Saint llegó al cine como llegan muy pocas actrices: por la puerta grande y sin necesidad de pedir permiso. Su debut fue La ley del silencio, la película de Elia Kazan en la que compartió pantalla con Marlon Brando. Interpretó a Edie Doyle, una mujer aparentemente frágil que, sin embargo, poseía una fortaleza moral extraordinaria. Por aquel papel ganó el Oscar a la mejor actriz de reparto en 1955. Pero lo verdaderamente fascinante de Eva Marie Saint vino después. Porque podría haberse quedado instalada en aquella imagen de actriz dramática, elegante y luminosa que Hollywood parecía haber preparado para ella. En cambio, Alfred Hitchcock decidió cambiarle el vestido, la actitud y hasta el lugar que ocupaba en la pantalla.
En Con la muerte en los talones, Eve Kendall no era la clásica mujer que esperaba a que el héroe viniera a rescatarla. Era misteriosa, inteligente, seductora y, sobre todo, imprevisible. Frente a Cary Grant, Saint jugaba con una mezcla extraordinaria de ironía, sensualidad y peligro. Hitchcock sabía perfectamente lo que estaba haciendo: había encontrado en aquella rubia de apariencia clásica a una mujer que podía desafiar al protagonista de igual a igual. Y ahí está, quizá, una de las claves de Eva Marie Saint, ya que nunca necesitó levantar la voz para dominar una escena. Su interpretación tenía algo contenido. Una manera de mirar, de esperar una respuesta, de decir una frase aparentemente inocente dejando que el espectador descubriera lo que había debajo. En una época en la que Hollywood fabricaba estrellas siguiendo moldes muy concretos, Saint consiguió algo más difícil: convertirse en una actriz con mucha personalidad.
Trabajó con algunos de los nombres esenciales del cine estadounidense —Hitchcock, Kazan, Otto Preminger, John Frankenheimer, Vincente Minnelli— y compartió pantalla con Brando, Cary Grant, Paul Newman, Elizabeth Taylor, Warren Beatty o James Garner. Su filmografía no fue gigantesca, en parte porque nunca pareció interesarle demasiado la carrera entendida como una competición por acumular películas.
Fue una vida profesional larga, irregular, inteligente y profundamente vinculada a su oficio. Cine, televisión, teatro. Drama, suspense, comedia. Y, cuando parecía que ya pertenecía exclusivamente al pasado, volvía a aparecer en el siglo XXI. Para una generación que no había nacido cuando Hitchcock filmó Con la muerte en los talones, Eva Marie Saint fue también Martha Kent en Superman Returns. Allí estaba de nuevo, muchos años después, demostrando que una gran actriz no tiene fecha de caducidad. Su última aparición cinematográfica llegó con Cuento de invierno, en 2014. Todavía continuó trabajando posteriormente en proyectos de voz. Había nacido el 4 de julio de 1924 y atravesó casi ocho décadas de profesión.
Hoy quedan sus películas. Quedan la mirada de Edie Doyle junto a Brando, el misterio de Eve Kendall frente a Cary Grant, la elegancia de aquella mujer que parecía moverse por Hollywood con una mezcla de distancia y curiosidad.
Ahora solamente nos queda apagar las luces. Poner La ley del silencio. Después, Con la muerte en los talones y dejar que Eva Marie Saint vuelva a aparecer en pantalla, como si nunca se hubiera ido. RIP
