La noticia que llega ahora desde Laos es un buen ejemplo.
A finales de septiembre, China y Laos inauguraron en Ban Keun, a unos 50 kilómetros de Vientián, un centro conjunto de apoyo y entrenamiento militar y una academia de aviación. Según Pekín, su objetivo es ayudar a entrenar a los pilotos de la fuerza aérea laosiana y reforzar la cooperación entre ambos países. Pero las imágenes por satélite analizadas posteriormente por Reuters muestran ocho aviones de ataque ligero K-8 y más de una veintena de vehículos militares en unas instalaciones cuya pista todavía estaba en construcción. Algunos analistas consideran que el complejo podría convertirse en la primera instalación militar china plenamente desarrollada en el Sudeste Asiático.
Laos es un pequeño país sin salida al mar situado en el corazón de Indochina, fronterizo con China, Vietnam, Camboya, Tailandia y Myanmar. Su posición convierte cualquier infraestructura importante construida allí en algo más que una cuestión bilateral. China ya ha invertido enormemente en conectar Laos con su propia economía. El ferrocarril China-Laos, inaugurado en 2021, une Kunming con Vientián y forma parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. En 2026, la línea ya había transportado mercancías transfronterizas por valor de unos 13.300 millones de dólares desde su puesta en funcionamiento, según datos oficiales chinos.Así que el dibujo empieza a ser reconocible, ya que primero llega la carretera, después el ferrocarril., después la inversión, después los puertos, y finalmente, cuando las relaciones políticas y militares han madurado, aparece la cooperación en materia de seguridad. No significa que cada carretera china esconda una base militar. Esa interpretación sería demasiado simple. De hecho, los estudios sobre la presencia económica china en el Sudeste Asiático muestran que muchos de esos proyectos proporcionan beneficios reales de conectividad e infraestructura a los países receptores, aunque también generan debates sobre deuda, dependencia y efectos sociales y ambientales.
Durante décadas, cuando hablábamos de una potencia mundial pensábamos fundamentalmente en portaaviones, bombarderos, misiles y bases militares. Hoy el poder es más complejo. Un puerto puede ser una infraestructura comercial y, potencialmente, tener utilidad logística para una marina de guerra. Una línea ferroviaria puede transportar mercancías y, en determinadas circunstancias, facilitar movimientos estratégicos. Una empresa tecnológica puede proporcionar servicios civiles y, al mismo tiempo, formar parte de una arquitectura digital sobre la que un Estado adquiere influencia, y una relación económica profundamente asimétrica puede acabar teniendo consecuencias diplomáticas.
El caso de los puertos es especialmente significativo. Un estudio actualizado en 2026 por el Council on Foreign Relations identifica 145 proyectos portuarios en el exterior con participación de entidades chinas, de los cuales 132 seguían activos. China tiene participación u opera al menos un puerto en todos los continentes salvo la Antártida. El propio estudio analiza, además de la propiedad y la inversión, el posible carácter de uso dual —civil y militar— de algunas de estas infraestructuras.
China ya dispone de una base militar reconocida oficialmente en Yibuti, inaugurada en 2017. Su ubicación no es casual: está junto al estrecho de Bab el-Mandeb, una de las grandes puertas marítimas entre el océano Índico y el mar Rojo. Y la instalación no se ha quedado estática. Imágenes por satélite analizadas este año muestran nuevas antenas, equipos de comunicaciones y otras instalaciones que, según un estudio del Center for Strategic and International Studies, pueden ampliar considerablemente las capacidades chinas de vigilancia y comunicaciones en la región.
Después apareció Camboya: En la base naval de Ream, en el golfo de Tailandia, China participó en una importante ampliación de las instalaciones. El complejo fue inaugurado en 2025 y cuenta con un muelle de aguas profundas, dique seco y otras infraestructuras. Pekín y Phnom Penh presentan la instalación como parte de su cooperación militar, mientras que Camboya niega que existan allí tropas o buques chinos estacionados permanentemente.
Y ahora Laos: al mismo tiempo China continúa desarrollando instalaciones militares en el mar de China Meridional. Las imágenes por satélite muestran que la construcción de una nueva pista de uso militar en Antelope Reef, en las islas Paracelso, avanza rápidamente y podría estar operativa en 2027.
La palabra "imperio" resulta tentadora, pero probablemente sea demasiado sencilla. China no está intentando reproducir exactamente el modelo colonial europeo del siglo XIX. Su expansión es fundamentalmente económica, tecnológica, diplomática y logística, y sólo en determinados lugares adquiere una dimensión militar directa.
En el Sudeste Asiático, por ejemplo, Beijing ha pasado de una política basada principalmente en grandes proyectos de infraestructura a otra más sofisticada, en la que también intenta ganar espacio en sistemas financieros, pagos, inversión, tecnología y capital. Es una forma de poder mucho menos visible que un portaaviones.
China quiere convertirse en una potencia global, pero todavía dispone de una red de bases militares en el extranjero muy pequeña en comparación con Estados Unidos. Por eso resulta significativo lo que está ocurriendo ahora en Laos. La instalación de Laos no supone por sí sola una revolución militar. De hecho, algunos analistas cuestionan qué ventaja operacional proporcionaría a China que no pudiera obtener ya desde la provincia china de Yunnan. Otros consideran que su principal valor puede estar precisamente en algo menos espectacular: mantener una presencia permanente, estrechar la relación con las fuerzas armadas laosianas y consolidar la influencia china en el corazón de Indochina. Es decir, quizá el verdadero objetivo no sea colocar mañana bombarderos chinos en Laos. Quizá sea conseguir que, cuando llegue el día en que Beijing necesite algo en Laos, ya exista allí la infraestructura, la relación política y la confianza militar necesarias para hacerlo posible. Y eso es mucho más sutil.
La cuestión que queda abierta es hasta dónde llegará esa red.

