lewis  
  • Breve historia de entreguerras- Óscar Sainz de la Maza  
  • Hubo una vez una guerra - John Steinbeck  
  • Las aventuras de un libro vagabundo - Paul Desalmand  
  • Veinticuatro horas en la vida de una mujer - Stefan Zwein  
  • El túnel - Ernesto Sabato  
  • Agonía, traición, huida- José Luis Rodríguez Jiménez  
  • 23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo - Ha-Joon Chang  
  • Senderos de Gloria - Humphrey Cobb  
  • Los tónicos de la voluntad -Santiago Ramón y Cajal  
  • Apuntes de un disidente - Jesús Palomar Vozmediano  
  • 7 cuentos - Antón Chéjov  
  • La jungla polaca - Ryszard Kapuściński  
  • Entre limones - Chris Stewart  
  • La Segunda Guerra Mundial Imágenes para la historia -Paco Elvira


Lecturas de 2023

Estoy recopilando las lecturas por año, tanto libros como comics. Aquí pongo el listado de las de 2023:

  • Voces de Chernóbil - Svetlana Alexievich  
  • La última vuelta al mundo en 80 días - Luis Pancorbo  
  • Jovellanos, el patriota - Manuel Fernández Álvarez  
  • Una pequeña historia de la filosofía- Nigel Warburton  
  • La guerra de Afganistán de 1979 a 1988 - Mylene Theliol  
  • El buitre - Franz Kafka  
  • El autobús perdido - John Stenbeck  
  • Una vida en nuestro planeta - David Attenborough  
  • La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja - Manuel Chaves Nogales  
  • El viejo y el mar - Ernest Hemingway  
  • La aldea perdida - Max Gross  
  • Hijos de hombres - Phyllis D. James  
  • Somos nosotros los que estamos aquí ahora - Jostein Gaarder  
  • La isla del Dr. Morau - H.G. Wells  
  • Viaje por la vía de la plata - Pío Moa  
  • Érase una vez la URSS - Dominique Lapierre  
  • Invierno - Rick Bass  
  • Bajo la mirada de occidente - Joseph Conra  
  • Redención Daredevil (comic)  
  • Sospechosos excepcionales Daredevil (comic)