Así, la Doctrina Monroe y su legado se convierten en ejemplos de la retórica ideológica frente a la realidad política. Por un lado, promueven valores de autodeterminación, pero por otro, legitiman violaciones sistemáticas de esa misma autodeterminación cuando los gobiernos nacionales se oponen a la agenda estadounidense. El resultado ha sido un largo historial de intervenciones directas e indirectas que han corroído el desarrollo democrático de la región y reforzado dinámicas de dependencia económica y militar. En el contexto contemporáneo, esta contradicción no solo persiste sino que se ha exacerbado. La reciente reactivación de la Doctrina Monroe bajo la administración de Donald Trump —apodada satíricamente como “Doctrina Donroe”— demuestra que el imperialismo estadounidense no es una reliquia histórica, sino una política viva con manifestaciones renovadas. Según análisis internacionales, esta reinterpretación prioriza el control geoestratégico del hemisferio, la contención de potencias como China, y la presión sobre gobiernos que no se alinean con los intereses estadounidenses, incluso mediante presión militar o económica.
La operación militar reciente en Venezuela —incluyendo la captura del presidente Maduro— ilustra crudamente este retorno a un intervencionismo descarado que socava el derecho internacional y la soberanía de los estados. No se trata simplemente de un acto aislado, sino de una aplicación coherente con la lógica histórica de dominación estadounidense. Este país, bajo el disfraz de combatir el narcotráfico o promover la estabilidad regional, busca reconfigurar gobiernos y mercados enteros para favorecer la penetración económica y política de Washington. Este patrón revela la profunda hipocresía dominante de Estados Unidos, que ya mostró desde sus más "tiernos" orígenes. Un país que proclama la defensa de la libertad y la autodeterminación mientras practica una política exterior basada en la coerción, la intervención y la imposición de intereses estratégicos propios. La crítica no es meramente retórica sino empírica, la historia de la Doctrina Monroe, desde sus corolarios hasta sus renacimientos contemporáneos, expone cómo la retórica del derecho internacional y la soberanía se subordinan, una y otra vez, a la lógica del poder hegemónico estadounidense.En conclusión, para comprender la Doctrina Monroe es imprescindible observar cómo ha sido utilizada como instrumento para legitimar un proyecto de dominación geopolítica que pone en entredicho los ideales que dice defender. Estados Unidos, a través de más de dos siglos de política exterior, ha demostrado que sus principios proclamados a menudo encubren una agenda de poder, control y hegemonía que contradice los valores universales que pretende representar.