Lou Andreas-Salomé (nacida Louise von Salomé en San Petersburgo el 12 de febrero de 1861) fue una escritora, ensayista, filósofa y psicoanalista que se convirtió en una de las figuras intelectuales más fascinantes de finales del siglo XIX y principios del XX. Su vida y su pensamiento desafiaron las normas sociales de su época, y mantuvo relaciones personales y profesionales con algunas de las mentes más influyentes de su tiempo. Creció en una familia prusiana acomodada en Rusia y desde joven mostró una curiosidad intelectual excepcional. Rechazó la vida tradicional que se esperaba de ella y se dedicó a estudiar filosofía, teología, literatura y psicológica, áreas que no eran accesibles a la mayoría de las mujeres de su generación.
Encuentro con Nietzsche y Paul Rée: el inicio de una “trinidad intelectual”
En 1882, con poco más de veinte años, Salomé conoció en Roma a
Friedrich Nietzsche y al filósofo alemán
Paul Rée. Ambos hombres quedaron profundamente impresionados por su intelecto y personalidad, y dieron comienzo lo que hoy se recuerda como una de las asociaciones más célebres y complejas de la historia intelectual moderna. Nietzsche quedó enamorado de Lou y le propuso matrimonio en varias ocasiones, propuestas que ella rechazó. Más que relaciones románticas en el sentido convencional, lo que surgió fue una intensa vinculación intelectual. Lou sugirió incluso que los tres vivieran juntos en una especie de comunidad filosófica, un proyecto que ella llamó “la trinidad”. Esta idea, aunque provocó fascinación, no prosperó debido a tensiones personales y a la oposición de la familia de Nietzsche. Nietzsche reconoció la influencia de Andreas-Salomé en su pensamiento. En una carta escribió que, desde que la conoció, estaba “maduro para Así habló Zaratustra”. Su relación con Lou se convirtió en un impulso significativo para su obra y también un punto de quiebre personal ya que su afecto obsesivo y sus esperanzas frustradas por un vínculo romántico contribuyeron a fortalecer su idea del individuo solitario y creador que deben recorrer su propio camino. Paralelamente, Lou mantuvo con Paul Rée una relación más duradera y afectiva que, sin embargo, nunca se formalizó. A finales de esa década su amistad con Rée terminó, aunque ambos continuaron influyéndose como pensadores.
Con Rainer Maria Rilke: amor y mentoría
El poeta austríaco
Rainer Maria Rilke conoció a Salomé en 1897 en Múnich y entre ellos nació una de las relaciones más profundas de la vida de ambos. Salomé tenía quince años más que Rilke, que entonces era un joven aspirante a poeta. Su vínculo combinó pasión, afecto y una intensa vida intelectual compartida. Lou fue guía y mentora de Rilke. Le enseñó ruso para que pudiera leer a Tolstói y Pushkin en sus propios idiomas, le presentó a escritores y mecenas, y lo acompañó en viajes importantes, incluidos dos viajes a Rusia. Es célebre que ella le propuso cambiar su nombre de René a Rainer, convencida de que sonaba más fuerte y masculino, algo que hoy es parte del mito literario alrededor del poeta. Aunque su relación romántica concluyó tras varios años, Lou se mantuvo como consejera y amiga íntima de Rilke hasta su muerte. Su correspondencia, publicada después, es uno de los testimonios más intensos de cómo dos mentes afines pueden nutrirse mutuamente durante décadas.
Relación con Sigmund Freud: psicología y análisis
La relación entre Lou Andreas-Salomé y
Sigmund Freud nació alrededor de 1911, cuando ella se interesó por el psicoanálisis tras conocer la obra de Freud y asistir a un congreso en Weimar. Freud, que raramente permitía la asistencia de mujeres a sus seminarios, la aceptó en sus círculos y la consideró una colega respetada. Salomé se convirtió así en una de las primeras mujeres en formarse como psicoanalista y en ejercer la práctica clínica. Su relación con Freud fue siempre amistosa y basada en respeto intelectual. Intercambiaron cartas durante años, discutiendo temas como el narcisismo, la ansiedad, la sexualidad femenina y la creatividad. Aunque no fue discípula directa de Freud en todos los aspectos, su pensamiento fue influido por sus ideas, y a su vez ella aportó reflexiones propias, especialmente sobre tema de género y subjetividad que en esa época eran poco explorados.
Una vida compleja y un legado duradero
Lou Andreas-Salomé no fue solo “musa” ni compañera de célebres hombres, sino una pensadora con voz propia. Escribió novelas, ensayos filosóficos, análisis literarios y trabajos psicológicos que abordaron cuestiones de fe, amor, sexualidad y libertad. Su independencia intelectual y sentimental la situó como una figura pionera en una Europa dominada por hombres en los círculos artísticos y científicos. Vivió casada con
Friedrich Carl Andreas desde 1887 hasta la muerte de él en 1930, aunque el matrimonio fue complejo y poco convencional. Salomé continuó manteniendo relaciones personales con varias figuras culturales importantes mientras construía su carrera profesional. Murió en Göttingen en 1937, dejando atrás una obra vasta y diversa y una huella profunda en la historia del pensamiento moderno. Su memoria se conserva hoy con renovado interés, no solo como compañera de genios, sino como una de las pocas mujeres en la historia intelectual europea que logró abrirse paso por mérito propio.