El vaso estaba sucio, pero me daba igual. Lo llené con el poco whisky que quedaba en la botella. No mucho, pero suficiente. Después, encendí un cigarrillo, las cerillas estaban húmedas, hasta la tercera no conseguí encenderlo. Prendió, el humo disimuló el olor a viejo y grasa de la cocina. Días sin abrir las ventanas. Miré el reloj, ya eran las tres y el teléfono sin sonar. Me daba igual, ya nadie me llamaba. Pensé en salir, pero no tenía donde ir. Ni dinero. Ni ganas. Di otro trago, el hielo se había desecho y el whisky ya solamente era un recuerdo antiguo.
Lo anterior podría ser un ejemplo de un aficionado en un estilo literrio de realismo sucio, al estilo de Raymond Carver, Charles Bukowski o Richard Ford.