Durante la guerra, altos cargos del Tercer Reich —incluido Rudolf Hess— mostraban un interés obsesivo por la astrología, los augurios y el destino. La inteligencia británica supo explotar esta debilidad y utilizó a de Wohl como parte de una estrategia de guerra psicológica y desinformación. Su tarea no consistía tanto en predecir el futuro, sino en anticipar qué creían los nazis que iba a ocurrir y manipular ese marco mental. De Wohl trabajó para el Special Operations Executive (SOE) y colaboró en la creación de informes astrológicos falsos que buscaban influir indirectamente en decisiones estratégicas alemanas, sembrar dudas o reforzar percepciones erróneas sobre fechas clave y movimientos aliados. En este sentido, su papel ilustra hasta qué punto la guerra moderna no se libró solo con armas, sino también en el terreno de la creencia, el simbolismo y la psicología.
Aunque su figura fue controvertida —y a menudo ridiculizada tras la guerra—, el caso de Louis de Wohl revela que incluso en el conflicto más tecnificado del siglo XX, los mitos, las supersticiones y las ideas irracionales siguieron siendo un campo de batalla estratégico. La Segunda Guerra Mundial no solo fue una lucha de ejércitos, sino también una guerra por controlar cómo el enemigo entendía el destino.