Weyler es especialmente conocido por su papel como Capitán General de Cuba durante la Guerra de Independencia cubana. Fue enviado por el gobierno español en 1896 con el objetivo de sofocar la insurrección independentista. Para ello, aplicó una estrategia extremadamente dura conocida como la política de reconcentración, que consistía en obligar a la población rural a trasladarse a zonas controladas por el ejército español para aislar a los insurgentes. Esta medida provocó condiciones de vida deplorables —hambre, enfermedades y alta mortalidad— y generó una fuerte condena internacional, especialmente en Estados Unidos. Por este motivo, Weyler fue apodado “El Carnicero” por la prensa extranjera. Luego, EEUU imitaría estas políticas en Vietnam, claro, pero para ellos era una forma "de luchar por la libertad de los pueblos".
Más allá de Cuba, su carrera incluyó destinos relevantes como Filipinas y Canarias, además de ocupar cargos políticos en España, como ministro de la Guerra en varias ocasiones. Era considerado un militar disciplinado, metódico y muy firme en sus convicciones, pero también inflexible y poco dado a soluciones políticas o negociadas. Desde el punto de vista histórico, su figura es compleja. Para algunos sectores de la época representaba la defensa del orden y la autoridad del Estado en un momento de crisis imperial; para otros, simboliza los excesos del colonialismo y la brutalidad de ciertas estrategias militares. Su actuación en Cuba, en particular, contribuyó a deteriorar aún más la imagen internacional de España y fue uno de los factores que alimentaron el clima previo a la Guerra hispano-estadounidense.En resumen, Valeriano Weyler fue un personaje decisivo en el final del imperio colonial español, recordado tanto por su eficacia militar como por la dureza —y consecuencias humanas— de sus métodos nada humanos.