Su obra más conocida, La utilidad de lo inútil, constituye un apasionado alegato en favor de las humanidades y de todos aquellos saberes que no pueden medirse según criterios estrictamente económicos. El libro parte de una idea sencilla, lo que el mundo contemporáneo considera “inútil” es precisamente lo que nos hace plenamente humanos. Para Ordine, la lectura, el pensamiento filosófico, la contemplación artística o la búsqueda del conocimiento sin finalidad práctica inmediata permiten desarrollar la empatía, la conciencia crítica y la sensibilidad moral. En ese sentido, el ensayo posee una gran fuerza ética, especialmente en un contexto donde la educación parece reducirse cada vez más a la preparación técnica de "robots" para el mercado laboral capitalista-globalista. La defensa que realiza del conocimiento gratuito y de la cultura como fin en sí mismo resulta profundamente necesaria y conecta con una preocupación muy actual, caer en convertir al individuo en un simple agente productivo desprovisto de profundidad intelectual y espiritual. Es decir, en un ciudadano acrítico y sin fundamento moral-intelectual.
Sin embargo, pese al enorme atractivo de su planteamiento, el libro presenta también limitaciones importantes. La principal quizá sea su excesiva dependencia de citas y referencias de autoridad. Ordine construye gran parte de su discurso acumulando fragmentos y reflexiones de autores célebres —Platón, Aristóteles, Víctor Hugo, Albert Einstein o Italo Calvino, entre muchos otros— que sirven para reforzar constantemente su posición. Esto dota al texto de una enorme riqueza literaria y cultural, pero al mismo tiempo acaba transmitiendo la sensación de encontrarnos ante una brillante recopilación de “autores ilustres que opinan igual que yo” más que ante una argumentación propia desarrollada y argumentada. Esa estrategia debilita parcialmente la solidez intelectual del ensayo. Ordine apela con frecuencia a la intuición moral y al prestigio cultural de los grandes pensadores, pero apenas profundiza en análisis más empíricos o científicos sobre los beneficios concretos de las humanidades en el desarrollo cognitivo, emocional o social del individuo. El lector termina compartiendo fácilmente la sensibilidad humanista del autor, pero quizá eche en falta una fundamentación más rigurosa y contemporánea que dialogue con disciplinas como la psicología, la neurociencia o la sociología de la educación. Aun así, La utilidad de lo inútil sigue siendo una obra valiosa para recordarnos que una civilización que solo sabe calcular beneficios económicos corre el peligro de olvidar aquello que da verdadero sentido a la experiencia humana. Por desgracia, vamos directos a esto, sin freno.